DIARIO DE MÉXICO

del jueves 31 de octubre de 1811[1]


Palo de ciego



Sí, editor[2] amigo: porque cuanto voy a decir en esta carta, de las dos poesías que son objeto de ella, de ningún modo se dirige a sus autores, que absolutamente me son desconocidos, siendo el uno don J[osé Joaquín] F[ernández] de L[izardi] (iniciales que, como se deja entender, pueden convenir a muchos) y el otro anónimo, contrayéndome sólo a sus asuntos, porque me es muy bochornoso que en América, mi patria, donde empezaba ya a brillar el buen gusto en todo género de literatura, corran impunemente algunas producciones que la desacreditan, lo mismo que a sus dueños, y que servirán de motivos de crítica a los extranjeros partidarios. Sin querer hacerse cargo de las bellas producciones, que sin número se publican cada día entre nosotros, cuya bondad y mérito no deben caer, por algunas malas que se encuentren, abortadas por poetas bastardos, no cediendo en lo general los ingenios de nuestra tierra a los de otras regiones, cualesquiera que éstas sean y a cualquiera luz que se comparen aquéllos.

Hace días que una multitud de papeles, ya impresos, ya manuscritos, infestan nuestro México, y aun todo el reino, con descrédito del carácter común de nuestra nación,[3] y sobre lo cual ya he hablado a vuestra merced en otra ocasión; mas abatido por su silencio, había resuelto callar, y aun ahora lo hiciera si el impreso La verdad pelada[4] (uno de los citados papeles) no estuviera subscrito con las iniciales sobredichas, que siendo muy semejantes a las de mi nombre, como verá vuestra merced al fin de ésta, han dado motivo a algunos para creer sea yo su autor.[5] Para destruir esta conjetura, y mantener en cuanto me sea posible la tal cual reputación que se han adquirido [sic] mis poesías en el periódico, admitidas hasta ahora con benignidad del público imparcial, he elegido para mi censura este papel, y no porque sea el peor de los que se publican diariamente, aunque es bastante malo. Basta de exordio.

El primero, pues, se titula, como dije antes, La verdad pelada: está dispuesto en forma de letrilla; consta de 29 estrofas, y está impreso en casa de Jaúregui.[6] No me detendré en hacer análisis de esta obrita, recientemente publicada, por ser sus defectos tan crasos, que aun los más ignorantes apenas la leen, le dan luego el destino de la estampa[7] (vuestra merced me entiende), se burlan de su autor, y no pueden sufrir su arrogante vanidad en imprimirlo fuera de los papeles públicos que tenemos en México, haciéndose cargo que, si lo publica por sacar algún fruto pecuniario, lo que es muy de creer en estos tiempos calamitosos, no pudo faltarle otro arbitrio en que no perdiese tanto su crédito, y lo que es más, el de todos los americanos.

En efecto, amigo mío, si don J[osé Joaquín] F[ernández] de L[izardi] hubiera entresacado de su papel algunas de las estrofas que lo componen, y bien limadas las hubiera remitido a vuestra merced, haciéndole el favor de insertarlas en el Diario, satisfaciendo el flujo de autor (si acaso lo llevó esto a la imprenta, y no el motivo que dijimos antes), no desacreditaría su patria, y no daría ocasión a esta crítica, porque, es preciso confesarlo, hay en su obrita uno que otro pensamiento feliz, que bien meditado, y puesto en mejor metro, hubiera desde luego gustado al público, dándoselo oportunamente en el periódico [...].[8]

Concluyo pues, señor editor, porque de continuar sería pecar en orador impertinente, lo que es ajeno de mi institución, y del fin que me he propuesto en esta ya demasiado larga carta [...].[9]


J[uan] M[aría] L[acunza][10]

 
 


[1] T. XV, núm. 2220, pp. 494-496. Con este artículo Lacunza inició sus ataques a Fernández de Lizardi, quien responde puntualmente en Respuesta a los números 2220 y 2251 del Diario, en Obras XIV-Miscelánea, pp. 147-152. Además de que en su poema No lo digo por usted, lo digo por el señor, el epigrama dice: “Que lluevan palos de ciego/ y de zurdos, no te espantes./ ¿Sabes por qué es, Fabio?/ Porque les amargan las verdades”, sin duda respuesta al presente texto. El Diario de México se publicó en la ciudad de México por poco más de 11 años: de octubre de 1805 a enero de 1817. De 1805 a 1812 el Diario se caracterizó por conceder espacio a asuntos literarios y culturales; del 10 de diciembre de 1812 hasta su desaparición en 1817, y habiendo cambiado sus editores, este cotidiano se convirtió en un periódico político. Cf. Esther Martínez Luna, Estudio e índice...

[2] editor. A la sazón los editores del Diario eran el abogado mexicano Carlos María de Bustamante quien, además, fue su fundador, Jacobo de Villaurrutia, y Wenceslao de la Barquera. En 1812 Bustamante (1764-1848) publicó en la ciudad de México su periódico El Juguetillo. En Antequera, hoy Oaxaca, José María Morelos y Pavón lo nombró brigadier e inspector general de caballería. En esta ciudad editó El Correo del Sur. Manifestó sus ideas contra Iturbide en La Abispa [sic] de Chilpancingo, por lo que fue encarcelado. Fue diputado al Congreso y auditor de Guerra. Escribió el Cuadro histórico, El Gabinete Mexicano, El nuevo Bernal Díaz del Castillo, o sea la historia de la invasión de los angloamericanos en México y el Diario histórico de México. En los primero años hubo una franca concordancia ideológica entre Bustamante y Fernández de Lizardi. En 1822, en cambio, sobrevino una acre disputa entre ambos. Bustamante publicó Cuelga del Barbero y su marchante a El Pensador y El nuevo Barbero y su marchante. Fernández de Lizardi contestó: “hablando de la conclusión de mi Tercer sueño, que era copia. Esto lo imprimió con tamañas letras, y yo con mayores le digo en la mitad de sus barbas que MIENTE, y en este concepto de mentiroso pasará usted en el público mientras no señale el original de donde copié mi dicho Sueño” en Barbero rapa a Barbero en Obras XII-Folletos, p. 96. Después hubo otra polémica debido a que Bustamante reprochó a Fernández de Lizardi haber atacado a los insurgentes y ser un “chaqueta”. Éste le respondió: “Usted, señor Barbero, no podrá creer que mintiese el reverendo Bringas, y menos en la cátedra de la verdad; así es fuerza que confiese que el patriotismo del señor Bustamente y mío fue tan público que, sin querer, lo elogió un enemigo nuestro en el púlpito: [Cf. Sermón político-moral..., en este volumen] ¿y después de estos riesgos había yo de ser chaqueta? Ni habrá quien lo crea, por más que usted lo diga”, en Otra afeitada de El Pensador al miserable Barbero en ibidem, p. 162. Añade ahí mismo: “si usted quiere, seamos amigos como lo fuimos en la cárcel por insurgentes, y así nos ahorraremos de incomodarnos”, p. 163.

[3] América es considerada como patria, porque la ciudadanía de los nacidos en este Continente era “españoles de América”. Sin embargo, llama la atención que ya se hable de México como nación.

[4] La verdad pelada. Por este poema dio inicio la serie de polémicas que Fernández de Lizardi sostuvo con los autores del Diario de México cuyos textos hemos incluido en este volumen. Cf. Obras I-Poesías y fábulas, pp.123-128.

[5] Las obras de Lacunza publicadas en el Diario de México hasta esa fecha son las siguientes: de marzo a septiembre de 1811 con sus iniciales J. L.: en el t. XIV los poemas: La irresolución”, 3 de marzo, núm. 1978, p. 249; “Salmos”, 11 de abril, núm. 2017, pp. 414-416; sin título el 12 de abril núm. 2018, pp. 417-420; sin título 24 de abril, núm. 2030, p. 465; “Mi desventura” y “Apología de las mujeres” el 5 de mayo, núm. 2041, p. 509; “Epigrama” el 12 de mayo, núm. 2048, p. 537; “Epigrama” 13 de mayo, núm. 2049, p. 542; “Sáficos adónicos” 18 de mayo, núm. 2054, p. 563; “Epigrama” 12 de junio, núm 2079, p. 663; “Epigrama”, 14 de junio, núm. 2081, p. 671; “Epigrama” 15 de junio, núm. 2082, p. 675; “Letrilla”, 16 de junio, núm. 2083, pp. 679-680; “Fábula. La mosca, la hormiga y la araña” 28 de junio, núm. 2095, p. 728; en el t. XV “Letrilla” 12 de julio, núm. 2109, p. 45; “Oda” 3 de agosto, núm. 2131, pp. 133-134; “Recuerdos de Silvio” y “Oda primera”, 19 de agosto, núm. 2147, pp. 197-198; “Oda segunda” 19 de agosto, núm. 2147, pp. 199-200 ésta firmada por Batilo; “Oda tercera” 21 de agosto, núm. 2149, pp. 205-206; “A Tirsis, Batilo, contestando al romance del Diario núm. 2148” 13 de septiembre, núm. 2172.

[6] La imprenta de doña María Fernández de Jáuregui estuvo en la calle de Santo Domingo esquina con la de Tacuba.

[7] Era costumbre que en la espalda del Sagrario que daba a una calle, se pusiera una cruz o figura de bulto que la gente llamaba “estampa”, frente a la cual los creyentes se persignaban en señal de reverencia; aunque aquí más bien se refiere a la señal de la Cruz que se hace frente a una herejía. Cf. Santamaría, Dic. mej. En sentido estricto “dar a la estampa” es entregar a impresión.

[8] Resumen de texto omitido: Lacunza critica otro poema anónimo e inédito titulado Salve, que constaba de 20 estrofas, que asegura posee “proposiciones que pueden ser motivo de escándalo, principalmente al común del vulgo, por la mayor parte idiota, si no se leen con la debida reflexión”. Asegura además “que tiene tantos defectos poéticos como palabras”. Señala dos proposiciones que pudiera considerarse a sus ojos heréticas, la primera en la estrofa 14, donde se dice que el malvado Bonaparte no obtendrá la misericordia de Dios, y cuestiona “¿de un Dios, que se alegra más de la vuelta del pecador al camino de la virtud, que de la perseverancia en él, de noventa y nueve justos?”; y en la estrofa 12 en la que se hace un exagerado elogio a Fernando VII hijo de la virgen María: “¿Puede darse mayor desatino, mi amigo, que llamar a nuestro amado, cautivo, y suspirado rey Fernando, fruto del vientre inmaculado de la más pura, más santa, y más admirable de las vírgenes, que fue creada sólo con destino a ser madre, sin detrimento de su entereza, del mejor de los hombres, del justo por excelencia, del único Dios, del rey de los reyes, y en fin del unigénito del padre eterno, eterno como él, y benéfico redentor del género humano?”

[9] Resumen de texto omitido: Lacunza somete sus propios juicios a la opinión más acreditada de la Iglesia.

[10] Juan María Lacunza (¿-1820). Poeta de la Arcadia de México. Usó los seudónimos de: El Inglés, Juan Mira Canazul, El Auxiliar, Aznucal, Batilo, Launzac, Olitabl, Otilab, Zanluca, Juan A. Mira Can Azul, Clérigo Escrupuloso y sus iniciales. Fernández de Lizardi le atribuye el de Gran Tamerlán de Persia.