DIARIO DE MÉXICO

del lunes 20 de enero de 1812[1]

 

[Décima. Producción de un zángano]

 

 

Señor Diarista,[2] mi amigo: acompaño a usted la siguiente décima para su inserción (la que no dudo merecerá) por lo sublime de su pensamiento, por la naturalidad y sencillez de su estilo, y lo que es más, por ser producción original de un zángano (a lo menos por tal me la han vendido), y en este concepto la mando a usted para acallar a alguno que ha creído, y aun procurado hacerlo creer al público, que yo no aprecio los talentos de los americanos mis paisanos: es el caso. Estando una de nuestras currutacas[3] adornándose prolijamente, como algunas tienen de costumbre, le presentó el citado zángano un espejo:[4] en la parte inferior de él un esqueleto figurando la muerte, y a consecuencia la siguiente

 

DÉCIMA

Si llegas con afición
a mirarte en este espejo,
al de abajo te aconsejo
mires con más atención:
   Uno y otro, espejos son
los dos que mirando está[s]
y en ellos encontrarás,
si reconocerte quieres,
un retrato de lo que eres,
y otro de lo que serás.

 

            Beso la mano de vuestra merced, señor editor, su afectísimo amigo seguro servidor.


J[uan] M[aría] L[acunza][5]    

 

 


[1] T. XVI, núm. 2300, p. 77.

[2] señor Diarista. Cf. nota 2 a Palo de Ciego, en este volumen.

[3] currutacas. Mujeres afectadas en el uso de las modas.

[4] Posible alusión a la Fábula I de Fernández de Lizardi Los lisiados al espejo, y el autor: “Por sólo ver dos hermosos/ espejos que yo tenía,/ fueron a mi casa un día/ unos pobres defectuosos./ Pero al punto que se vieron/ en el cristal retratados/ tales como eran, montados/ en cólera así dijeron:/ —es insufrible insolencia/ la del bribonzuelo autor/ de estos lienzos. Sí, señor./ A nuestra misma presencia/ nos injuria, nos maltrata,/ nos insulta, nos apoca/ y nuestra rabia provoca/ pues nuestras faltas retrata [...] Si vosotros estuvierais/ sin lacras, seguramente/ de modo muy diferente/ en los espejos os vierais./ Dije, y se acabó, señores,/ toda la riña al momento./ ¡Ojalá entiendan el cuento/ algunos de mis lectores!” Cf. Obras I-Poesías y fábulas, pp. 291-292.

[5] Juan María Lacunza. Cf. nota 10 a Palo de ciego, en este volumen.