DIÁLOGO ENTRE UN LICENCIADO Y UNA VIEJA[1]

 

 

VIEJA: Muy buena noches, mi señor licenciadito.

LICENCIADO: Bienvenida mi doña Pepa. Pase usted adelante. ¿Cómo ha ido de Constitución[2] y de borucas?[3]

 

[...][4]

 

VIEJA:              Ahora que dice usted libertad de imprenta,[5] dígame usted ¿qué contiene tanto papel que ha salido, que ya los muchachos me han atarantado[6] con tanto grito por las calles? Unos gritan: Cuartazo a Fernando por constitucional; otros: Coscorrones para los entremetidos;[7] otros...

LICENCIADO: Basta, doña Pepa, no se fatigue usted en numerar la infinidad de papeles que se andan vendiendo, porque no acabará usted en la noche.

VIEJA:              Pero dígame usted, ¿ese papel que menté primero es contra Fernando Séptimo?

LICENCIADO: No, señora, pues no tiene el título que usted le da, sino éste: Cuartazo al Fernandino Constitucional,[8] que es lo mismo que decir: cuartazo al apasionado a Fernando y a la Constitución, pero advierta usted que el cuartazo no se le dio por adicto a Fernando Séptimo y a la Constitución, sino para que se enseñase a discurrir con acierto.

VIEJA:              Pues vaya, dígame usted ¿qué contiene ese cuartazo y los demás papeles?

LICENCIADO: Por ahora no se puede; déjelo usted para cuando cesen mis ocupaciones por seis meses, que será lo que me dilataré en explicar los papeles que han salido desde que hay Constitución.

VIEJA:              Aunque sea dígame usted alguna cosa de un papel, que me dicen que ha salido contra todos los demás: el Solfeo del ciego, o yo no sé cómo se llama.

LICENCIADO: Qué importa, doña Pepa, que yo diga a usted lo que me pide, si al fin no lo ha de entender; pero vaya, por pasar el rato, diré alguna cosa, sea la que fuere, ¿no?

VIEJA:              Sí, señor. Vaya, me explicaré más clara: dice bien el dichoso papel, o dice mal, porque me dicen que barrió con todos, hasta con El Pensador Mexicano. Vaya, dígame usted lo que quiero, ya sabe usted que en una conversación se habla de todo y se puede pasar de un asunto a otro.

LICENCIADO: Es verdad, principalmente si en la conversación hay viejas... No lo digo por usted doña Pepa, vamos adelante. Lo que digo del famoso e insigne papel titulado Solfeada y palo de ciego a todo autorcillo lego[9] es que con él se confirma que el hombre, por más ilustrado que se vea, siempre está expuesto a errar, pues yo, a pesar de mi crecida ignorancia, he notado en él algunos defectos. Dos: manifestaré por ahora, y si mis ocupaciones me dejaren algún lugar, explicaré después otros hablando con el autor en una carta. El primer yerro es el de una proposición, que si no se halla expresamente en su papel, a lo menos se le infiere muy bien de otras. La proposición es ésta: nadie debe dedicarse a escritor público sin estar enriquecido de muchos conocimientos de las ciencias. Yo diría a este sabio insigne, si le conociera, señor mío, yo supongo, según la mucha erudición que usted manifiesta en su papel, que tendrá el Evangelio de Cristo en las uñas, como se dice, y, por consiguiente, que tendrá muy presente cierta parábola que dice que, habiéndose en cierta ocasión entregado a un hombre cinco talentos, a otros dos y a otro uno, para que comerciasen, lucraron los dos primeros a proporción de la cantidad recibida, y el tercero por no haber presentado ganancia alguna fue castigado severamente.[10] No me ha de negar usted que entre las muchas obligaciones que nos impone la significación de esta parábola, nos exige la de servir a nuestros semejantes, cuando lo necesiten, a proporción de nuestras facultades. De aquí infiero yo, y con razón, que por medio de la imprenta, que no es otra cosa que un conducto por donde pasan nuestros pensamientos a los otros hombres, no sólo podemos, sino debemos ilustrar a los ignorantes o necesitados de conocimientos, que es lo mismo, aunque las ideas o instrucción que tengamos sea mucha o poca, pues de este modo servimos a nuestros hermanos a proporción de nuestras facultades. He aquí, amigo mío, un argumento contra la proposición que ha cautivado muchos entendimientos, y que usted quizá juzgaría incontrovertible. Vamos al segundo yerro de nuestro autor, mi doña Pepa. Éste no es otro que el de haber criticado cuantas obras vinieron a su imaginación, de manera que yo buscaba en su papel con el mayor empeño a Cicerón, Virgilio, Ovidio, san Agustín, santo Tomás, y a los demás célebres escritores sagrados y profanos, por ver si estaban comprehendidos en su censura. Esta censura considerada bajo diversos aspectos era buena y era mala: buena en cuanto a que manifestaba la mucha habilidad de su autor en demostrar tan admirablemente los defectos que se hallaban en algunos papeles; y mala en cuanto a que criticó aun a los que no lo merecían, y si no, ¿cómo no manifestó en qué consistían los defectos del soneto que el señor Pensador insertó en su “Prospecto” de El Conductor Eléctrico,[11] y las demás poesías del insigne Villaseñor,[12] expuestas al público en la solemnidad de la jura de la Constitución? ¿No lo hizo así con el Tejedor Poblano[13] y otros? Ciertamente que este preclarísimo escritor, no contento con haber censurado las obras maletas, censuró aun a los que no merecían sino celebrarse, a la manera de un padre indignado, injusto e imprudente, cuya cólera no saciada con castigar a los hijos delincuentes, da sobre los que no tienen ninguna culpa. Pero a todo esto, doña Pepa, ¿ha entendido usted todo lo que he dicho?

VIEJA:              Algo de ello, señor mío.

LICENCIADO: La mitad habrá usted entendido, y la otra mitad no habrá podido comprender, ¿no es esto?

VIEJA:              Sí, señor.

LICENCIADO: ¡Sí, señor! Vamos que ni la pregunta entiende usted. En fin, son ya las nueve, y yo tengo que ir a una visita. Usted queda en su casa, otra ocasión hablaremos más. A Dios.

VIEJA:              A Dios, señor licenciado, que pase usted muy buena noche.


A. L.[14]

 


[1] México: Impreso en la Oficina de don Alejandro Valdés, 1820, 4 pp.

[2] Constitución. Cf. nota 13 a Sermón político-moral, en este volumen.

[3] borucas. (Del vasco buruka) Bulla, algazara. Boruquear. Armar boruca o bullanga. Santamaría, Dic. mej

[4] El texto omitido sigue sobre las ventajas de la Constitución.

[5] libertad de imprenta. Cf. nota 19 a Sermón político-moral, en este volumen.

[6] atarantado. Aturdido, espantado, atolondrado.

[7] Coscorrón al Entremetido. Cf. nota 7 a Solfeada y palo de ciego..., en este volumen.

[8] Primer cuartazo al Fernandino. Cf. nota 12 a Censura de un Ciudadano..., en este volumen.

[9] Solfeada y palo de ciego a todo autorcillo lego. Véase el folleto anterior, en este volumen.

[10] “Porque es como si uno al emprender un viaje llama a sus siervos y les entrega su hacienda, dando a uno cinco talentos, a otro dos y a otro uno, a cada cual según su capacidad, y se va. Luego, el que había recibido cinco talentos se fue y negoció con ello y ganó oros cinco. Así mismo el de los dos ganó otros dos. Pero el que había recibido uno se fue, hizo un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su amo. Pasando mucho tiempo, vuelve el amo de aquellos siervos y les toma cuentas, y llegando el que había recibido los cinco talentos, presentó otros cinco, diciendo: Señor, tú me has dado cinco talentos; mira pues, otros cinco que he ganado. Y  su amo le dice: muy bien, siervo bueno y fiel; has sido fiel en lo poco, te constituiré sobre lo mucho; entra en el gozo de tu señor. Llegó el de los dos talentos y dijo: señor, dos talentos me has dado; mira otros dos que he ganado. Díjole su amo: Muy bien, siervo bueno y fiel, has sido fiel en lo poco, te constituiré sobre lo mucho; entra en el gozo de tu señor. Se acercó también el que había recibido un solo talento y dijo: Señor, tuve cuenta que eres hombre duro, que quieres cosechar donde no sembraste y recoger donde no esparciste, y temiendo, me fui y escondí tu talento en la tierra; aquí lo tienes. Respondióle su amo: Siervo malo y haragán, ¿conque sabías que yo quiero cosechar donde no sembré y recoger donde no esparcí? Debías, pues, haber entregado mi denario a los banqueros, para que a mi vuelta recibiese lo mío con los intereses. Quitadle el talento y dádselo al que tiene diez, porque al que tiene se le dará y abundará; pero a quien no tiene, a uno que tiene se le quitará, y a ese siervo inútil echadle a las tinieblas exteriores; allí habrá llanto y crujir de dientes”. Mt. 25, 14-30.

[11] Soneto. Cf. nota 19 a Solfeada y palo de ciego..., en este volumen.

[12] Fernández de Lizardi publica en el núm. 8 de su Correo Semanario de México un poema titulado  “Regalito al padre Villaseñor”, firmado por El Evangelista de la Plaza, que a la letra dice: “Dicen, señor Pensador,/ que en eso Algo de masones,/ lucieron las producciones/ del padre Villaseñor.” La “nota c” dice: “Así se dice de pública voz y fama”, refiriéndose a la obra de Villaseñor. Cf. Obras VI-Periódicos, p. 129. L. M., en su folleto Solfeada y palo de ciego..., en este volumen, menciona que no le fue posible “hacer la honorífica mencion que quisiera de las ‘poesías, que [...] DISPONIA D. Josef Maria Villaseñor Cervantes’”, p. 10, en el original. Este escritor mexicano publicó El Parasismo de América en el rapto de Lisana. México: Oficina de María Fernández de Jáuregui, 1812, 36 pp.

[13] El Tejedor Poblano. “El Tejedor Poblano y su compadre, México-Puebla, Oficina de Mariano Ontiveros-Oficina del Gobierno, 1820. [48 pp.] Consta de siete números, escritos en forma de diálogo que tratan, entre otras cuestiones, de lo que era la Constitución, sobre el papel del rey en el sistema monárquico constitucional, así como sobre la elección de diputados y la función del Congreso de las Cortes. Explica, además, los conceptos de libertad e igualdad expresados en la Constitución española. Los números del 1 al 3, se imprimieron en México; del 4 al 6, en Puebla el 3 de junio, 21 de julio y 11 de agosto, respectivamente.” Cf. Meza Olivar y Olivera López, Catálogo de la Colección Lafragua..., p. 240.

[14] A. L. En la Segunda carta de El Pensador al Payo de Rosario. Muerte y funeral del Centzontli Tecolote (1824) reproduce una décima de A. L. al periódico de Bustamante: “Fue mi vida tal ligera/ que instantes sólo lució, / y en dos por tres acabó/ como acabará cualquiera./ Ya se ve que mengua fuera/ que pretendiera lugar,/ cuando se me ha hecho notar/ por el tiempo que no miente,/ que delante de la gente/ cantar bien o no cantar.” Autor de A los niños, Puebla: Imprenta de san Felipe, 13 de junio de 1820. Firmado como El Imparcial o El Amigo de la Razón A. L.; otro, El Imparcial o El Amigo de la Razón, Puebla: Imprenta del Gobierno, 25 de junio, 1820. Precio medio real, a beneficio de las madres capuchinas; El Imparcial o El Amigo de la Razón. Puebla: Oficina del Gobierno, 2 de julio, 1820. Trata los abusos de la imprenta. Amantes de la libertad. Puebla: Oficina de don Pedro de la Rosa, 8 de julio de 1820. Señor don José María Landa. México: Imprenta de don Alejandro Valdés, 1820 y este Diálogo entre un licenciado y una vieja.