DIARIO DE MÉXICO

del martes 24 de mayo de 1814[1]


A la Palinodia de El Pensador

Véase el número 139.[2]

 


¿Qué dice usted, señor Diarista,[3] del pomposo follaje con que nos ha salido El Pensador Mexicano en su atrabiliaria contestación que nos inserta usted en su número 139? En ese montón de paja,[4] ¿será posible encontrar siquiera un grano de cebada digno de El Pensador? Yo, por lo menos, no encuentro otro que la feliz palinodia que nos canta sin sentir con la distinción que hace de encuerados y de borrachos.[5] Oigan todos el texto: por lo que toca a los ebrios están a sus anchuras como antes, nadie los incomoda porque se tiren en la calle en pelota: gozan en el día de una paz octaviana y bendicen la hora en que fue vuestra excelencia removido a España, porque los tenía en un puño.[6] He aquí, señor Diarista, el primer miembro de la proposición pensatrix, tan distinta de la que sigue, como lo es El Pensador de un hombre juicioso y sabio, y aun de un mero sumulista.[7] Si preguntáis por los encuerados debo deciros que no hay tierra en el mundo en donde la plebe se acredite mejor de hija de Adán que en México, siempre están como la taba,[8] etcétera. Cualquiera sumulista que no tenga la lógica pensatrix verá que ni todos los borrachos son encuerados, ni todos los encuerados son borrachos, y que por consiguiente lo que se dice de los primeros no se puede decir con tanta universalidad de los segundos, y al contrario.[9]

Atqui[10] de los encuerados dice el preopinante que son la canalla más sinvergüenza, etcétera, luego de éstos lo entendieron hasta los encueraditos billeteros,[11] que no son borrachitos; pero nuestro Pensador no lo dijo por los encuerados, aunque lo dijo de éstos como consta de su texto, sino que ahora, cantando la palinodia, dice que lo dijo por los borrachos, no por los encuerados que nos hacen el pan, los zapatos, llevan las cargas de comercio,[12] etcétera. Es decir, cuando digo digo digo, no digo, digo, digo; sino digo. Hace usted bien de explicarse así, señor Pensador, para que así le entendamos los cobardes escritorcillos, los bárbaros que no ponemos nuestra firma para salirle al encuentro temerosos del orgullo y vanidad de que tanto se jacta,[13] por habernos tragado tantas negadas de aquellas que sólo podían probarse a palos, como dice el doctor Angélico,[14] contra principia negantibus fastibus est arguendum.[15]

Yo por lo menos, amigo, le tengo a usted tanto miedo como a las verduleras que sostienen sus disputas a fuerza de palabras y cebollazos.[16] El que es hombre de bien no debe hacer con estas gentes otra cosa que dejarlas charlar hasta que se desgañiten. Hable usted pues hasta por los codos, desgañítese y derrame su atrabilis[17] hasta morir, que al fin el público imparcial juzgará de sus disparates y contradicciones según usted se merece y le desea.

El Pobre, Roto, Plebeyo, Ordinario[18]

 


[1] T. III, núm. 144, pp. 3-4. Fernández de Lizardi responde a éste en el Diario de México, con “Cuero con el Defensor de los Encuerados viciosos”, núm. 153, 2 jun. 1814. Cf. Obras XIV-Miscelánea, pp. 185-189.

[2] Alude a la “Justa retribución al Defensor de los Encuerados”, 19 mayo 1814. Cf. Obras XIV-Miscelánea, pp. 175-179.

[3] señor Diarista. Cf. nota 2 a Palo de ciego, en este volumen.

[4] En “Cuero con el Defensor de los Encuerados viciosos”, 2 jun. 1814, Fernández de Lizardi responde: “Conque amigo, ¿no más paja encontró usted en mi contestación a su fresca apología de la sucia, desnuda, y viciosa plebe de México? ¡Qué diablura! Ciertamente que tiene el gusto muy estragado, pues le sabe a paja el maíz y la lechuguilla.” Cf. Obras XIV-Miscelánea, p. 185.

[5] En “Acaba la justa retribución al Defensor de los Encuerados”, 20 mayo 1814, Fernández de Lizardi habla por un lado de “borrachos desnudos” y de “pillos encuerados de la plebe”. Ibidem, p. 182.

[6] Cf. Diálogo entre la sombra del señor Revillagigedo, y la de un macero de esta capital, Suplemento de 18 abr. 1814, Obras III-Periódicos, p. 545.

[7] sumulista. El que usa silogismos. Súmulas son compendio o sumario que contiene los principios elementales de la lógica.

[8] Cf. nota a a Justo tributo a El Pensador Mexicano y la siguiente, en este volumen.

[9] En “Cuero con el Defensor de los Encuerados viciosos”, 2 jun. 1814, Fernández de Lizardi responde: “¿Conque yo canté la palinodia? ¿Conque dije que todos los encuerados son borrachos? ¿Conque lo que se dice de los primeros en razón de vicios, no se puede decir de los segundos con tanta universalidad y bajo el mismo supuesto?” Cf. Obras XIV-Miscelánea, p. 185.

[10] Atqui. Por At qui, en el sentido de “sin embargo”.

[11] billeteros. Billete, cartas breves que eran llevadas por mensajeros. En Don Quijote se habla de los billetes de: Lucinda Cardenio y de Camila Anselmo y viceversa.

[12] En “Cuero con el Defensor de los Encuerados viciosos”, 2 jun. 1814, Fernández de Lizardi responde: “Por consolar a usted digo que yo jamás he dicho que todos los borrachos son encuerados ni todos los encuerados borrachos y si no ¿diga usted dónde lo dije?” Cf. Obras XIV- Miscelánea, p. 187.

[13] En “Justa retribución al Defensor de los Encuerados (véase el número 127)”, 19 mayo 1814, Fernández de Lizardi había escrito: “He aquí por lo que estos cobardes escritorcillos no salen contra mí, sino bajo nombres supuestos o bajo iniciales inexplicables. Si este bárbaro se hubiera firmado con su nombre propio, ¿no tuviera ahora alguna vergüencilla al haberse notado en mi pluma de ignorante y defensor de los viciosos de mi plebe? [...] a mí me cabe el orgullo y la vanidad de que os he confundido, os he callado (tengo mis papeles y los vuestros). Ni habéis deshecho mis opiniones con solidez [...]: mis negadas os las habéis tragado más enteras que la ballena que se tragó al profeta.” Ibidem, pp. 178-179.

[14] Alusión a Santo Tomás de Aquino.

[15] contra principia negantibus fastibus est arguendum. contra principia negantem non est disputandum, frase latina, “no cabe discutir con el que niega los principios”. Indica que si no se aceptan los principios de una ciencia, es ociosa e inútil toda discusión sobre ella.

[16] En “Cuero con el Defensor de los Encuerados viciosos”, 2 jun. 1814, Fernández de Lizardi dice: “¡Válgate Dios por hombre y qué apurado se vio para responder mis dificultades! [...]. Esto sí es paja, palabras y cebollazos de verduleras.” Cf. Obras XIV-Miscelánea, p. 186.

[17] atrabilis. “Lo mismo que cólera negra. Es voz compuesta del latino Ater que significa negro, y de Bilis que es la Cólera”. Dic. autoridades. En la Antigüedad se daba este nombre a un humor negro que creían ser segregado por el bazo, a causa de los humores del hígado. Después del descubrimiento de las glándulas suprarrenales por Eustaquio, se les atribuyó esta función imaginaria. La palabra atrabilis significó lo mismo que melancolía por tener la misma formación etimológica.

[18] El Pobre, Roto, Plebeyo, Ordinario es como Lizardi había ironizado las iniciales P. R. O. P. Véase la nota 7 a Justo tributo a El Pensador Mexicano, en este volumen.