DIARIO DE MÉXICO

del sábado 7 de mayo de 1814[1]

 

Justo tributo a El Pensador Mexicano



Señor Diarista:[2] al ver lo agradable y sentencioso del Diálogo entre la sombra de Revillagigedo[3] y la de un macero de esta capital que ha publicado El Pensador Mexicano en su suplemento de 18 de abril último,[4] no pude menos que anhelar un medio de tributar el justo reconocimiento a un talento tan sublime. Ya tenía convocados para el caso cuatro caballeros de la orden de San Juan Bautista,a muy amigos míos, que pasasen conmigo a cumplimentar a nuestro sabio político y darle gracias por los epítetos sublimes con que honra a sus compopulares en las últimas líneas del primer párrafo de la última plana de su precioso diálogo; [5] pero considerando su suma moderación, y su extrema cortedad para recibir obsequios y aplausos de tan alta guisa, me he contentado con significar mi adhesión y justo respeto a sus grandes talentos, dedicándoles como primer fruto de mi aplicación el siguiente rasgo traducido de las obras de monsieur Tomas,[6] que aunque no es tan bueno político como nuestro Pensador Mexicano, tiene sin embargo algún nombre en la república literaria. Usted hágame el favor de insertar en su periódico esta sencilla manifestación, y ordenar cuanto guste a un servidor: P. R. P. O.[7]

Monsieur: Jamás he podido pensar sin emoción en el envilecimiento del pueblo; cuando sus individuos no fueran más que hombres serían respetables; pero son además nuestros conciudadanos y benefactores. Nos visten, nos abrigan, nos dan el pan ¿y nada son para nosotros?[8] ¿Tenemos derecho de menospreciarlos, porque los trabajos útiles en que se ocupan no les dejan tiempo para hacer frases graciosas?, ¿o la simplicidad de un vestido es la que los degrada a nuestros ojos? ¿Qué, nuestra estimación está vinculada a los galones y a los encajes? No acertaría a creer que vos que tenéis un talento tan justo y una alma tan superior,b juzgaseis así de los hombres. Pero son ignorantes. Saben ser útiles y en esto saben más que muchos filósofos. Son autómatas que sólo tienen instinto. Mucho me temo que las más veces nuestra razón no equivalga a ese instinto. ¿Les negaremos una alma porque la suya ha conservado toda la simplicidad de la naturaleza, y no se ha desfigurado con esos vicios de moda, que seguramente no valen la simple y tosca rusticidad de un popular? Los resortes de todos estos autómatas están dirigidos al bien público: ¿cuántos de estos hombres que piensan son una carga al Estado, a quien jamás servirán? El pueblo tiene vicios, porque gusta del vino y se entrega a él algunas veces; los maridos golpean a sus mujeres, y éstas dicen horrendas palabras que lastimarían la delicada boca de nuestras bellas. ¿Y los grandes y ricos no tienen vicios?,[9] porque no golpean a sus esposas, ¿le son acaso más fieles?, porque no profieren desvergüenzas, ¿se entregan menos al libertinaje? Aunque se presentan menos en esos parajes de infamia, ¿cometen acaso menos robos?, ¿no son más pérfidos con sus amigos, más atroces en su aborrecimiento, más crueles en sus venganzas? ¿Cuántos crímenes hay para los cuales es menester ser poderosos; cuántos que sólo se pueden comprar con el oro? En lo que no es pueblo no veo superioridad, sino de parte del exterior.

Si el barniz forma el mérito, el favor hace la virtud, los ricos y los grandes llevan entonces la ventaja. Mas en un vasto edificio, las pi[e]dras que tocan la superficie del palacio, ¿tendrán derecho de despreciar a las que están ocultas en la tierra, y que sirven de fundamento con el pretexto de que éstas están brutas y enterradas en el polvo, en lugar [de] aquellas [que] están pulidas,[10] talladas con gracia y aun esculpidas o adornadas con pinturas?, ¿no están sacadas todas de una misma cantera?, ¿no es la casualidad la que ha colocado a unas en alto y a otras en bajo?, ¿la decoracioncilla exterior que tienen algunas, es un título para ensorbecerse? Aun creo, que las que están en los cimientos deberían estar más engreídas, pues son las que sostienen el edificio.

He aquí monsieur lo que yo pienso de eso que llaman la canalla:[11] a mis ojos es una porción respetable del Estado. Si gozamos de sus tareas, no insultemos a lo menos sus desgracias: sepamos estimar a los que son útiles[12] bajo cualesquiera trajes y rangos en que se hallen. El ser grande o rico es por mera casualidad; pero el ser útil es por un esfuerzo: la primera gloria pertenece a la fortuna; la segunda, a nosotros. Dios me libre de despreciar jamás a nadie por ignorancia, a menos que no sea uno de los deberes de su Estado el ser instruido. El arquetipo[13] eterno de que me habláis está grabado en todas las almas: el corazón es quien nos hace virtuosos, y el espíritu ha justificado mayor número de acciones malas, que las que ha sugerido buenas. Quedaría lisonjeado si reconciliara con un corazón tal como el vuestro a este buen pueblo a quien tantos insultan.

 

 


[1] T. III, núm. 127, pp. 1-3. Fernández de Lizardi responde a éste en el Diario de México en dos ocasiones: “Justa retribución al Defensor de los Encuerados (véase el número 127)”, núm. 139, 19 mayo 1814; y “Acaba la justa retribución al Defensor de los Encuerados”, núm. 140, 20 mayo 1814. Cf. Obras XIV-Miscelánea, pp. 176-179 y 181-184, respectivamente.

[2] Señor Diarista. Cf. nota 2 a Palo de ciego, en este volumen.

[3] Revillagigedo. Cf. nota 56 a Diálogo sobre El Pensador Mexicano número 17..., en este volumen.

[4] Diálogo entre la sombra de Revillagigedo y la de un macero de esta capital. Publicado en el Suplemento al t. III, del 18 abr. 1814, en Obras III-Periódicos, pp. 143-146.

a La apoteosis de estos caballeros, que han merecido este obsequio a El Pensador, dice así: “No hay tierra en el mundo en donde la plebe se acredite mejor de hija de Adán que en México: siempre están como la taba [dar taba es dar guerra, hacer maldades o travesuras. Santamaría, Dic. mej.]: para ellos lo mismo tienen las manos y la cara para descubrirlas, que el monte de Venus. Canalla más sinvergüenza que ésta yo ni la he visto, ni creo que la haya en el mundo” [Ibidem, p. 545]

[5] Fernández de Lizardi escribe: “por lo que toca a los ebrios están a sus anchuras como antes, nadie los incomoda porque se tiren en la calle en pelota: gozan en el día de una paz octaviana y bendicen la hora en que fue vuestra excelencia removido a España, porque los tenía en un puño. Si preguntáis por lo encuerados [....]” Sigue la cita con lo escrito en la nota a y termina: “últimamente todo está así y no sé cuándo dejará de estar”. Continúa criticando que los regidores incumplan su deber por falta de presupuesto. Propone el cobro de multas a los infractores. Idem.

[6] Antonio Leonardo Tomas o Thomas (1732-1785). Literato francés y miembro de la Academia Francesa. Su poema “Jumonville” ganó cinco veces el Premio de elocuencia de la Academia; también recibió el premio de poesía por su Oda al tiempo. Además escribió: Elogio a Marco Aurelio, Ensayo sobre los elogios, Ensayo acerca de las mujeres, Cartas, y la Petreira o (El zar Pedro el Grande).

[7] P. R. P. O. En su respuesta “Justa retribución al Defensor de los Encuerados”, 19 mayo 1814, Fernández de Lizardi dice: “El muchacho mandadero de mi casa es muy vivo, y viéndome pensativo me preguntó la causa, y le dije que deseaba saber ¿qué dirían las cuatro letras con que se suscribe la nómina, a saber, P. R. O P., me respondió: ¡Oh, señor! Eso está muy claro mire usted esas letras dicen, a lo menos sus dictados, si no su nombre, y son estos: Pobre, Roto, Plebeyo, Ordinario.” Cf. Obras XIV-Miscelánea, p. 176. Lizardi agrega: “El anónimo, cualquiera que sea, impugna mi Suplemento de 18 de abril por aquellos epítetos que consagré a los arrastrados, vulgares, ladrones, vagos escandalosos, encuerados y borrachos de la plebe de México.” Ibidem, pp. 175-176.

[8] Fernández de Lizardi responde: “¿pero hubiera dicho este autor [Thomas] que los borrachos, ladrones y vagos de México, de quienes hablo en mi diálogo, nos visten y nos abrigan, cuando tratan de desnudarnos, de sacarnos los pañuelos de las bolsas, y nuestras casas están seguras de sus uñas a merced de los cerrojos, llaves y candados?, seguramente que no; pero la defensa de estos pícaros estaba reservada al señor de las cuatro letras [P.R.O.P.].” Ibidem, p. 178.

b No lo digo por usted, lo digo por el señor T[homas].

[9] En “Acaba la justa retribución al Defensor de los Encuerados”, 20 mayo 1814, Fernández de Lizardi escribe: “Los pobres y los ricos son hombres, y como tales miserables y sujetos al desenfreno de las pasiones. El rico puede mil veces ser más criminal que el pobre, porque tienen más proporción y más medios para contentar sus vicios. Esto dice Monsieur Tomas [...]; pero yo no hablé contra el pueblo en general, sino contra una parte del pueblo que es la plebe, y eso, no considerada como pobre, ni como frágil, sino como viciosa, holgazana y escandalosa. Yo hablo de ebrios, ladrones, vagos y obscenos. Monsieur Tomas habla del pueblo que nos viste y nos da de comer: parece que hay alguna diferencia. Ni este autor fue capaz de defender tales absurdos.” Cf. Obras XIV-Miscelánea, pp. 181-182.

[10] En el original “en lugar que aquéllas están pulidas”.

[11] En “Acaba la justa retribución al Defensor de los Encuerados”, 20 mayo 1814, Fernández de Lizardi respondió: “En la patria de Monsieur Tomas llamarían canalla a los pobres; en la mía se le llama a los viciosos.” Cf. Obras XIV-Miscelánea, p. 182.

[12] En “Acaba la justa retribución al Defensor de los Encuerados”, 20 mayo 1814, Fernández de Lizardi escribe: “no dice [Thomas] que sepamos estimar a los borrachos, a los cuchareros, a los ociosos, a los flojos, a los desvergonzados ni a los pillos encuerados de la plebe. La estimación de éstos la debe exigir con privilegio exclusivo el cobarde que se esconde bajo de cuatro letras”. Idem. La conclusión de Lizardi aparece al principio de su folleto: “Menospreciar al pueblo pobre sólo porque no usa galones ni encajes  es una crueldad; atribuirle a él todos los vicios, exceptuando de ellos a los ricos, sólo porque son ricos es una torpe adulación (hasta aquí voy con Monsieur Thomas); pero defender a los viciosos inútiles, holgazanes y pillos de México sólo porque son criollos, es una necedad, es una desvergüenza intolerable, reservada, vuelvo a decir, a un ignorante como el que ensució el Diario de 7 de este mes.” Ibidem, p. 181.

[13] archetipo, en el original.