EL CAMPANERO A SU COMPADRE

EL PENSADOR MEXICANO[1]

 

 

 

Muy señor mío: he visto algunos de sus papeles de usted, los que a prima facie, como dicen en mi tierra, me entretenían lo bastante, y me quitaban algunos buenos ratos de mis atenciones domésticas, porque también yo pensaba antes lo mismísimo que usted y otros muchos, que no saben dónde les aprieta el zapato. Pero, querido compadre, desde que he pesado en la balanza de la razón y de mi conciencia los fines desastradísimos, y los resultados tan funestos que necesariamente deben seguirse de la ilimitada libertad de la imprenta (contraviniendo usted y otros a lo decretado por las Cortes sobre este artículo),[2] me ha parecido muy conveniente segregarme de mi antiguo sistema, y volver al redil de que me iba (como usted) insensiblemente apartando. Por otra parte, compadre, estoy siempre con un fuerte zumbido en las orejas, que, como a David, me tienen muy inquieto,[3] el cual me retumba en todo mi interior, diciéndome: acuérdate de los días pasados de tu vida, y no olvides los años eternos. Este zumbido, compadre,[4] me hace muchas cosquillitas, pues sabrá usted, compadre, que la eterna verdad dice: qualis vita, finis vita:[5] que quiere decir que si el hombre es malo, perverso, impío o pecador obstinado, morirá en su iniquidad, y bajará a la joya, y a las calderas de Pedro Botero,[6] cargado de los traslados de la Enciclopedia de Voltaire, y de su gran comparsa; y lleno también de un sinfín de enormes y obscenos delitos y crímenes, que por toda la eternidad lo tendrán amarrado a las cadenas de un fuego devorador. Ya se ve, compadre, que usted con otros muchos puede ser que diga: eso es fanatismo, ilusión y preocupación, cuentos de viejas y terrorismos de frailes. ¡Ah, compadre! Quiera Dios que tenga usted presente (con todos nuestros amigos, y compinches[7] que tantos materiales le subministran a usted) las terribles convulsiones de Voltaire cuando, en el lecho de la muerte, sentía ya parte de aquellos eternos suplicios, que la vengadora mano de aquel Dios, a quien tanto ultrajó y persiguió, le hacían sufrir con rabia y desesperación, no menos que con espanto y asombro de sus concolegas. Compadre..., veo también en sus papeles que usted no hace más que reproducir lo que tantas veces ha condenado la sapientísima madre Iglesia,[8] guiada siempre por la divina luz, la que usted, con todas sus sátiras, no podrá jamás llegar a eclipsar en lo más leve. Ea, compadre, quitémonos de una vez la máscara, como ya yo me la he quitado, desde que he leído tantos sarcasmos, tantos dicterios, tantas injurias, tantos baldones, tantas infamias, y tantos crímenes en su Periquillo Sarniento,[9] en su Quijotilla,[10] y en..., etcétera, etcétera, etcétera, etcétera, etcétera, etcétera, contra todo el mundo, sin escaparse de su sangrienta pluma ni aun los ministros del santuario, con sus indirectillas.[11] Pero usted, amado compadre, dirá con los muchos que le rodean, como los otros impíos de la Escritura[12] (no de la escritura de Voltaire, de Diderot, de D’Alembert, y demás jacobinos, que usted no ignora, sino de la sagrada Biblia, en el libro de la Sabiduría, al capítulo 2, verso 12, y más adelante, que si usted entiende el latín, y halla quien le preste la Vulgata, verá allí cómo una turba magna), que seguramente serían filósofos, aunque no de los que llamamos rancios, sino frescos, o del nuevo cuño, que ya usted me entiende, ¡eh!, de libertinos, gritaban desaforadamente diciendo: ¿qué hace este hombre entre nosotros? Perdámosle, pues que no solamente no es inútil, sino también nocivo, como contrario a nuestras operaciones: Circunveniamus Justum, quouniam inutilis est nobis, et contrarius operibus nostris. A todas horas nos echa en cara nuestras faltas, y publica los desórdenes de nuestra conducta. Improperat nobis peccata legis, et diffamat in nos peccata disciplinae nostrae.[13]

Compadre, ¿qué le parece a usted de estos latinajos? Al que le venga el saco que se lo ponga, pues aún siguen más: Gravis est nobis etiam ad videndum, quoniam dissimilis est aliis vita illius,[14] su vista, decían aquellos impíos (como se dice también ya entre nosotros de los señores eclesiásticos seculares y regulares, a quienes venero y respeto, porque son los ungidos del Señor) nos es intolerable, porque su vida es tan opuesta a la nuestra. ¿Pues qué hacemos con él? ¿Qué? Levantémosle calumnias, aprehendámosle, démosle cuantos tormentos sean imaginables, y condenémosle al más infame género de muerte: Contumelia, et tormento interrogemus aum morte turpissima condemnemus eum.[15]

Confíese usted, compadre, de la humana aversión a cierto género de personas, que componen lo más lúcido de la sociedad, y verá usted, al cabo de todo, cómo algún día viene usted a decir también, como otros insensatos: nosotros nos burlábamos de éstos, y su vida la teníamos por locura; pero ciertamente que ellos son los dichosos; vedlos allí, numerados entre los predilectos del Señor, y la suerte que les ha cabido en la bienaventuranza. Quieto, compadre, no hay que rascarse la cabeza, ni refregarse la barba, no sea que haya un transporte a los intermundos, y se arañe usted la cara, y mi señora doña Joaquina[16] vaya a pensar otra cosa.[17]

Vamos adelante, compadre, que también parece que yo me he querido transportar. ¿Quién juzga usted, compadrito, que sería aquel hombre tan perseguido, y tan maltratado? Puede que crea usted que fuese algún homicida, algún rapa bolsas, algún maldiciente, algún libertino, algún blasfemo, algún borrachón, o algún perturbador de la paz pública; pues no, compadre, y llénese usted de asombro y de horror: él era un ejemplo de toda virtud, un justo, absolutamente justo, y reconocido por tal de sus mismos perseguidores: Circunveniamus ergo Justum.[18]

Compadre, son éstas unas campanitas que no dejarán de incomodarlo bastante a menudo. El mismo Sol de justicia se vio expuesto a todos los golpes de la envidia y furor mundano; y por eso a sus seguidores, para que no desmayen en las muchas persecuciones que los mundanos habían de suscitar contra ellos, les decía: Compañeros míos, si el mundo os aborrece, sabed que yo mismo, primero que vosotros fui de él aborrecido: Si mundus vos odit, scitote, quia a me priorem vobis odio habuit.[19] El odio y vilipendio contra los buenos es tal que, como dice san Pablo, son el objeto de las burlas y de los insultos, como si fuesen el desecho y la basura del mundo.[20] Dígame usted, compadre, ¿son malos y despreciables los cristianos? ¿Malos y despreciables los apóstoles? ¿Todo el cristianismo y su divino Autor? Dígalo usted, compadre, aunque esté de mal talante, dígalo su inteligencia y rectitud, si puede ser buen argumento la ignorancia contra la sabiduría, el vicio contra la virtud, la impiedad contra la religión. Ya usted sabe, compadre, o a lo menos se lo dictará la recta razón, que no es buen argumento contra cualquiera cosa, o persona, la multitud, el enardecimiento, o la fuerza de los contrarios, sino más bien la cualidad de ellos; pues los hombres comúnmente toman la norma de sus juicios y sentimientos, de sus ideas, máximas y caprichos. Pregunto, compadre, ¿qué tal son esos sujetos que tanto declaman en el día contra los pobres frailes, contra los clérigos y contra los obispos? Prescinda usted que esos tales sean de España, de Francia, de América, de Alemania, de Baviera o de Tetuán, ¿qué tal son? ¿Son buenos o son malos? Cada uno ama y estima por una inclinación innata [a] sus semejantes, aborrece y desprecia los desemejantes: cada uno ama y estima las cosas en que tiene puesto su corazón; aborrece y las desprecia las que son ajenas; y, según el afecto, así son sus obras o palabras. Ya ha visto usted, compadre, lo que le he dicho de los malvados perseguidores del Justo, los cuales por la desemejanza de la vida, no podían sufrir aun su vista: Gravis est nobis etiam ad videndum. Así instruye el primer móvil de los hombres, que es el amor propio; y Caín dio el primer ejemplo matando a su hermano Abel, cabalmente porque las obras de éste eran justas, y malas las de aquél. Así es, dice la infalible Verdad: el hombre bueno del buen tesoro de su corazón produce cosas buenas; pero el hombre malo, del mal tesoro produce cosas malas, porque de la abundancia del corazón nacen así las obras, como las palabras. Ex abundantia cordis os loquitur.[21] Oiga usted, compadrito, otro campanillazo más fuerte, y tápese bien los oídos, aunque sea con un pedazo de cera de Campeche,[22] para que no le retumbe tanto en su mollera: Quomodo potestis bona loqui, cum sitis mali? ¿Cómo podéis vosotros hablar bien, sea de las personas, o de otra cualquiera cosa, siendo vosotros malos? Esto decía el Salvador del mundo a los fariseos,[23] y se lo dice también a los que son como ellos.

Compadre, puede ser que usted no ignore que uno de nuestros falsos filósofos dice que los antiguos filósofos, tanto impugnadores de la verdad como los que la defendían, vivían en los tiempos de la ignorancia, de la superstición y del fanatismo. Lo cierto es que ni los unos ni los otros eran filósofos, dice él mismo; filósofos a lo menos de un rango que pueda competir con los de nuestros tiempos. ¡Oh tiempo, exclamo yo, feliz sobre todos los tiempos pasados! Bien conocido es el atrevimiento de cierto moderno, quien no perdona a la más docta, santa y sabia antigüedad; y que semejante al judío, que describe el Apóstol a los romanos, capítulo 2, versículo 19, se atreve a ser el conductor de los ciegos, la luz de los que están en las tinieblas, maestro de los débiles e ignorantes...[24] Pero, compadre, quisiera yo que usted me dijera ¿quiénes son ésos que tanto declaman contra los cenobitas?[25] (término que ni usted ni ellos saben de dónde trae su origen), ¿son por ventura los más piadosos y humanos, los más virtuosos, las más grandes lumbreras de la Iglesia y del Estado? Si así fuesen, yo a la verdad estaba pronto a creer que alguna preocupación hubiese en otro tiempo ofuscado los entendimientos, y que la experiencia había descubierto lo que antes estaba oculto. Pero, compadrito, los que tanto cacarean[26] la humanidad, los derechos del hombre, la razón, la filosofía, ¿son por ventura tales? ¿Se hallan adornados de aquellas bellas cualidades, que tanto más se acarrean la benevolencia de sus semejantes? ¿Cuánta más virtud, cuánta más humanidad y sensibilidad, luces y talento, se advierte en los hombres de bien? No examinemos sus costumbres, compadre, porque el cinismo..., pues que no dan mucho honor a su filosofía. Atengámonos solamente a sus discursos; y en éstos, ¿son ellos corderos con la propia piel, o lobos bajo la piel de corderos? ¿Son cuervos prietos que se introducen en el palomar, o cuervos que se adornan con las plumas de la sencilla paloma? ¡Ah, compadre, cuánto siento no entender un libro que tiene mi hijo, el Colegial,[27] en donde he leído Malus pegor pessimus,[28] que le aseguro a usted compadre le había de echar a usted más latinajos, que pelos tiene en la pelambrera. Pero aguárdese usted compadre un poco, que parece se me vienen otros ensartados, como ristras de ajos, y confieso, pecador de mí, que no puedo menos que plantificárselos a usted. Execavit enim illos malitia eorum.[29] Su orgullo, su soberbia, su pasión y su malicia, obscurece su misma razón, origen, causa y fundamento, para que los impíos quieran con su ciencia, puramente mundana, disminuir la ciencia de las cosas divinas. Compadre... ¿cómo podrá ser que el hombre que está imbuido en las cosas del mundo, cuyo espíritu todo es ilusión y mentira, pueda recibir bien el espíritu de Dios, que es espíritu de verdad? Spiritum veritatis, quem mundus non potest accipere.[30] Supongamos, compadre, que uno tenga un gran talento, que sea de un ingenio sublime; pero este tal es un hombre animal, que no sabe sentir ni entender las cosas que son del espíritu de Dios, así lo dice san Pablo: animalis homo non percipit ea, quae sunt spiritus Dei.[31] Para él es necedad la sabiduría divina: Stultitia enim est illi,[32] así como para Dios es necedad la sabiduría mundana: Sapientia enim hujus mundi stultitia est.[33] Y en efecto, ¿qué mayor necedad y locura que la del hombre mundano, el cual se promete a sí y al mundo la mayor felicidad sin cuidar ni pensar en las cosas de Dios? Ya usted ve, compadre, cómo van saliendo los latinajos: el primero, de un hombre virgen muy lindo y muy hermoso, los siguientes de un joven gallardo, que en algún tiempo también fue filósofo, como los que en el día sin serlo se apropian este nombre tan retumbante. Pues ahora, compadre, óigame usted otro latinajo de un comerciante, que lo habrá usted oído mil veces en las iglesias: Quid prodest enim homini, si mundum universum lucretur, animae vero suae detrimentum patiatur?[34] ¿Y de qué le servirá al hombre ganar el mundo todo, con pérdida de la propia alma, y de su último fin, a donde debe dirigir todas sus acciones?

Compadre, éstas son voces no sólo de la razón divina, sino también de la humana, y cualquiera sociedad que pensase de otra suerte, y fuese gobernada por otras máximas, sería una sociedad la más desconcertada e imprudente, como en otro tiempo lo fue la de los carnales hebreos, toda dada a la felicidad carnal. Gens absque consilio, et sine prudentia.[35] Compadrito, este latinito es de un gran capitán, que supo llevar sus batallones a la victoria. Vaya otro por último del mismo caudillo: Utinam saperent, et intelligerent, ac novissima providerent![36] ¿Y qué otra cosa hacen, compadre, esos hombres dedicados al culto, y servicio de los altares (contra quienes tanto se declama reproduciendo los dicterios de los tiempos más remotos, como usted lo puede ver en la Historia del famoso Fleuri,[37] y condenados y rebatidos ya cien veces), qué hacen más que limitar los votos y preces de Vice-Dios de Israel, para que los extraviados vuelvan en sí, entiendan su verdadero bien, y consideren su último fin?[38] Hay malos eclesiásticos, dicen algunos, es verdad, digo yo, ¿y quién es perfecto en todo? ¿Quién nos ha constituido, a los legos, jueces y atalayas de los que nos reparten el pan de la vida eterna? Si un eclesiástico es malo, lo será para sí,[39] procurará ocultar sus miserias, se abochornará delante de los hombres de haberlas cometido, pero éste es útil, provechoso y necesario para otros, aunque sea perverso, como no haya dejado la fe, como Briene, arzobispo de París.[40]

Compadre, usted dirá, qué diablos tiene mi compadre el Campanero que, sin haberle visto frecuentar las aulas, nos ensarta ahí una porción de cosas que ni yo sé cómo responderle. Es verdad, compadre, porque yo le toco a usted unas campanas de oro purísimo e incorruptible, que por todo el mundo se oye su dulce sonido: él no tiene mezcla alguna de hierro mohoso de Francia, de la Colonia de Ferney,[41] de Baviera, de Alemania, de Prusia, de ninguna otra parte, que ya usted me comprende, ¿eh? A Dios, compadre, hasta otra ocasión, que me voy a tocar a vísperas.


F. D. G.[42]

 


[1] México: En la Imprenta de don Alejandro Valdés, 1820, 8 pp. Fernández de Lizardi responde a este folleto con Repique brusco al Campanero. Cf. Obras X-Folletos, pp. 303-312.

[2] libertad de imprenta. Cf. nota 7 a El Irónico Hablador..., en este volumen.

[3] Al respecto solamente hemos encontrado la siguiente alusión en la Biblia: “Y vino Jehová, y paróse, y llamó como las otras veces: ¡Samuel, Samuel! Entonces Samuel dijo: Habla, que tu siervo oye. Y Jehová dijo a Samuel: He aquí haré yo una cosa en Israel, que a quien la oyere, le retiñirán ambos oídos.” 1S. 3, 10-11.

[4] En el folleto Repique brusco al Campanero Fernández de Lizardi emplea numerosas veces esta palabra para dirigirse al autor de este folleto, en principio lo llama “Compadre compañero”, y lo despide con un “compadrito”. Y sigue: “Compadre compañero [...] creo que usted, compadre, es algún pobre fraile de algún convento, tan último como campanero, y tan pedante como fray Gerundio. Del oficio no tenemos duda porque usted mismo lo publica, y de lo fraile y Gerundio creo que tampoco, según se puede inferir por sus iniciales”. Cf. Obras X-Folletos, p. 304.

[5] Qualis vita, finis vita. Cual fue la vida será la muerte. El soneto que, a manera de epitafio, concluye la obra Vida y hechos del famoso caballero don Catrín de la Fachenda de Fernández de Lizardi incluye esta idea: “Aquí yace el mejor de los catrines,/ el noble y esforzado caballero,/ el que buscaba honores y dinero/ en los cafés tabernas y festines./ Jamás sus pensamientos fueron ruines,/ ni quiso trabajar ni ser portero;/ mas fue vago, ladrón y limosnero./ ¡Bellos principios! ¡Excelentes fines!/ Esta vez nos la echó sin despedida,/ dejándonos dudosos de su suerte;/ Él mismo se mató fue su homicida/ con su mal proceder... Lector, advierte:/ que el como catrín pasa la vida,/ también como catrín tiene la muerte”. Cf. Obras VII-Novelas, p. 619.

[6] calderas de Pedro Botero. “Se llama vulgar y jocosamente al infierno. Covarr. le llama Pedro Botello, y sospecha debió de ser algún tintorero, que hizo alguna caldera grande más de lo regular. [...] Quev. Entrem. Soltaronse en la caldera de Pedro Botero un soplón, una Dueña y un entremetido, chilindrón legítimo del embuste.” Dic. autoridades.

[7] compinche. Amigo, camarada. Amigote, compañero de diversiones o de tratos irregulares.

[8] Fernández de Lizardi contesta a El Campanero: “[...] no ha tocado las campanas para publicarme ignorante sino para desacreditarme de católico y religioso [... el repique] no sólo se ha oído en su convento sino en todas partes; y como muchos oyen sonar campanas y no saben por qué las tocas ni quién [...] ya me andan muchos royendo los zancajos apellidándome hereje a boca llena”. Cf. Obras X-Folletos , p. 303.

[9] Periquillo Sarniento. Cf. nota 18 a El gran hospital de Cayo-Puto..., en este volumen.

[10] Quijotilla. Cf. nota 20 a El gran hospital de Cayo-Puto..., en este volumen.

[11] Fernández de Lizardi en Repique brusco al Campanero responde : “Aquí, compadre, confiéselo usted de buena fe, se le exaltó la bilis, se le enmarañaron los lazos y a rebato a ciegas sin son ni ton, atropellando con las reglas de crítica a dos manos, y yo me quedé aturdido al leer tantos, tantos, que me atarantaron”. Después de incitarlo a que lo señale añade que: “excepto nueve pliegos que escribió durante la libertad de imprenta cuanto a escrito ha sido censurado por el ordinario y el gobierno. Los censores del gobierno antiguo jamás lo elogiaron, no así los del ordinario”. Cita a Sartorio, a Dorrego y a Mercadillo. “[...] ¿cuáles son las indirectillas con que he zaherido a los eclesiásticos seculares y regulares? ¿Y de qué infiere que yo tenga aversión a semejante digno y venerable estado? ¿Si será porque el año de 1813, habiendo publicado el virrey Venegas el famoso bando de 25 de junio, en que facultó a todo comandante militar para que pasase por las armas a cualquier sacerdote que se encontrase entre los insurgentes, aunque fuese en clase de capellán y sin necesidad de degradación ni otro paso canónico, si será repito, la prueba de mi aversión al estado, porque en tan terribles circunstancias, en medio de las fuertes convulsiones civiles y del espionaje más cruel, defendí, cara a cara y con la vehemencia que me dictó mi corazón y mis escasas luces, la inmunidad eclesiástica, suplicándole al virrey la revocación del malicioso bando”. Cf. Obras X-Folletos, pp. 307-308.

[12] Fernández de Lizardi en Repique brusco al Campanero, después de citar el Eclesiastés y el Evangelio según San Juan escribe: “¿Ve usted, compadre, como también yo sé citar textos, y no de la escritura de Voltaire, de Diderot y de otros luteranos, calvinistas, etcétera, a quines usted confunde con los jacobinos siendo de sectas diferentes entre sí, sino de la escritura divina, cuyas irrefragables verdades usted no podrá ofuscar con todas sus hopalandas y cogulla?” [“Hopalanda, en su principio fue una capa de pastor, hecha de pieles, luego se sirvieron de la misma los caminantes (...) esta capa estaba abierta y con botonadura por los lados; después para los caminos le bordaban las costuras; y llegaba hasta los pies por delante, y por detrás: también se tomó por un manto de mujer con su cola, y cuello ancho, etcétera y por una casaca con mangas cortas: hoy en castellano dicen por lo común sopalanda, y se toma por unos hábitos rotos, mal parados como los de un Estudiante pobre, ó tunante; y por burla se dice de cualquier vestido talar. Procede de Opalanda, opa, cola y landa, exterior”. Esteban de Terreros y Pando, Diccionario castellano con las voces de Ciencias y Artes sus correspondientes de lastres, lenguas francesas, latina e italiana. Madrid, Imprenta de la viuda de Ibarra, Hijos y Compañía, 1787, t. II, p. 305. “Cogulla. En rigor, es tanto como capucha, se puede decir del hábito religioso o de cualquier vestido, siempre que tenga capucha.”] Cf. Obras X-Folletos, p. 305.

[13] Circunveniamus justum, quouiam inutilis est nobis, et contrarius operibus nostris. Improperat nobis peccata legis, et diffamat in nos peccata disciplinae nostrae por Circunveniamus ergo justum, quoniam inutilis est nobis, et contrarius est operibus nostris. Et improperat nobis peccata legis, et diffamat in nos peccata disciplinae nostrae. “Armemos, pues, lazos al gusto, visto que no es de provecho para nosotros, y que es contrario a nuestras obras, y nos echa en cara los pecados contra la ley; y nos desacredita divulgando nuestra depravada conducta”. Sb. 2, 12.

[14] Gravis est nobis etiam ad videndum, quoniam disimilis est aliis vita illius por Gravis est nobis etiam ad videndum, quoniam dissimilis est aliis vita illius. “No podemos ni aun sufrir su vista; porque no se asemeja su vida a la de los otros” Sb. 2, 15.

[15] Contumelia, et tormento interrogemus aum morte turpissima condemnemus eum por Contumelia et tormento interrogemus eum, ut sciamus reverentiam eius, et probemus patientia illius. Morte turpissima condemnemus eum. “Examinémosle a fuerza de afrentas y tormentos, para conocer su resignación y probar su paciencia. Condenémoslo a la más infame muerte”. Sb. 2, 19-20.

[16] Fernández de Lizardi responde: “[...] me ha buscado un loro del demonio con mi mujer que es moza y celosa [como] se llama Dolores, [...] dice que quién es esa Joaquina que usted cita.” Cf. Obras X-Folletos, p. 309.

[17] Fernández de Lizardi responde: “¿Me conoce usted? ¿Me ha tratado de cerca? ¿Está bien impuesto de mi vida y costumbres? ¿ Ha oído decir de mí algunos crímenes y delitos públicos de aquellos que degradan al hombre y lo hacen odioso en la misma sociedad en que viven? [...] Si lo[s] sabe publíquelos con mi permiso, y si no a qué viene dirigir ese sermón en lo particular. Pues, ¿con qué certidumbre?, ¿con qué cara me levanta tantos falsos testimonios? [...] ¿No ve usted que esto es malquistar mi nombre de fiel católico cristiana en la opinión pública y vulgar, tratándome no menos que de hereje, lo que no consentiré de ningún modo”. Ibidem, pp. 304-305.

[18] Cercunveniamus ergo justum. Cf. nota 13 en este folleto.

[19] Si mundus vos odit, scitote, quia a me priorem vobis odio habuit por Si mundus vos odit, scitote, quia me priorem vobis odio habuit. Si el mundo os aborrece, sabed, que primero que a vosotros, me aborreció a mí. Jn. 15, 18.

[20] “Y nos afanamos trabajando con nuestras propias manos; nos maldicen y bendecimos; padecemos persecución, y la sufrimos con paciencia; nos ultrajan, y retornamos súplicas; somos en fin, tratados hasta el presente como la basura del mundo, como la escoria de todos.” 1Co., 4, 12-13.

[21] Ex abundantia cordis os loquitur. De la abundancia del corazón habla la boca.

[22] cera de Campeche. “Cera algo blanca, amarillenta, producto de una abeja indígena, principalmente en Campeche, y que tiene algunos usos medicinales.” Santamaría, Dic. mej.

[23] Quomodo potestis bona loqui, cum sitis mali. El pasaje completo es el siguiente: “Si plantáis un árbol bueno, su fruto será bueno; pero si plantáis un árbol malo, su fruto será malo, porque el árbol por los frutos se conoce. ¡Raza de víboras! ¿Cómo podéis vosotros decir cosas buenas siendo malos? Porque de la abundancia del corazón habla la boca”. Mt. 12, 33-34.

[24] San Pablo en su primera Carta a los Romanos dice: “Y confías que eres guía de los ciegos, luz de los que están en tinieblas” Ro. 2, 19. Más adelante señala: “Enseñador de los que no saben, maestro de niños, que tienes la forma de la ciencia y de la verdad en la ley: Tú pues, que enseñas a otro, ¿no te enseñas a ti mismo? ¿Tú, que predicas que no se ha de hurtar, hurtas?” Ro. 2, 20-21.

[25] cenobitas. Cf. nota 4 a Un bofetón sin mano..., en este volumen.

[26] cacarean. Cacarear: ponderar, exagerar con exceso las cosa propias. “Metaphoricamente se dice de lo que se habla inútilmente y con jactáncia”. Dic. autoridades, edición facsímil, tomo primero. Madrid, Edith. Gredos, [1964], p. 36. “El sonido que hace la gállina cuando cacaréa”. Dic. autoridades.

[27] El Colegial. Cf. nota 12 a El Colegial a El Pensador..., en este volumen.

[28] Malus pegor pessimus. Desde lo malo, a lo peor y lo pésimo.

[29] Execavit enim illos malitia et orum por Excaecavit enim illos malitia eorum. “Desatinaron cegados por la malicia.” Sb. 2, 21.

[30] Spiritum veritates, quem mundus non potest accipere. “El espíritu de la verdad que el mundo no puede aceptar.” Jn. 14,17.

[31] animalis homo non percipit ea, quae sunt spiritus Dei. El versículo completo aludido es: Animalis autem homo non percipit ea quae sunt Spiritus Dei: stultitia enim est illi, et non potest intelligere: quia spiritualiter examinatur. “Mas el hombre animal no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, pues para él todas son una necedad, y no puede entenderlas, puesto que se han de discernir con una luz espiritual que no tiene”. 1Co. 2, 14.

[32] Stultitia enim est illi. Cf. nota anterior.

[33] Sapientia enim hujus mundi stultia est, el versículo completo es Sapientia enim huius mundi stultitia est apud Deum. “En consecuencia la sabiduría de este mundo es necedad delante de Dios.” 1Co. 3, 19.

[34] Quid prodest enim homini, si mundum universum lucretur, animae vero suae detrimentum patiatur? por Quid enim prodest homini, si mundum universum lucretur, animae vero suae detrimentum patiatur. “¿De qué, pues, sirve al hombre si gana todo el mundo; pero sufre pérdida de su alma?” Mt. 16, 26.

[35] Gens absque consilio, et sine prudentia. “Gente irrazonable e imprudente.” Dt. 32, 28.

[36] Utinam saperent, et intelligerent, ac novissima providerent! “¡Ojalá supieran y entendieran y al mismo tiempo previeran sus novísimos!” Dt. 32, 29.

[37] Andrés Hércules de Fleury (1653-1743). Abate francés. Abogado del Parlamento; preceptor de los hijos del príncipe de Condé y del hijo natural de Luis XV, el conde de Vermandois. Sus obras son: Tratado de la elección y método de los estudios (1686); su Historia eclesiástica es notable por el estilo y abundante erudición; obra que mereció las alabanzas de Voltaire. Cardenal y estadista, ministro de Luis XV.

[38] Fernández de Lizardi en Repique brusco al Campanero responde: “No entiendo, a la verdad, la gerundiada [expresión hinchada y ridícula], no sé cuáles son los votos que hace el papa para que los pecadores se conviertan, ni menos sé cómo sea un medio oportuno para este fin eliminar las preces del vicario de Cristo, no de qué modo puede verificarse esta limitación. Si yo fuera malicioso aquí volvía a usted hereje ...” Cf. Obras X-Folletos, p. 309.

[39] Fernández de Lizardi responde: “Y ¿qué no mete usted en cuenta el mal ejemplo que da un eclesiástico escandaloso al pueblo? Pues vea cómo no sólo será malo para sí, sino para cuantos escandaliza.” Idem.

[40] Briene era una familia condal francesa que se hacía remontar hasta Engelberto, que vivió hacia el año 990. Hubo un Étienne Charles Lómenie de Brienne (1727-1794), obispo de Condom, arzobispo de Toulusse y cardenal que nació en París. Fernández de Lizardi en Repique brusco al Campanero responde: “Esta proposición incluye dos equivocaciones garrafales: Primera: creer que todo eclesiástico aunque sea perverso pueda ser útil, provechoso y necesario para otros. El hombre perverso por contingencia es útil a otros [...] perversos y jamás necesario, sino a otro perverso [...]. Así el eclesiástico perverso será necesario a otro pícaro para ayudarlo a sus maquinaciones criminales.” Cf. Obras X-Folletos, p. 310.

[41] Colonia de Ferney. Ciudad francesa que limita con Suiza e Italia, localizada en la región de Rhône-Alpes. Desde 1758 Volatire vivió en esta villa y publicó Cándido o el optimismo y Tratado sobre la tolerancia. El castillo en Ferney, donde vivió este filósofo, hoy es un centro cultural en el que se acoge a los escritores perseguidos por sus ideas y forma parte de la red de ciudades refugio del Parlamento Internacional de Escritores.

[42] F. D. G. Iniciales correspondientes a Fernando Demetrio González.