DIARIO DE MÉXICO

del domingo 6 de marzo de 1814[1]

 

 

Fábula

 

Los dos muchachos

 

En la escuela había
entre otros muchachos,
uno presumido
de valiente y Guapo.[2]
Era jactancioso,
orgulloso y vano,
audaz, insolente
y desvergonzado.
Provocaba a todos
con mofa y descaro,
llamándolos necios,
botarates y asnos.
Hasta que un chicuelo
asaz [h]ostigado
de tantos insultos,
quiso refrenarlo.
Ven acá, le dijo,
pobre mentecato,
dime ¿en qué te fundas
para ser osado?
Veamos si mantienes
a fuerza de brazos,
lo que con la lengua
vas vociferando.
Dijo, y al instante
con denuedo y garbo,
al Guapo valiente
soltó buenos Palos.[3]
El valentoncillo
que se vio apaleado,
escapando el cuerpo
corrió como un ganso.
Y luego que estuvo
un poco apartado,
con estas palabras
comenzó a insu[ltarlo].
Eres un cob[ard]e
un tonto, un menguado
Quijote ignorante,
botarate y sandio.
Ni tú ni trescientos
valen un ochavo;[4]
como no arrebaten,
para todos basto.
Así cacareaba
avivando el paso,
porque el otro mientras
le enseñaba el palo.
Y por más que quiso
reñir mano a mano,
el Guapo escapaba
huyendo y hablando.
El del palo entonces
dijo, ya parado,
si zafas el cuerpo
en vano me canso.
Triunfar piensan muchos,
como tú insensatos,
porque charlan y huyen
el bulto a los palos
.
Si El Pensador viere
lo de los muchachos,
en el Guapo temo
que halle su retrato.


Patricio Vero[5]

 


[1] T. III, núm. 656, pp. 3-4.

[2] Guapo. En 1822 se publicó el texto Un Guapo admite el desafío del excomulgado José Joaquín Fernández de Lizardi, conocido por El Pensador Mexicano. México: Imprenta Imperial. Fernández de Lizardi había retado a discutir públicamente su excomunión. Nunca se firmó ni realmente admitió el desafío. Cf. Respuesta de El Pensador al valiente de a tres tlacos, Obras XII-Folletos, p. 145 y Desvergüenzas y excomuniones no destruyen las sólidas razones, Ibidem, pp. 147-155.

[3] Cf. Palos a El Pensador Mexicano..., folleto de Nugagá, en este volumen.

[4] ochavo. Moneda de cobre con peso de un octavo de onza y valor de dos maravedís, mandada labrar por Felipe III y que, conservando el valor primitivo, pero disminuyendo en peso, se usó hasta mediados del siglo XIX.

[5] Patricio Vero. Cf. nota 4 a Fábula. El perico hablador..., en este volumen.