DIARIO DE MÉXICO

del domingo 17 de abril de 1814[1]

 

El Duende



Señor Diarista.[2] Amigo y muy señor mío: ya es tiempo de que usted no se esté metido entre sus papeles y que deponga ese tono serio que tiene adoptado para hablar en su Diario. Es casi indispensable que toque usted sobre diferentes materias, en las cuales, aunque no se consiga su total remedio, a lo menos veamos alguna enmienda. Ahora que es la época preciosa de corregir abusos, de esclarecer proyectos, de economizar gastos y de realizar reformas, ¿por qué no declama usted contra la notoria indolencia de los más de los cafés[3] de esta populosa ciudad?, ¿no es muy doloroso que vaya cualquiera, pobre o rico, con el ánimo de desayunarse, y después de gastar un real[4] o dos sólo consiga una grande indisposición de estómago con lo que en ellos le ministran?, ¿será justo que estando semejantes tratos para servir al público, el dueño o administrador se desentienda de unos deberes tan privilegiados y sólo trate de asegurar su ganancia, con notable perjuicio de los consumidores? A mí me parece que no es conforme a la ley ni a la razón, pues lo que uno no quiere para sí menos lo debe querer para otro. No piensa usted que hablo sólo por antojo o capricho, no, señor mío, hablo por experiencia de poco más de año, que por falta de comodidad estoy precisado a frecuentar estas casas; y para prueba de mi verdad, lea usted las siguientes y muy notables faltas, que no sólo yo sino también otros concurrentes habrán palpado, y no podrán negar sin hacer un grande agravio a la verdad y a la justicia.

[...][5]

Por fin, amigo mío, sea usted imparcial, y no por alguna relación de amistad con los dueños de los expresados cafésa suprima este papel, condenándolo al fuego o carretón: tenga usted la bondad de publicarlo, acordándose que puede mucho aquella expresión del ¿qué dirán? Quizá habrá alguna enmienda como lo espero; si así fuere, me holgaré, y si no, continuaré declamando, pues así, como hay palos y garrotazos contra El Pensador,[6] ¿por qué no los ha de haber contra los cafeteros?, de quienes alguna reforma espera su amigo de usted.


El Duende[7]

 
 


[1] T. III, núm. 107, pp. 1-4.

[2] Diarista . Cf. nota 2 a Palo de ciego, en este volumen.

[3] cafés de la ciudad. Cf. nota 3 a Auto de Inquisición contra el Suplemento..., en este volumen.

[4] real. Cf. nota 4 a Carbón en abundancia, en este volumen.

[5] El autor critica acremente el café, azúcar, los molletes y el chocolate que se expenden en el Café Patriótico; del de la Cruz de Malta alaba el azúcar molida, al tiempo que arremete contra los molletes, el café y el chocolate. Sólo el Café de Apolo se distingue por su buen café, pero sus molletes eran peores que los del de la Cruz de Malta. Según el autor la leche de las tres casas es aguada. Además señala el mal servicio de sus dueños a quienes nadie reconviene por su mal servicio y peor calidad en los alimentos.

a Aunque la tuviéramos, no podríamos faltar, como hemos dicho otras veces, a la imparcialidad que debe caracterizar a un papel público. Amicus usque a aram. [Amicus usque ad aras es la frase correcta. “Yo creo un deber [...] el servir á mis amigos, pero no hasta ofender á Dioses por ellos.”[Blanchard, Escuela de las costumbres..., t. III, p. 173]. Mucho menos cuando no somos responsables de las opiniones ajenas. D [iarista].

[6] Cf. los folletos Palos a El Pensador Mexicano..., y Garrotazo a El Pensador, ambos en este volumen.

[7] El Duende. En un folleto de 1812 de Pedro Recio de Tirte Afuera, Diarrea de las imprentas..., reimpreso en Casa de Arizpe, así como en Frayles..., de 1815, reimpreso en la Oficina de María Fernández de Jáuregui, se menciona a El Duende de los Cafées. En 1820 se publica Conversación con el demonio del Duende de los Cafés, reimpreso en la Oficina de Mariano Ontiveros. Fernández de Lizardi se dirige a El Duende en el Correo Semanario de México, núm. 2, 29 nov. 1826, donde se lee: “Sr. Duende: he visto como diez pliegos impresos por usted en que [...] habla mucho y no dice nada. Si su objeto es reformar el teatro, no incline [...] la balanza de la crítica a ninguno en particular [...] endulzando su crítica [...] para no lastimar a los actores” Cf. Obras VI-Periódicos, pp. 38-39.