DIÁLOGO SOBRE EL PENSADOR MEXICANO
DE 24 DE FEBRERO DE 1814[1]

ENTRE DON JUSTO, DON CÁNDIDO Y DON YUCUNDO

 

 

 

DON CÁNDIDO: ¡Es un atrevimiento!, ¡es una insolencia!, ¡es una picardía!...

DON JUSTO: ¿Qué le sucede a usted don Cándido? ¿De dónde viene usted tan colérico?

DON CÁNDIDO: De dónde he de venir, de casa de ese ignorantón de Nugagá.[2] Fui a visitarlo para divertirme con el tabardillo que le habría pegado el insigne Pensador Mexicano con su papel de 24 de febrero,[3] y me lo encuentro más fresco que una lechuga, diciendo que el tal papel no necesitaba contestación: lo primero “porque su autor había ya cantado redondamente la palinodia, en cuanto a la generalidad con que habló de los españoles americanos;[4] lo segundo, porque no sabía lógica; lo tercero, porque aunque quiso sacudirse de los palos, todos se le habían quedado en el cuerpo; y lo cuarto, porque o no entendía el castellano, o, si lo entendía, se hacía maliciosamente desentendido para no responder a los argumentos” con que lo atacó. ¿No es esto una insolencia?

DON JUSTO: Poco a poco, don Cándido, leamos El Pensador y veremos si Nugagá tiene razón en lo que dice.

DON YUCUNDO: A buen tiempo llego, pues se trata del pobre apaleado. No hay remedio, los llevó en las costillas, y su escudo no lo puede librar porque está hecho con hojarascas.[5] Lea usted don JUSTO.

DON JUSTO: Leamos... Van tres páginas y de todas ellas sólo se saca en limpio que, aunque a fuerza y refunfuñando, El Pensador ha cantado la palinodia redondamente.[6]

DON CÁNDIDO: Es verdad que la canta; pero qué ¿no más eso dice en las tres páginas?

DON YUCUNDO: ¿Pues qué otra cosa dice?

DON CÁNDIDO: Tantas cosazas.

DON YUCUNDO: Ya se ve. Un montón de paja y de charlatanerías que no vienen al caso, y que sólo sirven de manifestar lo mucho que ha dolido a El Pensador que Nugagá le haya hecho confesar en público sus errores.

DON CÁNDIDO: ¡Cómo! ¿Pues lo que dice y vuelve a decir de su número 18?[7]

DON YUCUNDO: Pues eso es lo que no viene al caso, porque Nugagá no se ha metido en impugnar cosa alguna de ese ni de los anteriores números; y El Pensador había de probar que estaba bien dicho lo del papel impugnado,[8] porque lo demás, como dicen, es cantar fuera del coro.[9]

DON JUSTO: Con que tenemos que Nugagá ha tenido razón para decir que El Pensador ha cantado la palinodia redondamente.

DON CÁNDIDO: Es verdad, pero en lo que sigue lo veremos. Verán ustedes cómo El Pensador le dice a Nugagá que sus argumentos son triviales y sofísticos.[10]

DON YUCUNDO: Y con eso se contenta; pero no pasa por acá ese facilísimo modo de vindicarse. Veamos quién tiene razón.

DON JUSTO: En la página y media que siguen, lleno de su acostumbrado orgullo, nuestro Pensador se mofa altamente de Nugagá juzgando que éste no advirtió lo que escribió y asegurando que no podrá escaparse de la dificultad, etcétera.[11]

DON YUCUNDO: ¡Qué vergüenza sería para el pobre Pensador que, examinado este punto, saliera triunfante Nugagá! Toda la bulla que mete y la burla que hace ¿sobre quién recaería entonces? Examinemos, pues. Asentó El Pensador en su Extraordinario impugnado que los criollos tienen los vicios de los indios y los españoles, y que no tienen sus virtudes”;[12] dos proposiciones generales (como a su pesar lo ha confesado el mismo Pensador) y para destruirlas probó Nugagá que no todos los criollos tienen los vicios que se les imputa, ni todos carecen de las virtudes de que se les despoja; y con estas proposiciones particulares, ciertísimas (como lo confiesa el ahijado de don Cándido) quedaron destruidas las dos generales que asentó El Pensador.

DON CÁNDIDO: Eso es imposible. Sobre que El Pensador dice que no; y antes asegura que ese argumento si fuera bueno (que no debe de serlo, puesto que él dice que no lo es) sería mejor para él.[13]

DON JUSTO: Amigo ¿usted sabe lógica?

DON CÁNDIDO: No.

DON YUCUNDO: Ni El Pensador tampoco, y en eso ha consistido la desgracia del pobrecito, que cándida o maliciosamente se fue creyendo que Nugagá, metiéndose a Quijote, trataba de probar que todos los criollos eran virtuosos, y que en ninguno había vicios. Disparates en que ciertamente no ha pensado Nugagá. Y así, señor don Cándido, para que usted no padezca semejante equívoco, me tomaré el trabajo de decirle una reglita de lógica, que podrá enseñar a El Pensador, para que otra ocasión no se envanezca tanto y no tenga que darse los porrazos desde tan alto. La reglita de lógica es ésta: cualquiera proposición general se destruye o falsifica con una particular contraria.[14]

DON CÁNDIDO: No lo entiendo muy bien.

DON YUCUNDO: Yo le pondré a usted un ejemplo para que lo entienda. Si se dice, verbigracia, todos los Pensadores saben lo que escriben, en habiendo un Pensador que no sepa lo que escribe, ya queda destruida la proposición general.

DON CÁNDIDO: Ya lo entiendo.

DON YUCUNDO: Pues lo mismo es si se dice: todos los criollos han sabido aprender y conservar los vicios de los indios y españoles, sin tener sus virtudes; en habiendo uno o muchos criollos que no hayan sabido aprender y conservar estos vicios, y tengan una o muchas virtudes, ya queda destruida la proposición general.

DON CÁNDIDO: Esto está malo, porque entonces ya no le queda qué responder a El Pensador; pero ya se ve que él no es bobo, y si se le escapa el tronco, se asirá de las ramas o de donde pudiere, pues es capaz de disputar contra las verdades más claras como no sean artículos de fe, según se ha insinuado él mismo; y está satisfecho de que tiene sus alabadores como yo y otros como yo.

DON JUSTO: Con que, en suma, El Pensador no respondió al argumento de Nugagá, ni siquiera lo entendió por falta de lógica, y, de consiguiente, tuvo éste razón en decir que aquél no sabe lógica.[15] Pasemos a otra cosa.

DON YUCUNDO: No, antes que dejemos este capítulo, quiero preguntar a don Cándido en quién deberá recaer toda la burla y mofa que hace El Pensador a Nugagá: ¿en éste que destruyó las proposiciones generales de aquél, o en el mismo Pensador, que ni siquiera entiende el castellano? ¡Vaya que es una vergüenza que el que iba a confundir a Nugagá haga recaer en él la mofa que su chabacana inteligencia quiso hacer a otro, aumentada con toda la que se merece por no saber lo que se pesca!

DON CÁNDIDO: Yo qué sé de eso. Lo que yo sé es que el hacer burla es un buen recurso para sacudirse las pulgas cuando uno se ve atacado y le faltan las razones.

DON YUCUNDO: A propósito de razones, El Pensador, en uno de los varios trozos de su mofa, habla de sus estudios. ¿Cuáles son los que ha tenido, don Cándido?[16]

DON CÁNDIDO: Todo el mundo sabe que ningunos; pero ahí está la gracia, en escribir con garbo sobre cualquiera materia, sea la que fuere, sin haber estudiado, porque escribir sobre lo que se ha estudiado mi galgo las pesca. Pero veamos aquello de mentiroso, que hay sí [sic] que no le arriendo la ganancia al señor Nugagá.

DON YUCUNDO: Ni yo se la arriendo a El Pensador, porque saldrá como en todo lo demás, por pasiva.

DON JUSTO: Dice en substancia el párrafo que si Nugagá no señala el papel en que El Pensador lisonjeó, pasa por un mentiroso,[17] y aquí está aquello de taparle la boca y confundirlo.

DON YUCUNDO: Pues por no habérsela tapado el confundidor va a quedar confundido, porque al fin del párrafo confiesa que existe el tal papel lisonjero,[18] cuando dice que Nugagá y él solitos saben de qué papel se habla.[19] Luego, existe el papel; luego, Nugagá no pasará por un mentiroso, aunque no diga éste es. Además que Nugagá lo que dijo en su impugnación fue que los que habían leído todos los papeles de El Pensador sabían que existía un testimonio de que sabía lisonjear;[20] de que se infiere que, sabiendo esto, los que han leído los papeles no era menester que El Pensador se hubiera descuidado en no taparse la boca para que la verdad de Nugagá quedara en su punto. Ahora bien, señor don Cándido, ¿quién faltará a la verdad y pasará por un mentiroso, quedando además confundido, Nugagá que en nada ha mentido o El Pensador que le ha dicho que falta a la verdad?

DON CÁNDIDO: Pero, señores, ésa sería una equivocación de las que suele padecer, y equivocatio non est erratio, sed est...[21] qué sé yo qué.

DON JUSTO: Aquí siguen otros párrafos en que repite El Pensador que Nugagá faltó a la verdad, y añade que faltó a la buena fe, que ha obrado con error craso o con malicia cabalística, y que lo ha hecho autor de una mentira para hilar una consecuencia absurda.[22]

DON CÁNDIDO: ¿Todo eso? Pues a la verdad, ya tengo miedo de que todo eso se convierta contra el mismo Pensador, porque el pobrecito luego se acalora y se le desprenden de la pluma ciertas cosillas... pero, veamos.

DON JUSTO: Es el caso que Nugagá asienta que El Pensador dijo que nuestra patria sin vicios alternaría,[23] etcétera y El Pensador niega esa generalidad, asegurando que no dijo sin vicios, sino sin los vicios que la afean.[24]

DON YUCUNDO: ¡Oh dioses inmortales, y qué porrazo se ha dado El Pensador! Ni siquiera se necesita saber lógica para conocer que su proposición es más general que la de Nugagá. Cuando se dice sin vicios podía quedar alguno a la patria; pero cuando se dice sin los vicios que la afean, ninguno puede quedarla, porque ninguno habrá, por pequeño que sea, que no la afee. Conque, don Cándido, ¿quién es el que faltó a la verdad y a la buena fe?, ¿quién el que procedió con error craso o malicia cabalística?, ¿quién el que atribuye mentiras?, ¿quién el que hila consecuencias absurdas?

DON CÁNDIDO: Yo no me meto en eso.

DON JUSTO: En el párrafo que sigue se vio precisado El Pensador a apoyar lo que le había dicho Nugagá, que nuestra ignorancia no es evidente hasta lo sumo,[25] como falsamente quería aquél.

DON YUCUNDO: Añada usted a eso que no entendió lo de la retorción de la apuesta,[26] pues Nugagá sólo quiso ridiculizar la suya haciéndole otra semejante o igualmente disparatada; con lo que se confirma más y más que no entiende o no quiere entender el castellano.

DON JUSTO: Tampoco responde El Pensador a lo de la altivez y el orgullo,[27] porque allá los puso acompañados del valor y acá de la justicia, y debió probar que el Evangelio no los condena acompañados del valor, que es lo que le impugnó Nugagá.

DON YUCUNDO: No hay que extrañar eso en El Pensador, porque abunda en semejantes faltas. Continúe usted.

DON JUSTO: En el párrafo que sigue no quiere que su famoso párrafo Desengañémonos hable generalmente, añadiendo, como suele, que no es cierto, que le sacan consecuencias depravadas, que le levantan testimonios.[28]

DON YUCUNDO: Y para eso se quiere fundar en que el artículo los no incluye generalidad porque es relativo de lo que está después. ¡Qué cosa tan graciosa que en el castellano estén los relativos antes que los antecedentes. Y luego dirán que El Pensador entiende castellano.[29] Pero, aunque no quiera, la proposición es tan general como las que más, como ya se lo dijo Nugagá.[30]

DON CÁNDIDO: Cómo es eso de general. No, señores, ¿no ven ustedes que El Pensador dice que no?

DON YUCUNDO: Pero la lógica dice que sí. Y si no, dígame usted, ¿es general esta proposición Dios crió los animales?

DON CÁNDIDO: Sí es.

DON YUCUNDO: ¿Y hay en ella la palabra todos?

DON CÁNDIDO: No.

DON YUCUNDO: Luego, no es necesario que se diga todos los animales, pues todos se entienden con sólo el artículo los, y así dejo a la prudencia de usted calificar quién es el que levanta testimonios y saca consecuencias depravadas.

DON CÁNDIDO: A la verdad que, aunque uno no quiera, las razones lo hacen callar, pero a fe que no harán callar a El Pensador que no entiende de razones, sino de palabras, y a fuerza de hablar hará el callar al más pintado.

DON YUCUNDO: En efecto, habla mucho y dice poco, aunque no en materia de desvergüenzas, como se puede ver para prueba en el solo pedazo que falta que ver de su papel.

DON JUSTO: De facto, en el fin de ésta y en toda la última página se encuentran bastantes, sin que aparezca otra cosa de substancia.

DON YUCUNDO: Pero es menester notar que espeta esas desvergüenzas a Nugagá, que escribió con tanta moderación que ciertamente no la merecía El Pensador. Y aunque es verdad que no se encuentra otra cosa de substancia, quiero, no obstante, decir algo sobre lo que falta, para que no diga don Cándido, como buen creyente, que el silencio proviene de escasez de razones. Dice El Pensador, colocándose boniticamente al lado de Juvenal e Iriarte,[31] y renovando la queja que puso en su página 44, que extraña la ojeriza que se ha acarreado por su Extraordinario, cuando estos autores ridiculizaron los vicios de su patria sin adquirirse los enojos que él. Omito la friolerilla de la diferencia que hay entre estos autores y el nuestro, y me limito a explicar a don Cándido en qué consiste la queja de El Pensador. Este hombre engañado creyó de buena fe que tan de justicia era darle las gracias si hablaba de sus paisanos la verdad sin hacerles ningún favor, como reconvenirle si hablaba con falsedad mal de todos sus paisanos. Pero es menester que advierta usted, don Cándido, que en lo primero ninguna gracia hizo, pues debía hablar la verdad, ya que se metió a hablar de sus paisanos sin que lo llamaran; y en lo segundo hizo notable agravio a su patria.

Dice también El Pensador, disculpándose de haber alterado un verso de Virgilio,[32] que ¡qué poca materia tenía Nugagá para refutarlo, cuando anda a caza de parvedades![33] Aquí se equivoca de varios modos El Pensador. Lo primero en decir que Nugagá tenía poca materia, cuando es constante que su papel está lleno de substancia y no de charlatanerías; lo segundo, en suponer que Nugagá le refuta, por haber alterado a Virgilio, pues no se metió en tal, y no hizo otra cosa que decir a El Pensador que no lo había sabido copiar; y Nugagá no acostumbra refutar como el Pensador diciendo, sino probando lo que dice; lo tercero, en decir que Nugagá andaba a caza de parvedades; pues todo lo que cazó eran gazapos de buen tamaño, despreciando las lagartijas y otras alimañas, como de poca importancia. Del mismo modo que yo ahora me dejo en el tintero cantidad de semejantes cosillas de que abunda el Escudo de defensa,[34] porque ya me he familiarizado con ellas, como peculiares del estilo de nuestro Pensador. Y también me dejo en el tintero la numeración y nota de los argumentos de Nugagá, que ni siquiera se atrevió El Pensador a tomar en boca porque no había de poder responderlos.

Y para que no crea don Cándido que hablo de memoria, le daré muestra con algún gazapillo cualquiera. El epígrafe que trae el Escudo de El Pensador es todo en su contra. Tan lejos estuvo de entenderlo que él mismo se critica con él sus defectos. Dice Rochefoucaul[t][35] que confesamos nuestros defectos para reparar con esta sinceridad el daño que nos harían en el juicio de los que lo supieran, es decir, que no los confesamos por virtud, sino que el amor propio nos dicta este arbitrio para evadir, por medio de la sinceridad hija suya, la crítica que nuestros defectos se merecen. Pero ya se ve, ¿qué obligación tiene el pobre Pensador de entender esto, no sabiendo que Rochefoucaul[t] sigue el sistema de atribuir al amor propio nuestras acciones en todas sus máximas? ¿Qué tal, don Cándido?, ¿le gusta a usted el gazapillo? Pero concluyamos, y dé usted mis memorias con las de don Justo a su querido Pensador, a quien sinceramente deseo mil felicidades.

 
 


[1] México: En la Oficina de don Mariano Ontiveros [Cf. nota 1 a Aplaudo el mérito..., en este volumen], 1814, 8 pp. El autor de este folleto polemiza con lo expresado por Fernández de Lizardi en El Pensador Mexicano, t. III, núm. 6, 24 feb. 1814, titulado Escudo de defensa contra los palos del señor Nugagá. Fernández de Lizardi contesta a este diálogo en el Suplemento de 21 mar. 1814 titulado Sobre una ridiculeza como decir: Sobre el diálogo fingido entre don Justo, don Cándido y don Yucundo, como el presente entre tío Toribio y Juanillo. Sobre el autor del diálogo citado, Lizardi en su respuesta dice que “algunos opinan que es el mismo Nugagá.” Cf. Obras III-Periódicos, pp. 531-541.

[2] Nugagá. Cf. nota 45 a Palos a El Pensador Mexicano..., en este volumen.

[3] En Escudo de defensa... Fernández de Lizardi había escrito: “Jamás me obstinaré en sostener una equivocación o falta de claridad mía, solamente por ser mía y por haberla estampado de mi orden [...] sólo a Pilatos estaba reservado el sostener su error por haberlo ya escrito [...] El Pensador, señor mío, no adopta estas pilatunas, y por lo mismo, está pronto a corregir sus equivocaciones y a aclarar su opinión en favor de la verdad y sin degradarse.” Cf. Obras III-Periódicos, pp. 409-410.

[4] En el mismo Escudo de defensa..., Fernández de Lizardi escribió: “Lo malo de esta proposición está en la generalidad: ya está confesado [...] se desprendió de mi pluma, acalorado con la presencia del soez y desvergonzado papel del arquitecto [...] en mis anteriores papeles se verá que jamás he tratado de generalizar.” Ibidem, p. 410.

[5] En el Suplemento de 21 mar. 1814, Sobre una ridiculeza..., Fernández de Lizardi responde en voz de Toribio: “El Pensador [le ha apretado a Nugagá] la mano un poquillo en su escudo que aunque él o ellos lo llaman de hojarasca, creo que es más que suficiente para quebrar en él palos de barquillos, pues de aquellos barquillos de oblea endulzada [...]. ¿Me entiendes? Pues ya ves que está claro que a palos de barquillos, se deben poner escudos de hojarasca.” Cf. Obras III-Periódicos, p. 534.

[6] cantar la palinodia. Retractarse públicamente, y, por extensión, reconocer el yerro propio, aunque sea en privado. En su respuesta a Nugagá, Escudo de defensa..., Fernández de Lizardi aceptó que habló con generalidad en su Suplemento de 26 ene. 1814; dice: “no trataba de generalizar. ¿Lo quiere usted y lo quieren otros más claro?” Ibidem, p. 411. En Sobre una ridiculeza..., Lizardi dice por boca de Toribio que “él está en sus trece”, y que saltaron de gusto Nugagá y Patricio Vero, porque “El Pensador dice ingenuamente que suenan generales sus proposiciones”. Añade “¡pobre del que confesara su delito, ya no le oían más sino que lo condenaban redondamente.” Ibidem, pp. 537-538.

[7] En Escudo de defensa..., Fernández de Lizardi había escrito: “Yo soy también el que dijo en mi número 18, folio 169, que ‘no puedo responder por lo que toca al carácter’, de todos los ‘americanos, sino sólo de los de México’; y dije que no lo haría como oráculo, ‘sino según mi corta comprensión’. Esto es demasiado excepcional, y estas abatidas expresiones están muy distantes del orgullo del que usted me acusa.” Ibidem, pp. 410-411.

[8] En Sobre una ridiculeza..., Fernández de Lizardi responde: “esto es, la generalidad sobre la que recayó la impugnación, ¿no es esto? [Nugagá había impugnado la generalidad de una proposición de El Pensador Mexicano, que él confesó había sido un descuido] [...] ¡se dará mayor picardía! Conque primero, ‘desdígase usted, confiese su error’, y después de confesado: ‘El Pensador no se debía haber retractado’, que a eso equivale: ‘que había de haber probado que estaba bien dicho lo del papel impugnado’; como quien dice; se debía haber sostenido en la generalidad.” Ibidem, p. 538.

[9] cantar fuera del coro. Frase figurativa que significa hablar fuera de lugar, descubrir o denunciar un secreto. “Choro. En su riguroso y proprio significado vale multitud de gente, que se junta para cantar y regocijarse, ò aplaudir, alabar y celebrar algúna cosa. [También] se toma comunmente por la parte del Templo y lugár separado y destinado, donde asisten los clérigos, ò los Religiosos para cantar las Horas Canónicas, y celebrar los Divinos Oficios, respondiendo al Sacerdote que canta la Missa en el altar mayór.” Dic. autoridades.

[10] En Escudo de defensa..., Fernández de Lizardi escribió: “no crea usted [...] que sea capaz por solas sus razones de prescindir del concepto que tengo formado de los más de mis paisanos: yo lo siento; pero mientras no me convenzan con solidez, he de insistir en que son ignorantes, desunidos, etcétera. ¿Quién será bastante a hacerme retroceder de esta opinión con argumentos triviales y sofísticos? He dicho así, porque tales son los de usted; y lo vamos a ver.” Cf. Obras III-Periódicos, p. 412.

[11] En el mismo Escudo de defensa..., Fernández de Lizardi escribió: “Yo juzgo que usted no advirtió lo que escribió o se adunó con el arquitecto para facilitar mi argumento con qué responderme [...] ni puede usted escaparse de la dificultad” Ibidem, pp. 412-413.

[12] Véase el texto Palos a El Pensador Mexicano..., en este volumen, particularmente el punto número 6, y véase la nota 9 al mismo texto.

[13] Cf. nota 30 a Palos a El Pensador Mexicano..., en este volumen. Fernández de Lizardi había escrito en Escudo de defensa...: “en buena lógica sabemos que de un particular no se infiere un universal, y en el supuesto, así las tropas [americanas] como los insurgentes son particulares [...] con lo dicho sobra para convencer a usted de que la mejor prueba que ha dado en favor de la general unión que usted pretende conceder a los americanos estriba sobre un argumento débil y especioso, que en caso de no serlo, sería mejor para mí.” Cf. Obras III-Periódicos, p. 413.

[14] Regla lógica: cualquiera proposición general se destruye o falsifica con una particular contraria. Proviene de tradición escolástica medieval en la que se sostenía: “la universal construye falsedad, y la particular, verdad”; en la lógica moderna la universal se expresa: para toda x vale...; y la particular: hay una x tal que...

[15] Véase el punto 4 de Palos a El Pensador Mexicano..., en este volumen.

[16] Cf. nota 28 a Palos a El Pensador Mexicano... en este volumen. Fernández de Lizardi, en Sobre una ridiculeza..., responde: “Toribio: [...]. Yo no quiero decirte donde estudió, qué cosa, quiénes fueron sus maestros, ni otras menudencias que ni tú preguntas, ni es menester decirlas para satisfacer a nadie, pero dime ¿has leído la obrita de El Pensador? Juanillo: Sí he leído. Toribio: ¿Y has advertido que suele copiar en latín y lo traduce; pone sus argumentos ya en forma, ya en materia; conoce lo que es sofisma, advierte una disparidad, hace una retorsión, [...] suele citar autores teólogos y legistas para corroborar sus opiniones, como también concilios, leyes y santos padres; ameniza su obrita con algo de historia sagrada y profana, procura colocar su castellano con un estilo popular, pero no muy enfadoso [...] Juanillo: Todo eso es constante. Toribio: ¿Y crees tú que eso se aprende jugando a la taba?” Cf. Obras III-Periódicos, p. 540.

[17] Cf. nota 5 a Palos a El Pensador Mexicano..., en este volumen; ver particularmente el punto 2 del mismo, sobre que Fernández de Lizardi sabe lisonjear.

[18] En Sobre una ridiculeza..., Fernández de Lizardi refutará: “Toribio: Pues nota la mentira. Prueban [Don Justo, don Yucundo y don Cándido] que lo dijo El Pensador, levantándole que se expresó con estas palabras: ‘que Nugagá y él solito saben de qué papel se habla’ y El Pensador no dijo tal, sino estos: ‘usted y yo solitos sabemos de qué papel’ quiso hablar; míralo en el Suplemento citado página 48. Juanillo: [...]. ¡Qué va de decir sabemos de qué papel quiso hablar usted a de qué papel se habla impersonalmente? [...] lo cierto es que no señalaron el papel; se han quedado con la negada.” Ibidem, p. 541.

[19] En Escudo de defensa..., Fernández de Lizardi había escrito: “¿Qué dice usted, lo señalará? ¿A que no, eh? Y véase usted aquí en un compromiso endiantrado. Si usted no señala el papel, pasa por un mentiroso en el concepto público; si lo señala, se expone (pues, a una larga disputa entre usted y yo); con que vea usted que el aprieto está un poco peliagudo [...]. Diga que el documento es, o un elogio que hice a la gran memoria de un niño de siete años [Cf. El Pensador Mexicano, t. I, Pensamiento extraordinario, Gloria a Dios, Obras III-Periódicos, pp. 133-136], o una laudatoria que tributé a la liberalidad con que el señor conde de la Valenciana premió a ese niño [Cf. Pensamiento extraordinario 5, Ibidem, pp. 137-141], o el elogio que hice a las virtudes de don Nicolás del Puerto [Cf. Elogio a la memoria de las recomendables virtudes de don Nicolás del Puerto, Obras X-Folletos, pp. 149-158], o, por último, la apología que trabajé al arquitecto [Cf. El Pensador Mexicano, t. III, Suplemento del 12 feb. 1814, Obras III-Periódicos, pp. 511-518]; y aunque usted y yo solitos sabemos de qué papel quiso hablar, puede citar uno de éstos.” Ibidem, p. 414.

[20] Cf. nota 14 a Palos a El Pensador Mexicano..., en este volumen.

[21] equivocatio non est erratio, sed est. Equivocación no es error, sino es… [equivocación] o.

[22] Cf. nota 16 a Palos a El Pensador Mexicano..., en este volumen.

[23] Sobre este asunto véase el punto 3 de Palos a El Pensador Mexicano..., en este volumen.

[24] Cf. nota 15 a Palos a El Pensador Mexicano..., en este volumen.

[25] Cf. nota 7 a Palos a El Pensador Mexicano..., en este volumen.

[26] Cf. nota 20 a Palos a El Pensador Mexicano..., en este volumen.

[27] En Escudo de defensa..., motivo de esta polémica, Fernández de Lizardi escribió: “El orgullo y altivez, esto es, aquella cierta superioridad que reconocemos en nosotros sobre los demás en ciertas ocasiones, no se condenan por el Evangelio siempre que van apadrinados de la justicia.” Cf. Obras III-Periódicos, p. 415.

[28] Cf. nota 9 a Palos a El Pensador Mexicano..., en este volumen.

[29] En Escudo de defensa..., Fernández de Lizardi había escrito: “En mi periódico no se leen estas palabras, todos, una, pero usted tiene gracia para levantarme testimonios. Yo dije los defectos, y ese artículo los es relativo a aquellos defectos determinados no comprehensivos de cuantos puedan tener.” Cf. Obras III-Periódicos, p. 416.

[30] Véase el punto 7 del folleto de Nugagá, Palos a El Pensador Mexicano..., en este volumen.

[31] En su Escudo de defensa..., Fernández de Lizardi escribió: “me coge de nuevo esta ojeriza al ver que Juvenal entre los antiguos e Iriarte entre los modernos ridiculizaron y manifestaron los vicios de su patria, sin que por esta causa se hubieran adquirido los enojos que yo; pero muchos de mis paisanos no quieren que les digan todas las verdades que deben decirse.” Cf. Obras III-Periódicos, p. 416

[32] Cf. nota 37 a Palos a El Pensador Mexicano..., en este volumen.

[33] En su Escudo de defensa..., Fernández de Lizardi escribió efectivamente: “¡qué poca materia tenía usted [Nugagá] para refutarme, cuando anda a caza de estas parvedades!” Cf. Obras III-Periódicos, p. 416.

[34] Cf. nota 1 de este folleto, así como la nota 1 de Palos a El Pensador Mexicano..., en este volumen.

[35] En Escudo de defensa..., Fernández de Lizardi usa como epígrafe el texto de La Rochefoucauld: “Nosotros confesamos nuestros defectos para reparar por medio de la sinceridad el perjuicio que nos hacen en el espíritu de los otros.” Cf. Obras III-Periódicos, p. 409.