Vea vuestra merced también la fábula tercera del repetido Iriarte, El oso, la mona y el cerdo,[1] y lea allí lo que falta a las dos estrofas siguientes, que, por vía de amistad, le aconsejo copie de letras gordas, y las traiga constantemente en su bolsillo:

 

Cuando me desaprobaba
la mona llegué a dudar:
mas ya que el cerdo me alaba
muy mal debo de bailar.
Guarde para su regalo
esta sentencia un autor:
si el sabio no aprueba, malo:
si el necio aplaude, peor.

 

            Volvamos a La verdad pelada: después de la primera letrilla, en la página 5, sigue una multitud de desatinos y odiosas vulgaridades, tan bien glosados como la letrilla, sin orden ni conexión unos con otros. Entre ellos se halla la siguiente copla:

 

Mas: no debe sorprender,
si este mi señor se trata
tan bien, porque su mujer
es chula como una plata,
¿y él no la podrá vender,
y comprar, porque algo ataje,
un plumaje?[2]

 

            ¡Oh, entendimiento profundo!, ¡oh, poeta impenetrable y misterioso, digno del siglo y del estilo del negro Góngora![3] No me dirá vuestra merced, siquiera por amor de la claridad,[4] ¿qué quiere dar a entender en sus encapotados dos últimos versos de la estrofa citada?[5] ¡Así Apolo derrame sobre vuestra merced sus ardorosos rayos, aunque le consuman!

            En el papel Bueno es hacerse,[6] etcétera, página 7, estrofa 3:

 

Maridos:
por fin están mantenidos
si acaso ellas son bonitas,
jamás les faltan visitas,
tertulias, ni diversiones:
si no hubiera cangilones,
no era esta fortuna poca:
punto en boca.[7]

 

            ¿Qué quiere decir, oscurísimo coplista, cangilones? Por más vueltas que le he dado a la tal palabra en mi diccionario castellano, sólo encuentro que vuestra merced sin duda fue el poeta, que su favorito y maestro Quevedo (a quien deshonra vuestra merced con querer imitar) puso en Las zahúrdas de Plutó[n][8] (¿por qué se vino vuestra merced de allá?) y en su boca:

 

¡Oh ley del consonante dura y recia!
.......................................................
Que porque en una octava dije escudos,
hice, sin más ni más, siete maridos,
con honradas mujeres, ser cornudos.[9]

 

            En el diálogo primero, de La furiosa y la pelona,[10] página quinta, dice vuestra merced:

 

Que los hombres se peleen, no es notable,
que nunca el pelo como adorno han visto.[11]

 

¿Conque nunca?,[12] ¡anticuario miserable!, ¿no ha ido vuestra merced alguna vez a Palacio[13] y la Diputación,[14] y entrando en la sala que está destinada a los retratos de los excelentísimos señores virreyes que han gobernado en lo antiguo la Nueva España, no los ha visto adornados con sendos rizos, ya propios, ya artificiales?, ¿no se acuerda vuestra merced, si alguna vez se llegó a la Universidad[15] (que sí sería entre las comunidades de los hombres de Platón,b que están continuamente al frente de ella), no se acuerda, repito, de haber visto a los bedeles con aquellas sus pelucas de pita,[16] llenas de rizos, en conversación con los hombros y el cogote? Yo creo ser más mozo que vuestra merced, y me acuerdo perfectamente que, a mis concursantes y a mí, nos causaba mucha risa semejante ridiculez. Mas si nada de esto hubiere vuestra merced visto, abra el tomo quinto del Parnaso español, página 199,[17] y allí verá el retrato de un conde don Bernardino de Rebolledo encasquillado en bucles.[18]

            También es regla bien conocida de la poética no multiplicar sin necesidad en un mismo poema los consonantes o asonantes, y más cuando éstos son abundantes,[19] y aquél corto. Este defecto se nota casi en todas las poesías de vuestra merced como en El testamento del gato,[20] siendo tan fácil el asonante en io, en que está dispuesto. Es también otra falta (aunque cometida por célebres autores, pero pocos) acabar el verso en agudo (me entiende vuestra merced), lo que sólo es sufrible usado propiamente, y es muy hermoso en los versos de ocho y siete sílabas: con todo, vuestra merced lo usa con frecuencia en todo género de metros.

            En el citado Testamento trae vuestra merced con harta impertinencia, autoridad del célebre naturalista Bufon,[21] en apoyo de que en las propiedades del gato hay mucha semejanza con los vicios del hombre en sociedad, cosa que no necesita más garante que la experiencia. Fuera muy a propósito, y a la verdad necesarísimo, darnos texto, que nos probase que un gato, después de estar repleto de jamones, chorizos y queso, tenía aún disposición y estómago para asaltar una olla de conserva de membrillos, cuando el uso nos enseña que este delicado animal, ni aun acosado por la hambre come dulce,[22] y mucho menos de ácido membrillo. Pero, tata,[23] membrillo es asonante en io, y esto bastó a vuestra merced para tomarse la libertad de ir contra la naturaleza. ¡Ingenio ratero y arrastrado!

 

Concluirá mañana

 

Concluye la carta comenzada antes de ayer[24]

 

Por hablar el papel de vuestra merced La muralla de México[25] de un asunto tan divino, como indecorosamente tratado,[26] siendo su principal objeto la visible protección de nuestra dulce madre María santísima de los Remedios hacia los americanos,[27] no haré sobre él más reflexión que aconsejarle lea con más cuidado, que el que seguramente tuvo cuando le dio a la estampa, las páginas 4 y 5, y bórrelas si puede.[28]

            Ya me he extendido demasiado, y más de lo que me propuse, aunque no tanto como merecía quien desvergonzadamente me provoca a individualizar los defectos de sus obras; pero estoy ya cansado de tan despreciable asunto, y ocupaciones más interesantes llaman mi atención imperiosamente.[29]

            Hablaré, pues, en general de todos sus papeluchos, asegurando a vuestra merced y al público, que sin exceptuar uno, están todos llenos de expresiones bajas e indecentes, que excuso especificar, en obsequio de la brevedad,[30] y por notorias. Sépase vuestra merced, alma cándida y mezquina, que los más nobles pensamientos, y los versos más bien limados, no pueden agradar al entendimiento, cuando hieren el oído.[31]

 

Le vers le mieux rempli la plus noble pensée,
ne peut plaire a Pesprit
[sic- l’esprit], quand l’oreille est bleste.[32]

 

Boileau, Chant premier.

 

 

y más adelante, en el mismo canto:

 

Sans la langue, en un mot, l’auteur le plus divin,
est toujours, quoi qu’il faste, un mechant ecrivain
.[33]

 

            En el primero de mis papeles publicados en el periódico, creo haber dicho que vuestra merced tenía pensamientos felices, aunque ciertamente muy comunes;[34] cuya noble e ingenua confesión, que hice entonces, y ahora repito, deberá persuadir a vuestra merced que, en ninguna manera, me dirijo a su persona; y si tanto allí como aquí mi pluma, guiada por el fuego de la crítica, ha vertido proposiciones que lo parezcan, protesto a vuestra merced que sólo deben tomarse como dirigidas a un mal poeta. Pero como siempre yerra vuestra merced, por buenas que sean sus ideas, en el modo de decirlas, y en el estilo, permítame concluir mi carta, diciendo con Horacio:

 

Sic mihi qui multum cessat [...],
quem bis terque bonum cum risu miror; etcétera idem
indignor
[...][35]

 

Arte poética, versículos 357, 58 y 59.[36]

           

Está bien claro el latín, y vuestra merced parece entenderlo: a lo menos lo cita con frecuencia en sus obras.[37]

            Viva vuestra merced feliz: componga mejores versos, y tendrá un eterno admirador, en su atento seguro servidor y amigo que su mano besa.[38]

 

J[uan] M[aría] L[acunza][39]

 

P. D. Apuntaré solamente, que en mi diccionario castellano no he encontrado las voces ataimado, rotado y cochitegervise...[40] ¿Los impresores no es verdad?... Sí, digo yo que los impresores malos son el mismísimo... Advertiré a vuestra merced también que no permitiéndome, como dije en mi principal, otras más serias ocupaciones entretenerme en impugnar los mamarrachos con que vuestra merced, a pesar del buen nombre de su país, tiene la bondad de regalarnos cada día, y que ya honro[41]bastante con mi anterior superficial censura, le estimaré no conteste, caso que tenga qué, seguro de que si lo hace, o miraré con el debido despreciante silencio su respuesta, o encargaré a algún amigo, menos ocupado que yo, le conteste, suplicándole, al mismo tiempo, no

 
 


[1] Es la fábula CLXXI El oso, la mona y el cerdo: Un Oso con que la vida/ Ganaba un piamontés,/ La no muy bien aprendida/ Danza ensayaba en dos piés./ Queriendo hacer de persona,/ Dijo á una Mona: ¿Qué tal?/ Era perita la Mona,/ Y respondióle: Muy mal./ Yo creo, replicó el Oso,/ Que me haces poco favor/ ¿Pues qué, mi aire no es garboso?/ ¿No hago el paso con primor?/ Estaba el Cerdo presente/ Y dijo: Bravo! bien va!/ Bailarín más excelente/ No se ha visto, ni verá./ Echó el Oso, al oír esto,/ Sus cuentas allá entre sí,/ Y con ademán modesto/ Hubo de exclamar así:/ Cuando me desaprobaba/ La Mona, llegué a dudar,/ Mas ya que el Cerdo me alaba,/ Muy mal debo de bailar./ Guarde para su regalo/ Esta sentencia un autor:/ si el sabio no aprueba, malo!/ Si el necio aplaude, peor!” Cf. Fábulas completas de Samaniego e Iriarte..., pp. 315-316.

[2] La verdad pelada. Cf. Obras I-Poesías y fábulas, p. 125.

[3] Alusión al estilo “oscuro” del célebre escritor Luis de Góngora y Argote.

[4] “caridad”, en el original.

[5] Responde Fernández de Lizardi: “Dios libre a usted de saberlo si es casado, pero tenga usted la satisfacción de que sólo usted ignora el sentido de la frasecilla [...] algo ataje, refrancillo vulgar de nuestros días”. Cf. Quien llama al toro sufra la cornada..., Obras X-Folletos, p. 37.

[6] Cf. nota 11 a Aplaudo el mérito..., en este volumen.

[7] Corresponde a la estrofa 14 de Bueno es hacerse el tupé, pero no pelarse tanto, Cf. nota 11 a Aplaudo el mérito..., en este volumen.

[8] Las zahúrdas de Plutón. Relato alegórico inspirado por Luciano de Samosata. Al respecto Fernández de Lizardi responde: “¿Conque en su diccionario de usted, después de haber andado a las vueltas sobre la palabra cangilones, sólo halló que era yo el poeta que puso Quevedo en Las zahúrdas de Plutón? ¡Qué mezquino y qué grosero es su diccionario de usted! El que yo he visto, que es el de la Academia española, dice que cangilones son unos vasos para medir vino y otros licores; ¿y usted ha visto de qué son fuera de México las medidas del pulque y vino mezcal? Pues son de cuerno, tatita, y por eso aquí se les dice cangilones a los cuernos: bien que no todo cuerno es cangilón; aunque los más cangilones sean de cuerno; pero con ese argumento al público, todos, todos, todos saben qué quiere decir cangilones en mi versito, menos usted. Esto es defecto suyo, no mío; dígale usted al hombre que se le antoje: ‘¿quiere usted que una mujer le ponga cangilones?’... A ver qué le responde.” Cf. Quien llama al toro sufra la cornada..., Obras X-Folletos,  pp. 37-38.

[9] A esto Fernández de Lizardi responde: “Muy fuera de propósito cita usted los versitos de Quevedo: éste lo que impugna es la impropiedad de la palabra traída, como dicen, de los cabellos, sólo por el consonante (yo también ridiculizo lo mismo en mi El crítico y el poeta [Cf. nota 5 a Aplaudo el mérito..., en este volumen], léalo usted sin enojo), y por eso comienza: Dije que una señora era absoluta,/ y siendo más honrada que Lucrecia,/ por dar fin al cuarteto la hice p...” Ibidem,  p. 38. Quevedo termina el verso y pone la palabra “puta” con todas sus letras. Francisco de Quevedo, Las zahúrdas de Plutón, en Los sueños.

[10] La furiosa y la pelona. En un manuscrito autógrafo de Fernández de Lizardi, hallado por Nancy Vogeley de la Universidad de San Francisco, en la biblioteca Bancroft de la Universidad de California, Berkeley (Colección de manuscritos, M-M125), se encuentra esta pieza “Diálogo primero. La furiosa y la pelona.” Mencionado como parte de los Diálogos críticos sobre diversos asuntos por Luis González Obregón en su obra Novelistas mexicanos (José Joaquín Fernández de Lizardi, El Pensador Mexicano), p. 104. Cf. Nancy Vogeley, Un manuscrito inédito de poesías de José Joaquín Fernández de Lizardi. Estudio de la literatura en manuscrito en el México de la Independencia. Investigación, edición, notas y estudio introductorio de ...

[11] En el diálogo dos hermanas discuten sobre la moda de cortarse el cabello —pelona— y de ponerse llamativos postizos —furiosa—, la Pelona defiende su corte comparándolo con la costumbre varonil de usar corto el cabello, a lo que responde su hermana, la Furiosa que: “en la comparación [entre hombres y mujeres] hay este vicio:/ que los hombres se pelen no es notable,/ que nunca el pelo como adorno han visto,/ y antes siendo superfluo en muchos de ellos/ les suele ser estorbo; y aún martirio/ [...]/ y díganlo por fin todos aquellos/ que hayan más tiempo cuantos menos rizos.” Vogeley, op. cit., p. 6..

[12] Fernández de Lizardi responde: “¿No sabe usted qué es hipérbole? ¿Conque aquel nunca lo ha de entender usted literal, y el trompeta de las Quejas de las mujeres, irónico? ¡Qué bueno! Respective  a las mujeres, y generaliter loquendo, repito, que los hombres, todos los hombres del mundo, esto es generalmente, nunca han visto como adorno el pelo así como las mujeres que lo han estimado como una parte necesarísima a la belleza.” Cf. Quien llama al toro sufra la cornada..., Obras X-Folletos,  p. 38.

[13] Palacio. En la Plaza Mayor, “lo que en los tiempos de la Conquista se llamó la Casa Nueva de Moctezuma, ocupaba todo el espacio que hoy comprende el Palacio Nacional, la Antigua Universidad [...] y la Plaza del Volador. Todo ese terreno fue cedido por Carlos V a Cortés por Cédula fechada en Barcelona a 27 de julio de 1529, en la que se dice lindaba al frente con la Plaza Mayor y calle de Iztapalapa [luego Flamencos y actualmente uno de los tramos de José María Pino Suárez]; al Sur con la de Pedro González Trujillo y Martín López [después Rejas de Balbanera y hoy uno de los tramos de Venustiano Carranza]; al Norte con la de Juan Rodríguez Álvarez [hoy de Moneda] y al Este con la calle pública. Al llegar las primeras autoridades a la colonia, no tuvieron casa en que vivir y se aposentaron en la de Cortés, donde hoy está el Monte de Piedad. El virrey don Luis de Velasco pidió a la corte un edificio para residencia de él y de sus sucesores, y entonces se compró a don Martín Cortés en 35 000 pesos el terreno de que acabamos de hablar, exceptuando el de la ex Universidad y Plaza del Volador, por escritura fechada en Madrid el 19 de enero de 1562”. Alberto Leduc, Luis Lara y Pardo y Carlos Roumagnac, Diccionario de geografía, historia..., p. 731.

[14] Diputación. La Diputación estuvo en el edificio conocido actualmente como del antiguo Ayuntamiento, en el Zócalo de la ciudad de México.

[15] Universidad. Fray Juan de Zumárraga, primer obispo de México, solicitó a Carlos V en febrero de 1537 el establecimiento de una universidad. Carlos V la erigió por cédula del 21 de septiembre de 1551; Paulo IV le concedió, en 1555, los privilegios de que gozaba la de Salamanca y tomó el nombre de Real y Pontificia Universidad de México, hasta 1821. Se le concedió una dotación anual de 1 000 pesos. Después de 1821 se llamó Pontificia y Nacional  Universidad de México. Se fundó en la casa que hace esquina en las actuales calles de Moneda y Semanario; posteriormente fue trasladada a Escalerillas, hoy Guatemala, y después a ñp que actualmente es el Monte de Piedad. Tiempo después pasó al edificio que ocupó los solares al sur del actual Palacio Nacional. También estuvo en un edificio enfrente, calle de por medio, es decir, lo que hoy es la fachada posterior de la Suprema Corte de Justicia, en una calle entre las actuales Venustiano Carranza y Corregidora.

b Este filósofo definió al hombre animal en dos pies; sus discípulos para abochornarlo, y no atreviéndose a contradecirle directamente, llevaron oculto al aula al guajolote [del mexicano huey-xolote. Nombre que recibe el pavo mexicano, tanto doméstico como montés. Ambas especies son originarias del país. Se dice totol, cócoro, concho o conche; en Tabasco, mulito. La hembra se llama pípila o cihuatotolin, además de guajolota. Santamaría, Dic. mej. Xolotl es el personaje mitológico que, al escapar de la muerte se metamorfosea sucesivamente en maguey doble, o mexolotl, en renacuajo, axolotl o en guajolote, uexolotl. Cf. Rèmi Simèon, Diccionario de la lengua náhuatl..., y Fray Bernardino de Sahagún, Relación de las cosas de la Nueva España] (o sea otra cualquiera ave) y luego que se dejó ver su maestro se le presentaron diciéndole: mira tu hombre... ¿Si sería vuestra merced éste?

[16] pita. “Planta que vino de Indias, algo semejante a la higuera de Tuna. Arroja del tronco unas hojas largas y gruesas, que rematan en una punta mui aguda y dura, y dentro de ellas se cria una especie de hierba, de la cual seca se hace el hilo que llaman de pita.” Cf. Dic. autoridades. Rèmi Simèon no incluye la palabra pita, pero sí declara que “uitzitzilmetl [es el maguey] que tiene largas espinas; [mientras que el] quetzalichtli proporciona un hilo extremadamente delicado, muy estimado para hacer tejidos finos”. Cf. Rèmi Simèon, Diccionario de la lengua náhuatl...

[17] Parnaso español, Colección de poesías escogidas de los más célebres poetas castellanos, Madrid, D. Joachin de Ibarra, Impresor de Cámara de S.M., M.DCC.LXXI. Se hallará en la Librería de Antonio de Sancha, á la entrada de Barrio-Nuevo.

[18] El tomo V del Parnaso español comprende noticia biográfica de: fr. Luis Ponce de León, del doctor Gregorio Hernández de Velasco; de Antonio de Ledesma; de don Bernardino de Rebolledo, conde de Rebolledo, y del maestro fray Hortensio Félix Paravicino y Arteaga. Las obras de Bernardino de Rebolledo van de la página 199 a la 281, la página 198 es un grabado del conde que al calce dice “Manl Salvor Carmona lo gravó”. En su noticia se lee: “El conde D. Bernardino de Rebolledo fue de hermosa presencia, y grande gentileza personal, alto de cuerpo, el rostro hermoso, blanco, grueso y prolongado, el aspecto grave, majestuoso y halagüeño: los ojos vivos, los labios gruesos, el vigote y el cabello largo, abundante, compuesto y enrizado.” p. xxxix. En el grabado aparece efectivamente con el cabello rizado más que con bucles.

[19] Fernández de Lizardi responde en Quien llama al toro sufra la cornada...: “¿quiso decir las mismas palabras consonantes? Porque hacer un poema (no de verso suelto) sin muchos consonantes o asonantes iguales, sería la misma gracia que hacer una mesa con los cuatro pies disparejos.” Cf. Obras X-Folletos, p. 39.

[20] El testamento del gato. Cf. nota 12 a Aplaudo el mérito..., en este volumen.

[21] Georges-Louis Leclerc, conde de Buffon (1707-1788), naturalista y escritor francés. Los versos aludidos son los siguientes: “—Creo la metempsicosis/ como pitagorino,/ y que según un conde/ y por lo que en mí he visto,/ habita en nuestros cuerpos/ la alma del ladronicio,/ ingratitud, lisonja,/ con otros muchos vicios”. En una nota al Testamento..., Fernández de Lizardi apunta: “Buffon en su historia natural [Historia natural, general y particular, trad. por Joseph Clavijo y Faxardo. Madrid, Joaquín Ibarra, 1785-1791. 21 vols.; 2ª ed., 1791-1805. La edición original había aparecido en París, 1749-1767] describe exactamente las propiedades del gato; en efecto, en este animal se ve el retrato al vivo de los vicios que apuntamos en esta friolerilla; el provecho que trae limpiando la casa de ratones (si la limpia) lo desluce con los perjuicios que causa.” Cf. Obras I-Poesías y fábulas,  pp. 116 y 122. Fernández de Lizardi cita a Buffon en El Periquillo Sarniento, t. I, cap. VII, y en t. IV, cap. I, cf. Obras VIII-Novelas, pp. 121-122  y Obras IX-Novelas, p. 215, y en el t. I, cap. IX de La Quijotita y su prima, en este último caso Lizardi hace referencia al mismo autor pues condena “las cotillas y todos aquellos vestidos dolorosos que [...] impiden que la sangre circule por las venas, y causan a los niños más incomodidades y deformaciones”. Esto mismo está citado por Blanchard en su Escuela de costumbres o reflexiones morales e históricas sobre las máximas de la sabiduría. Obra útil a toda clase de personas, trad. de Ignacio García Malo, secretario patriarcal de Indias y del Vicariato de los Reales Ejércitos, Madrid, Imprenta de Villalpando, 1797, t. IV, pp. 160-161. Cf. Obras VII-Novelas, p. 146.

[22] En Quien llama al toro sufra la cornada... Fernández de Lizardi dice: “Para hacer ver que el gato era glotón era menester hacerlo comer manjar no común para él, y esto después de saciado su apetito (son palabras mías). De lo contrario probaría hambre no gula, que era lo que se intentaba. [...] Sepa usted que los gatos y otros animales comen lo que [se] les enseña a comer”. Cf. Obras X-Folletos, p. 39.

[23] tata. Del náhuatl tatli, padre. “Entre la gente vulgar sustituye al nombre del padre como el de nana al de madre; así como entre la gente decente se dice: papá, mamá.” Véase nota d al cap. I del t, III de El Periquillo Sarniento, cf. Obras IX-Novelas, p. 14. En algunas partes se usa como tratamiento aplicado a los hombres de avanzada edad, entre la gente del pueblo. Santamaría, Dic. mej.

[24] T. XV, núm. 2272, 22 dic. 1811, pp. 701-702.

[25] La Muralla de México en la protección de María Santísima nuestra señora. O agradecido recuerdo que, del favor de haber librado la misma señora a esta capital de la irrupción que sobre ella intentaron los enemigos ahora ha un año, escribió D. J. F. de L. Cf. Obras I-Poesías y fábulas, pp. 96-101.

[26] A lo que replica Fernández de Lizardi en Quien llama al toro sufra la cornada...: “¿y lo hemos de creer sólo porque usted lo dice?” Cf. Obras X-Folletos, p. 40.

[27] Al respecto se lee en La Muralla de México...: “En fin, te circunvala/ ¡oh, feliz patria mía!/ la efigie soberana de María;/ pero aunque en todas partes/ tú la veneras, tienes dos baluartes/ en que halla piedad más prontos medios:/ uno es Tepeyac, otro en remedios./ Si allá a Juan Diego fina aparece,/ Juan del Águila acá no desmerece su divina presencia y sus favores.” Cf. Obras I-Poesías y fábulas, p. 99. El templo y santuario de nuestra señora de los Remedios se dedicó el año de 1575. Se reedificó en 1626. Según la leyenda, la virgen se mostró a un hombre llamado Juan en el Cerro de Los Pájaros. La imagen era tenida por muy milagrosa; cada año o en caso de alguna calamidad pública, se llevaba en solemne procesión a la Catedral, y restituida en igual forma a su santuario. La imagen fue puesta en el estandarte de las tropas realistas, para contrarrestar el efecto causado por Hidalgo al portar la imagen de la virgen de Guadalupe. Cf. Leduc, Lara y Pardo, Roumagnac, Diccionario de geografía e historia..., p. 814.

[28] A esto responde Fernández de Lizardi: “He leído las páginas cuarta y quinta que usted cita. En la primera hay un yerro que se deja ver es de imprenta; en la segunda nada advierto; en la séptima está querubines consonante de nubes (y éste se le fue a usted), que estos yerros sean de imprenta lo manifiesta su misma crasitud.” Cf. Obras X-Folletos, p. 40.

[29] Añade en la misma respuesta Fernández de Lizardi: “Hará usted bien en ceder al imperio de sus ocupaciones y no al de sus pasiones, dejándose de escribir críticas que le granjeen el común desprecio”. Idem.

[30] verdad en el original.

[31] En Quien llama al toro sufra la cornada... Fernández de Lizardi afirma: “Para probar que todos mis papeles son malos, me cita la autoridad de Boileau, mal traída y peor traducida. Mal traída porque para que estuviera bien aplicada, era menester que mis versos en lo general fueran como el de usted [...]: conocerlo e irse a... peor traducida, porque el verbo francés blesser significa herir, llagar, lastimar [...] En el sentido metafórico que lo toma Boileau, dice ofende al oído, no hiere al oído, como usted escribe. Lea usted las traducciones de sus Cantos por Madramany y Arriaza”. Cf. Obras X-Folletos, pp. 40-41.

[32] blesteé en el original. La estrofa completa es: “Il est un heureux choix de mots harmonieux./ Fuyez des mauvais fons le concurs odieux./ Le vers le mieux rempli, la plus noble pensée/ En peut plaire à l’esprit, quand l’oreille est blessée.” Cf. Boilaum en la traducción de Sickingen Honenburg, Die Dichtkunst des Boileau Despreaux, p. 22, vv. 109-112. Madramany traduce: “En voces armoniosas sé muy fino./ De ingratos sones el concurso odioso/ Procura siempre huir, que es fastidioso. Un noble pensamiento que suspende,/ No agrada al alma, si al oído ofende.” Cf. Boileau, Arte poética, 1787, p. 11; mientras que Arriaza traduce: “Sonoras voces presta á la armonía,/ Y huye al encuentro de sonidos duros:/ La idea mas feliz, el mejor verso,/ Pierde el vigor quando al oído ofende.” Cf. Boilau, Arte poética, 1807, p. 10, vv. 122-125.

[33] La estrofa completa es: “Sur-tout qu’en vos Ecrits la Langue révérée,/ Dans vos plus grands excès vous soit toujours sacrée,/ En vain vous me frappez d’un son mélodieux,/ Si le terme est impropre, ou le tour vicieux;/ Mon esprit n’admet point un pompeux Barbarisme,/ Ni d’un Vers empoulé l’orgueilleux Solécisme./ Sans la Langue, en un mot, l’Auteur le plus divin/ Est toujours, quoi qu’il fasse, un méxhant Ecrivain.” Cf. Boileau, Die Dichkunst..., op. cit., p. 26, vv. 155-162. Madramany traduce: “Sobre todo que sea respetada/ la Lengua en tus escritos, que es sagrada./ En vano gastas frases harmoniosas,/ Si la palabra ó frase son viciosas./ Mi espíritu no admite barbarismo,/ Ni hinchado verso el solecismo./ Sin la lengua, el autor mas excelente/ No escritor, que serà un mal escribiente.” Cf. Boileau, Arte poética, 1787, p. 16. Y Arriaza: “Sobre todo, la lengua en nuestro estilo/ Siempre sagrada, inviolabre sea:/ Con voz impropia, ó con vicioso modo/ En vano adula ingrato son mi oreja:/ Ni hay para mi afliccion como el encuentro/ De un solecismo en la mitad de un verso./ El autor mas sublime, sin lenguaje,/ Será en el fondo un escritor maldito” Cf. Boileau, Arte poética, 1807, p. 10, vv. 169-175.

[34] Cf. Palo de ciego, en este volumen.

[35] Fernández de Lizardi aclara en Quien llama al toro sufra la cornada...: “En aquellos versitos de Horacio que me cita, falta una comita antes del qui; y aquel quen, póngalo usted, si puede, con m, porque ninguna dicción latina se acaba en n, sino en m”. Cf. Obras X-Folletos, p. 42. Hemos corregido la errata señalada por nuestro autor.

[36] El texto latino completo dice: sic mihi, qui multum cessat, fit Choerilus ille,/ quem bis terque bonum cum risu miror; et idem/ indignor quandoque bonus dormitat Homerus; traducción: “así para mí el que mucho yerra se vuelve aquel Quérilo/ al que, si es bueno dos o tres veces, con risa lo admiro;/ y yo mismo me indigno siempre que el buen Homero dormita”. Cf. Quinto Horacio Flaco, Arte Poética, vv. 357-359.

[37] En las obras en verso de nuestro autor contenidas en Obras I-Poesías y fábulas las citas latinas publicadas por Fernández de Lizardi a la fecha son: una nota del autor a La Muralla de México..., la frase es el siguiente: Terribilis ut castrorum acies ordinata, p. 101; en Quejas de algunas mujeres en el tribunal de Apolo introduce en un verso la expresión verbi gratia, p. 111; en La muerte y funeral del gato utiliza expresiones como ergo, tuta concientia, ídem por ídem y et caetera, pp. 119,120 y 121, respectivamente; en Bueno es hacerse el tupé... se halla la expresión ad honorem, p. 137. En el Primer diálogo crítico. El muerto y el sacristán se lee la expresión quid pro quo; y en su Tercero diálogo crítico. El crítico y el poeta critica Fernández de Lizardi un epígrafe en latín “...Ridentem divere verum/ Quid vetat?...” que traduce: “¿Cuál es el embarazo para decir una verdad burlando? Horacio, sátira 1, línea 1”. Cf. Obras X-Folletos, pp. 8 y 17, respectivamente.

[38] Responde en Quien llama al toro sufra la cornada...: “Borre usted el atento y el amigo, que esos epítetos en usted son falsos”. Cf. Obras X-Folletos, p. 42.

[39] Juan María Lacunza. Cf. nota 10 a Palo de ciego, en este volumen

[40] ataimado. Fernández de Lizardi había escrito en Hay muertos que no hacen ruido: “Mira a aquel otro allí tan ataimado;/ advierte en su semblante colorado/ los ojos encendidos,/ pues por más que lo encubran sus vestidos/ y disimule el traje, no vayas a entender que es personal...” Cf. Obras I-Poesías y fábulas, pp. 129-130. Cochitegervise. Locución familiar que significa que se hace o ha hecho algo con prisa y atropelladamente. El Diccionario de la Real Academia Española lo refiere a aquel que muestra en sus acciones sobrada viveza y aturdimiento. Cochitehervite se refiere al “modo de hablar baxo y vulgar, que se compóne de palabras bárbaras, con que se significa que se hace, ò se ha hecho algúna cosa atropelladamente, y con celeridad, sin guardar modo, tiempo ni término: como el que pusiesse la olla, y quisieres que luego que llegasse al fuego cociesse y se sazonasse para poderla comer.” Dic. autoridades. Fernández de Lizardi escribió en El sacristán enfermo: “a seguida, el tintero pide, y falla/ de prolongar mi mal el cruel decreto,/ y, cochite hervite, se hace todo,/ no dura la visita más que un credo.” Cf. Obras X-Folletos, pp.48-49.

[41] Fernández de Lizardi responde en Quien llama al toro sufra la cornada...: “J. M. L. me dice en su libelo: necio, sandio, orgulloso, engreído, pobre hombre, miserable, vil, bajo, alma media, trompeta, bárbaro, burro, coplero idiota, oráculo de tontos, cuervo, guajolote, simple, insensato, arrastrado, ratero. [...] Después de este aguacero dice que me honra mucho. Pregunto, ¿si así honra este caballero, cómo deshonrará?” Cf. Obras X-Folletos, pp. 42-43.