DIARIO DE MÉXICO

del domingo 1º de diciembre de 1811[1]

 

[Respuesta a D. A. O.]

 

 

Señor editor:[2] hágame vuestra merced el honor de insertar en su Diario la siguiente Respuesta a D. A. O. número 2231.[3]

Muy señor mío: doy a vuestra merced las más cordiales gracias por la deferencia que tiene con mi modo de pensar, concediéndome que las reflexiones de mi carta (número 2220)[4] a que se contrae, no sólo son juiciosas, sino aun moderadas; y en manifestar la uniformidad de sus nobles sentimientos con los míos, respecto al buen nombre de la literatura de América, nuestra común amada patria. El honor de ésta fue lo que únicamente movió mi pluma, para censurar en común todas las indecentes e insulsas producciones, que ya impresas, ya manuscritas, corren general e impunemente en nuestro México, y dan a entender al mismo tiempo que si teníamos la desgracia de no poder contener el torrente de tan malditos papeles, había a lo menos quien conociese sus defectos, y los daños que necesariamente ocasionan al buen crédito de nuestro país, cuya integridad, como buenos patricios, estamos obligados a conservar, y debe sernos muy preciosa.

Esto supuesto, no debe vuestra merced ofenderse de que mis proposiciones sean generales en este punto, y traer a la memoria el trilladísimo principio no hay regla sin excepción,[5] y poner en ésta no sólo las frioleras[6] de que vuestra merced es autor, y que estoy muy lejos de inculcar para criticar, confesándome insuficiente para ello, sino también algún otro papel, que no merece se le censure, aunque siento que aquéllas y éste corran mezcladas con los papeles, que no merecen ni aun que se les honre con la crítica. Diré más: entre las poesías de don J[osé Joaquín] F[ernández] de L[izardi], autor de La verdad pelada,[7] que censuro en mi citada carta, puede haber algunas que sean buenas, y no hayan llegado a mi noticia, por ser muchas, según me han asegurado las impresas bajo aquellas iniciales,[8] y no permitirme mis ocupaciones leerlas todas. Permítame vuestra merced, sin embargo, que dirigiéndome a él le diga, aunque sea contra mi genio, que de las pocas que he leído suyas, unas más, otras menos, todas son malas; y que estoy pronto, si lo exige, a analizarlas, y descubrir al público sus defectos, lo que a la verdad no deseo, pues me ha parecido suficiente hablar en globo, y, como vuestra merced bien dice, con moderación, de los de La verdad pelada, para empeñarlo no a que deje de ser autor, si éste es su flujo,[9] o de lucrar con sus papeles, si esto lo obliga a imprimirlos, sino a que los lime antes de darlos al público.

Muy bien preveo que su despique en aquel caso será criticar también los míos. Si aun le agrada, para facilitarle más su designación, le ahorraré el trabajo de buscarlos, diciéndole que, desde que se estableció el Diario[10] (donde únicamente han visto la luz pública mis producciones) he suscrito mis poesías con varios nombres, siendo los más principales y frecuentes, El Inglés, El Inglés Canazul, y últimamente Batilo[11] (nombre con que actualmente me honro en la Arcadia Mexicana)[12] y que, principalmente las primeras, no carecen de faltas, que estoy pronto a confesar, siempre que se me apunten racionalmente; aunque a mi amor propio no corresponde descubrirlas, sin que se le reclamen.

Últimamente, señor don A[nastasio] O[choa], finalizo esta mi respuesta con asegurarle que sus frioleras no son comprehendidas en la generalidad de la censura que alarmó a vuestra merced, que sentiré infinito, que don J[osé Joaquín] F[ernández] de L[izardi] me precise a tomar otra vez la pluma para criticar individualmente sus poesías, lo que aunque ajeno de mi carácter pacífico, y de mis principios, no dejaré de hacerlo, como mejor pueda;[13] y finalmente que bajo las iniciales A. O. descubro a mi antiguo dulce amigo Atanasio de Achoso[14] y a mi árcade compañero Damon:[15] en cuyo supuesto recibe, amable zagal, los cariñosos abrazos de tu Batilo, o

 

J[uan] M[aría] L[acunza][16]

 
 


[1] T. XV, núm. 2251, pp. 618-620. A éste responde Fernández de Lizardi en Respuesta a los números 2220 y 2251 del Diario. Cf. Obras XIV-Miscelánea, pp. 147-152.

[2] editor. Cf. nota 2 a Palo de ciego, en este volumen.

[3] Véase el texto anterior.

[4] Cf. Palo de ciego, en este volumen.

[5] no hay regla sin excepción. En un texto titulado “Acentuación latina”, impreso en el Diario, t. IX, núm. 1170, 20 dic. 1808, p. 710, firmado por El Clérigo Escrupuloso, seudónimo de Juan María Lacunza, se lee la siguiente nota: “Tiene V. razon Seor Escrupuloso, pero advierta que no hay regla sin excepción y si es V. tan compasivo, acérquese a las imprentas y corrija cuanto guste, que sin embargo de que no todas lo necesitan reconocerán a un buen patricio. R.”

[6] frioleras. Se refiere al título de uno de los papeles que Anastasio Ochoa y Acuña dice haber publicado de manera suelta. Véase el texto anterior.

[7] La verdad pelada. Cf. nota 4 a Palo de ciego, en este volumen.

[8] En el Diario de México, t. XIII, núm. 1756, 24 jul. 1810, p. 96, aparecen las iniciales J. J. F. A esa fecha, con las iniciales de J. F. L. se habían publicado: “Polaca que en honor de nuestro católico monarca, el señor don Fernando Séptimo, cantó J. F. de L.” (1809); “El que desde chico es guaje, hasta acocote no para” (¿1811?); “Ninguno diga quién es, que sus obras lo dirán”; “La muralla de México en la protección de María santísima, nuestra señora”; “No lo digo por usted, lo digo por el señor”; “Quejas de algunas mujeres en el tribunal de Apolo”; “El testamento del gato”; “La verdad pelada”, y “Hay muertos que no hacen ruido”. Cf. Obras I-Poesías y fábulas, passim.

[9] fluxo de palabras. “La abundancia excesiva de voces con que se explican los habladores.” Cf. Dic. autoridades. Seguramente es una alusión a los autores inspirados.

[10] Diario de México. Cf. nota 2 a Palo de ciego, en este volumen.

[11] Batilo. Cf. notas 5 y 10 a Palo de ciego, en este volumen.

[12] Arcadia Mexicana. La primera referencia que se tiene de esta asociación se debe al poeta veracruzano “Juan José de Güido (El Pastor Guindo), quien el 10 de noviembre de 1805 dedicó su poema titulado ‘Cantinela’ a esta asociación: ‘El pastor Guindo desde Veracruz, a los de la Arcadia mexicana’ [...] Semanas más tarde no sólo él, sino también otros árcades, como Agustín Pomposo Fernández de San Salvador (Mopso Mexicano) o Mariano Barazábal (Bárbara Lazo Manai), hacían también referencias a la Arcadia y a sus integrantes, o firmaban traducciones y poemas como Flagrasto Cisné (Francisco Manuel Sánchez de Tagle), e Iknaant (Ramón Quintana del Acebo). Pero no es sino hasta el 16 de abril de 1808 cuando se hizo pública —en las páginas del Diario— la formal constitución de la Arcadia Mexicana, y se invitó a los poetas interesados a sumarse a este grupo. El poeta José Mariano Rodríguez del Castillo fue el fundador y principal promotor, junto con Juan María Lacunza, del levantamiento de esta empresa. El primero escribe el artículo ‘Mis deseos. Rasgo poético, dedicado a Atanasio de Achoso’; al final de su texto, añade esta nota: ‘Con motivo de haber formado nuestra Arcadia los señores J. V. V., bajo el nombre de Delio; Atanasio de Achoso, bajo el nombre de Damón; el Inglés Can-Azul, bajo el de Batilo, M. B. o El Aplicado, bajo el de Anfriso, y yo que soy el inventor, bajo el de Amintas, hemos tratado de enlazarnos en público por la dedicación mutua de nuestras composiciones, como se ha visto en el Diario de esta capital. ¡Ojalá y los ilustres poetas que brillan en el periódico, tuvieran la bondad de asociarse a nuestra pequeña Arcadia, para darnos honor como lo ha hecho el caballero Marón Iknaant con el nombre de Dametas.’” Cf. Esther Martínez Luna, “Polémicas entre árcades”, pp. 13-15.

[13] Fernández de Lizardi contesta en Respuesta a los números 2220 y 2251 del Diario: “Se ha engañado vuestra merced si creyó atemorizarme con su último párrafo del 2251; y en prueba de ello le suplico, le insto y provoco a que (a pesar de su buena índole) analice  mis papeles, y descubra al público sus garrafales defectos; pero si los más ignorantes los conocen (número 2220 [Cf. Palo de ciego, en este volumen]) ¿qué tendría que descubrir? (número 2251) ¡Notable contradicción!”. Cf. Obras XIV-Miscelánea, pp. 151-152.

[14] Atanasio de Achoso. Cf. notas 8 y 9 del texto anterior.

[15] Damón. Cf. nota 8 del texto anterior.

[16] Juan María Lacunza. Cf. nota 10 a Palo de ciego, en este volumen.