DAR QUE VAN DANDO CARTA A UN ARGELINO

RESIDENTE EN MÉXICO Y AUTOR DE

UN PAPEL TITULADO

 

NO REBUZNARON EN BALDE EL UNO Y EL OTRO ALCALDE[1]

 

 

Muy señor mío: quiero referir a vuestra merced un cuentecito que oí en esa capital siendo estudiante. Dizque el señor virrey Gálvez[2] tenía en su Palacio[3] un loco llamado Juanillo con quien se divertía. En cierta ocasión el virrey y los tribunales iban a la Catedral[4] de asistencia a una misa de gracias; el loco, que se hallaba en la misma puerta por donde entraba la comitiva, tuvo antojo de seguir a su amo y venciendo la repugnancia de las guardias se colocó detrás del señor Gálvez. Un alabardero le dio por detrás con la lanza, sin duda para que se retirara, pero el loco sin volver el rostro, levanta la mano y asienta una palmada en la espalda del señor Gálvez. El virrey, entonces, detiene el paso y pregunta irritado: ¿qué es esto?, señor (respondió el loco sin inmutarse) dar que van dando. Confieso a vuestra merced, señor Argelino,[5] que si hubiera estado presente a esta graciosa aventura le habría aconsejado al señor Gálvez que le diera una palmada al regente de la Audiencia[6] (que supongo sería el más inmediato a su persona), diciéndole dar que van dando. Pase esto por cuento y vamos adelante.

Llegó a mis manos el papel de los rebuznos que usted me dirigió,[7] y sin detenernos en palillos que acabarían en odiosas personalidades, responderé a lo que me pertenece, para desvanecerlo de la ilusión que ha padecido creyendo infalibles sus pruebas. El público las comparará, conocerá que no he querido engañarlo y que no merezco la nota de sedicioso; dejo al señor Pensador lo que le toca, y usted puede ayudarlo a comentar aquella sentencia de Plinio el Joven: Un príncipe puede ser aborrecido sin que aborrezca, pero no puede ser amado si no ama.

Primer rebuzno: me atribuye vuestra merced en su papel la odiosa igualdad que figuró en su cerebro del excelentísimo señor Apodaca[8] con Nerón y Tarquino; cualquiera que lea mi carta conocerá la impostura. Yo digo solamente que el excelentísimo señor Apodaca debe conocer el daño que hace la adulación, y que si lee la historia se convencerá de que las alabanzas no suponen mérito cuando hombres perversos como Nerón y Tarquino tuvieron más panegiristas que Bruto y Catón; pero usted, señor Argelino acostumbrado a formar silogismos a estilo de El Pensador, saca las descabelladas consecuencia que produce un errado modo de pensar. Pondré dos ejemplos para que el público conozca la solidez de los discursos en que usted funda el acierto del rebuzno. San Bernardo en el libro 1 De consideratione le dice al Papa Eugenio: no des oído a los cortesanos, acuérdate que sus condescendencias mancharon (con la simonía) la silla santísima que ocupa[s]. Tus predecesores en el siglo once abrieron puertas a los vicios,[9] etcétera. Véase aquí que, según el modo de silogizar del Argelino, resulta Eugenio IV simoniaco. Otro ejemplo: fray Bartolomé de los Mártires[10] decía a los obispos del Concilio de Trento: sólo en el latrocinio de Éfeso se hacían máximas nuevas que se desconocían en las costumbres de la Iglesia; si la residencia de los obispos no se arregla a este verdadero espíritu, sabré ir a Roma. Vea vuestra merced, señor Argelino, que si los ejemplos son para formar pariedad, resulta que el Concilio de Trento es el latrocinio de Éfeso; delirio que no tuvo jamás el arzobispo de Braga.[11] Dar que van dando.

Segundo rebuzno: asegura vuestra merced que el excelentísimo señor Apodaca estableció la Junta de Censura,[12] y que siendo sus vocales por nombramiento de las cortes, no es responsable nuestro jefe de que sean tres o cinco, siendo otro el que ha de dar el empleo que falte. Ahora sí creo yo que aventajó vuestra merced a El Pensador en poner contradicciones y desatinos en tan pocas palabras. Establecer quiere decir fundar, instituir, hacer de nuevo, ordenar, mandar, decretar; luego, si el excelentísimo señor Apodaca no puede nombrar los vocales de la Junta, resulta que no puede establecer la Junta. Como jefe superior cuidará de que tenga cumplimiento el decreto de su establecimiento, pero si el decreto ordena que la Junta debe constar de cinco individuos, y la reunión de los cinco se imposibilita por la falta de los señores Beristáin,[13] Castañiza,[14] etcétera; ¿en qué orden, ley o privilegio se funda nuestro jefe para establecer (como vuestra merced dice) la misma Junta compuesta de sólo tres individuos? Aun cuando fueran cuatro, que no son como veremos después, tampoco se prueba que el excelentísimo señor pueda conceder ni aún reconocer autoridad en una Junta puesta sin arreglo al decreto de su fundador. Vaya un ejemplo de la ordenanza militar: se hace consejo de guerra a un capitán; la orden previene que sean siete coroneles, incluso el presidente, pregunto: ¿podrá su excelencia formar un consejo con menor número de vocales? Dar que vienen dando.

Pondré a vuestra merced otro ejemplo: se mandó que la Diputación Provincial[15] se instalara en México, compuesta de siete individuos cada uno de sus respectivas provincias, empezando sus funciones con aquéllos que se habían nombrado en el año de [18]14. Supongamos que hubieran muerto el de Puebla[16] y el de Oaxaca[17] con sus dos suplentes, pregunto: ¿se hubiera formado en este caso la Diputación con entera exclusión de los que faltaban y sin nuevo nombramiento de sus provincias para otros individuos que la completaran? Con tal que vuestra merced no me saque una consecuencia a estilo de El Pensador, le diré que, así como no puede haber Diputación provincial faltando uno, porque está mandado que cada provincia nombre el suyo, y este número no puede suplirse, del mismo modo, habiendo decretado el número de cinco individuos para la Junta de Censura, no se puede instalar tampoco la Junta de Censura en faltando algunos individuos de ella. Si hay alguna disparidad dígaseme. Si hay un decreto para tan distinto proceder, hágase saber a la N[ueva] E[spaña]. El ejemplo que vuestra merced pone con los otros tribunales que, sin incurrir en nulidades, proceden en sus funciones aunque mueran algunos individuos, no vale en nuestra nueva legislación; así pensaban y piensan los rutineros del siglo XV, pero por las nuevas instituciones de nuestro sabio Código se obra de otra manera como lo vemos en los ayuntamientos; si falta alguno por muerte o renuncia, se elige otro inmediatamente y antes de la Constitución no se practicaba esto. Dar que van dando.

Tercer rebuzno: me acusa vuestra merced de que injurio a la Junta de Censura, olvidándome del santo precepto; vamos a las pruebas, porque ni en mi Carta a El Pensador[18] usé de voces vagas, ni ahora lo repito sin señalar los hechos. Digo que los vocales de la Junta de Censura son tres, como se prueba por las firmas que se hayan en la censura puesta al papel titulado: El hombre libre pero entre bayonetas,[19] a saber, los señores Fagoaga,[20] Tagle,[21] Villanueva[22] y Osés,[23] secretario; lo mismo se prueba con otras tres causas que puedo citar y cuyos documentos con los demás fundamentos con que pruebo la ilegitimidad y nulidad de los procederes de esa Junta, tengo remitidos a la Suprema de Madrid; sus procederes, contrarios a la misma ley que la fundó, son los siguientes. En el artículo 15 del reglamento de 10 de noviembre de [1]810 se dice que la Junta censoria debe juzgar fundando su dictamen.[24] No he visto una acta de la Junta que funde su dictamen. El artículo 16 ordena que se oiga la contestación o defensa del autor, para confirmar su primera censura[25] y en los artículos 24 y 25 del Decreto adicional de 10 de junio de [1]813 se manda que “la detención y supresión de un papel no puede hacerse hasta después de la calificación absoluta y definitiva”.[26] ¿Cuándo ha practicado esto la Junta de Censura? En el artículo 14 se previene que se le haga saber al interesado los fundamentos que tuvo la Junta para censurar el papel.[27] Muéstreseme un solo caso en que se haya cumplido el artículo de este decreto. El artículo 11 dice: “Si toda la junta fuese injuriada, censurarán el impreso en este punto los tres suplentes”.[28] ¿Se ha procedido de esta manera con la Carta a El Pensador? El artículo 12 ordena que los ayuntamientos constitucionales elijan el fiscal para la Junta de Censura.[29] ¿Y se practica así en México? No lo sé, lo que sé es decir como el loco d[e]l señor Gálvez. Dar que van dando.

¿Y qué se deberá hacer con un papel en que se le niega a la Junta de Censura la legitimidad y legalidad de sus juicios y establecimiento? Lo que hizo la Junta de Cádiz en igual caso en tiempo de las Cortes Constituyentes: oficiar al supremo Congreso y decirle que para censurar aquel papel no se juzgaba autorizada. Yo no digo que el excelentísimo señor Apodaca sea responsable de los procederes de la Junta, la responsabilidad se la atribuyó por haberla instalado sin el número de individuos que ordena el decreto. Dar, que van dando, señor Argelino.

Cuarto rebuzno: asegura vuestra merced que la Junta de Censura es de más necesidad que el establecimiento de jueces de letras.[30] Éste seguramente es el mayor rebuzno. Oiga vuestra merced de qué modo se demuestra lo contrario: las provincias de Puebla, Oaxaca, Veracruz,[31] Tlaxcala,[32] México,[33] etcétera, contienen más de dos mil ayuntamientos de puros indios, y en los alcaldes constitucionales de estos ayuntamientos reside la administración de justicia: lo más común es que no saben ni leer, y de aquí resultan las vejaciones de los subdelegados, tenientes y aun comandantes que usurpan la jurisdicción, y la falta de administración de justicia. Supuesto este caso que por desgracia nuestra es demasiado cierto, todo sensato debe pensar como yo lo he escrito en la Carta a El Pensador y decir a vuestra merced: administrar la justicia es de más necesidad que censurar papeles, y no se puede conseguir lo primero sin el establecimiento de jueces de letras.[34] La razón que vuestra merced alega diciendo [que] nuestras Cortes establecieron la Junta de Censura desde el año de [18]10 y los jueces de letras pueden todavía para su establecimiento de la distribución de los partidos es muy ridícula y necia, como si yo dijera: la división de la monarquía en provincias es de más necesidad que establecer tribunales y reglas para la administración de justicia, y lo fundo en que nuestra Constitución hizo lo primero en el artículo 10[35] y lo segundo no lo determinó hasta el artículo 242.[36] Convengo en que la ley suple los jueces de letras por los subdelegados y alcaldes; pero en nuestro caso es peor el remedio que la enfermedad, como lo acredita la experiencia. En todo caso, dar que van dando.

En México, habiéndose cumplido el artículo 9 de la Ley de tribunales, faltaban los jueces necesarios de primera instancia;[37] pero no faltaron todos, y resultando en las demás provincias mayor necesidad de jueces, queda en pie mi argumento para su establecimiento. Ya, gracias a Dios, hemos sabido el correo pasado por el índice expurgatorio de la Junta de Censura (alias el Noticioso General)[38] que se empiezan a establecer jueces de letras en los partidos de esta provincia. Ya se empieza a conocer, señor Argelino, que si la necesidad obligó a fundar en esa capital jueces de letras, mayor necesidad los obliga a fundarlos en los partidos de las demas provincias. ¡Cuántos abusos se hubieran remediado, si conociendo de antemano la necesidad se hubieran establecido desde la jura de la Constitución,[39] decía bien el loco de[l] señor Gálvez: dar que van dando.

Quinto rebuzno: conque el excelentísimo señor Apodaca para jurar la Constitución quiso proceder con madurez y organizar infinitas cosas que no hay en Veracruz.[40] ¿Querrá vuestra merced decirme, señor Argelino, por qué no le ocurrió esta respuesta al excelentísimo señor Apodaca cuando le instaba con oficios el gobernador de Veracruz? El remiendo podría pasar entre ciegos, pero no es del propio paño. Resulta nada menos que una reconvención amarga a todos los jefes de provincia en la Península que la juraron inmediatamente sin quererse tomar tiempo para proceder con madurez y arreglar infinitas cosas que no hay en Veracruz. ¡Virtuoso Agar,[41] cuando algún día leas esto, cómo disculparás la precipitación con que juraste nuestro Sabio Código! ¿Cómo responderás estos cargos?

Seamos ingenuos señor Argelino, nadie aborrece al excelentísimo señor Apodaca; pero son muchos los papeles públicos en que se señalan las infracciones de la Constitución, y esto no tiene otra respuesta que desmentirlos o confesarlos. Sirva de ejemplo lo que se ejecuta con don Rafael Dávila[42] además de otros, y lo que sobre su causa se ha publicado en el papel titulado La verdad aunque amargue es muchas veces objeto precioso de la libertad de imprenta.[43] Si acaso defienden a su excelencia como vuestra merced, El Pensador y otros, ninguno toca los únicos puntos que nos interesan, a saber, plantear la Constitución y castigar sus infracciones en la parte que pueda, ya como jefe político o como presidente de la diputación provincial. De nada nos sirven las voces de paz, unión y fraternidad que tanto cacarea vuestra merced y sus secuaces: ya estamos cansados de palabras y promesas, queremos obras que son las que hacen falta para que tenga efecto esa paz, unión y fraternidad que se busca. Hágase saber a toda la nación cuáles son los medios que el excelentísimo señor Apodaca ha puesto para hacer que se cumpla la Constitución; hágase saber cuáles son los obstáculos que se ponen en las Américas para que no se pueda conseguir; hágase saber a todo el Universo, en qué se parecen las providencias que se toman aquí con las que se ejecutan en la madre patria; hágase saber la enorme distancia y separación en que nos pone el gobierno de Nueva España con nuestros hermanos de la Península, para que no se nos atribuya a nosotros mismos. Compárese la libertad que allí se goza con la que nosotros tenemos. ¿De qué manera se hubiera tratado aquí un Quiroga[44] y un Riego?[45] Los hubieran llamado sediciosos y enemigos de la paz, unión y fraternidad. Compárense los escritos que se publican allá con las notas y censuras de la Junta de México y los papeles que aquí se escriben. Compárese la conducta de los jefes de Galicia, Aragón, Cataluña y Valencia, con la que observan en esta América nuestros magistrados. Y declárese finalmente si después de haber jurado un sabio código en unión y paz de la Península, hemos de repetir la amarga queja que hace un profeta al pueblo hebreo en nombre del Todopoderoso: “Con la boca me alaban, pero su corazón está muy distante de mí”.[46]

Es una desvergüenza señor Argelino que vuestra merced pregunte quién se toma el título de jefe político para que se avise y castigue. ¿Pues, qué se ignora en México que el excelentísimo señor Llano[47] se titula jefe político y comandante general de esta provincia de Puebla. ¿Qué adelantamos con que cada cual pueda en este caso (como vuestra merced dice) gritar como le acomode? Ya que vuestra merced se precia de no usar de voces vagas, señale vuestra merced las palabras con que falto al respeto de las autoridades. No amedrentan los graznidos de los dos cuervos: vuestra merced en su escrito se manifiesta muy bajo declamador para que pueda atemorizar a un liberal.

He dicho que la Constitución proscribe la autoridad del virrey, porque proscribe la autoridad que reúne el gobierno político y el mando de las armas. Ya verá vuestra merced que no soy tan pobre y miserable. Respeto la literatura del señor Alcocer,[48] y demás personajes que en su dictamen llamaron virrey al señor Calleja, pero creo muy bien que Cayo Mario los hubiera pasado por las armas si no le hubieran dado semejante tratamiento; será verdad que no obrarían por temor, también lo es que no son oráculos. En el mismo sentido digo que la Ley de tribunales hace mención de virreyes, etcétera, pero no creo que se haga ley para derogar un artículo de nuestra Constitución reuniendo en una misma persona los dos mandos para inutilizar la observancia y estabilidad de nuestro Código, y supuesto que vuestra merced funda su prueba en la autoridad de el señor Alcocer, deseo yo también me diga vuestra merced si se podrá prohibir la libertad de imprenta[49] en N[ueva] E[spaña] fundados en las autoridades que así lo persuadieron al señor Venegas, y que tan bien cumplimiento se le dio en su gobierno y en el de su sucesor don Félix Calleja. Sentiré que no se me responda.

Por lo que toca al despacho de[l] virrey expedido al señor Calleja por el ministro de Ultramar, voy a publicar un secreto que quería tener oculto, y que lo manifiesto por la necesidad en que usted me pone de defenderme. Oiga usted lo que se dice de ese ministro en el juicio imparcial de las Cortes, y vea después si valdrá la autoridad. Pero es de notar que el que ha escrito eso (habla de un papel suelto que publicó), lejos de haber sido maltratado por alguno de los gobiernos anteriores, ha sido muy favorecido por todos ellos con harto perjuicio de la causa pública, por que con sus escritos democráticos ha hecho mucho daño y especialmente en las Américas. Por eso las Cortes lo han premiado fiándole nada menos que la firma del Rey, que es lo mismo que haber puesto la zorra a guardar uvas.

Ninguno le ha negado al excelentísimo señor Apodaca el mérito de la pacificación; yo dije a El Pensador y lo repito aquí, que se ha exagerado. Usted habla un grandísimo disparate, cuando dice que si los obispos han contribuido, han sido reverberos y que el sol que daba los rayos era el señor Apodaca. En Argel se creerán estas alegorías, no en N [ueva] E[spaña]. Se confiesa el mérito del obispo de la Puebla[50] porque no puede ocultarse, y como confesión que arranca la verdad; pero si el obispo es reverbero, el sol será el monarca, puesto que el excelentísimo señor Apodaca no tiene por sí tanta virtud, ni tales rayos de luz: quédese también su excelencia en la clase de reverbero.

No encuentro en su papel de vuestra merced otro argumento o cargo a que deba yo satisfacer; lo he andado paso a paso, para enseñarle con ésta mi conducta, que muchas pruebas que hay en mi Carta a El Pensador se las dejó en el tintero, supongo que no sería por olvido, sino por que no encontró respuesta, habiendo acumulado en su papel de los rebuznos cuanto pudo haber a la mano. Ya se ve, la cosa es tan pobre que da muy poco de sí, aunque entren en cuenta las declamaciones y versitos de cuya aplicación me he quedado en ayunas y quedaré entre tanto no tenga usted la bondad de explicármela. Concluí, señor Argelino, soy más amigo de la ley que usted, tengo más unión y busco la paz y la fraternidad con obras no con palabras. Si hay sofisterías y proposiciones vagas en mis escritos señálelas usted, y no hable con el mismo vicio que critica en otros. Ya el público está desengañado, cree cuando se le enseñan hechos y razones, va aprendiendo a conocer el verdadero espíritu de aquellos escritores que cogen la pluma por salario.

 

J[uan] N[epomuceno] T[roncoso][51]

 

 

Nota 1

 

En Gaceta del Gobierno de Madrid de 4 de agosto, se hallará la indicación propuesta por el señor Valle para que se habilitase la Junta de Censura en Cataluña y se declarase si era válida faltando el número de los individuos establecidos por el Decreto. El mayor número de los señores diputados ha opinado por la afirmativa, declarando que no tengan valor las censuras que haya puesto la Junta de Cataluña sino hasta la aprobación de las Cortes. Traslado a la Junta censoria de México. Y dar que van dando.

 

 

Nota 2

 

Es fuerza responder también a la graciosa nota de su papel: dice usted que no tiene empleo ni lo pretende. Usted infórmese y verá que estamos quizá iguales. Pone usted como nuevo mérito que jamás ha contestado con el señor virrey.[52] En el reino hay muchos que pueden alegar conmigo igual mérito y otro poquito más, a saber, que ni lo conocen. Guarde usted su nota para su hoja de servicio y yo procuraré que le valga algo para que no se mantenga solamente de su personal trabajo.

 
 


[1] Puebla: Imprenta Liberal, 6 pp. (16 nov. 1820). Alude al folleto escrito por Fefaut el Argelino (cf. nota 141 a No rebuznaron en balde..., en este volumen). Dar que van dando: “Phrase vulgar, con que se explica recibir un golpe, que pasa sucesivamente del primero al segundo, de éste al tercer, de éste al cuarto, y así en adelante.” Dic. autoridades.

[2] Matías de Gálvez (1717-1784). 48º virrey de la Nueva España —1783 a 1784— durante el reinado de Carlos III. Hermano del visitador José de Gálvez. Originalmente labrador de Málaga. Empedró la ciudad de México. Fomentó la Academia de Bellas Artes. Estableció el Banco Nacional de San Carlos que fue un desastre financiero. Enfermo entregó el gobierno y murió pocos días después.

[3] Palacio. Cf. nota 12 a El Ignorante a El Pensador Mexicano, en este volumen.

[4] Catedral. Cf. nota 4 a El Teólogo Imparcial, número 2, en este volumen.

[5] Se refiere a Fefaut el Argelino, autor de No rebuznaron en balde el uno y el otro alcalde. Véase en este volumen.

[6] Audiencia. Cf. nota 42 a La Mujer Constitucional a El Pensador, en este volumen.

[7] Fefaut el Argelino escribió No rebuznaron en balde... criticando Carta a El Pensador Mexicano de Juan Nepomuceno Troncoso.

[8] Juan Ruiz de Apodaca. Cf. nota 5 a Verdadera prisión y trabajos del padre Lequerica, en este volumen.

[9] San Bernardo (1090-1153). Monje francés y doctor de la Iglesia. Fundador del monasterio de Claraval del que fue abad. Reformó la orden del Cister. Predicó la segunda cruzada. Escribió: De gradibus humilitatis et superbiae; De diligendo Deo; De gratia libero arbitrio; Sermones; y De consideratione. San Bernardo además escribió el tratado de los Cinco libros sobre la consideración para Eugenio III. En el capítulo IV del libro I titulado “Qué servidumbre sea digna y cuál indigna de los siervos de Dios”, el autor apunta que, aunque San Pablo decía “siendo libre entre todos, de todos me hice siervo”, esto no debe ser atendido por el Pontífice: “¿Por ventura servía él a los hombres de tal suerte que por su medio adquiriesen humanos intereses? ¿Venían por ventura a él de todo el orbe los ambiciosos, los avaros, los simoníacos, los sacrílegos, los concubinarios, los incestuosos y otros tales monstruos de hombres para obtener los honores eclesiásticos o para retenerlos valiéndose de la autoridad del Apóstol? Luego debemos concluir que se hizo siervo un hombre que vivía en Cristo y para quien el morir era ganancia con sólo el fin de ganar mucho más para Cristo y no de aumentar los incentivos de la avaricia”. San Bernardo, Sobre la consideración, libro I, capítulo IV, en Obras Completas de San Bernardo, tomo II, edición española preparada por el P. Gregorio Díez Ramos, O. S. B., Madrid: La Editorial Católica, MCMLV (Biblioteca de Autores Cristianos, 130, sección IV, Ascética y Mística), p. 585. Fernández de Lizardi cita a San Bernardo en la Vigésimacuarta Conversación del Payo y el Sacristán, t. I: “Oiga usted a San Bernardo [...]: El que sirve al altar, debe comer del altar; se te concede que si sirves bien al altar, vivas del altar; pero no que seas soberbio ni lujurioso a cuenta del altar, ni que te compres para tus caballos frenos de oro, sillas pintadas, espuelas de plata y costosos trajes. Finalmente, sábete que cualquier cosa que retengas del altar, a más del necesario alimento y un vestido humilde, no es tuyo, lo has rapiñado y cometes un sacrilegio.” Cf. Obras V-Periódicos, p. 255. En su Correo Semanario de México núm. 23 se publicó un comunicado donde se lee: “El doctor San Bernardo dijo, en el siglo XII a su discípulo el Papa Eugenio III, que deseaba ver la Iglesia de Dios reducida a su primitivo estado; y en su sermón 33 sobre el Cántico de los Cánticos, escribió también: todo el cuerpo de la Iglesia está infecto de una peste de fiebres pútridas con tanta menor esperanza de remedio, cuanto más se ha extendido en mal; tanto más peligroso, cuanto más interior.” Cf. Obras VI-Periódicos, pp. 357-358.

[10] Fray Bartolomé de los Mártires. Prelado y escritor portugués, nacido en Lisboa y muerto en Viena do Castello (1514-1590). A los quince años profesó en la Orden de Santo Domingo y luego completó su educación literaria y científica. Enviado en 1561 al Concilio de Trento, se hizo notar por su austeridad y por la serenidad con que flageló los vicios del alto clero. Entre sus obras se encuentran: Stimulus Pastorum, Compendium Spiritualis doctrinae, Collationes Spirituales, Epitome des vidas dos pontífices, y Relaçaõ dos reis de Portugal.

[11] Braga. Ciudad de Portugal (Miño); arzobispado.

[12] Junta de Censura. Cf. nota 7 a El Teólogo Imparcial, número 3, en este volumen.

[13] Mariano Beristáin de Souza. Cf. nota 10 a El Moledor Constitucional..., en este volumen.

[14] Castañiza. Cf. nota 45 a No rebuznaron en balde..., en este volumen.

[15] Diputación Provincial. Cf. nota 23 a Cáustico a dos escritores..., en este volumen.

[16] Puebla. Cf. nota 7 a Va de cuento, en este volumen.

[17] Oaxaca. Estado de la República Mexicana cuyos actuales límites son: al noroeste, el estado de Puebla; al oeste, el de Guerrero; al noroeste, el de Veracruz; al este, el de Chiapas, y al sur el Océano Pacífico. Ciudad capital y cabecera de distrito del centro. Fue fundada  antes de  la Conquista con el nombre de Huaxyacac. Su nombre fue Antequera.

[18] Carta a El Pensador Mexicano de Juan Nepomuceno Troncoso. Véase en este volumen.

[19] El hombre libre pero entre bayonetas. Está firmado por El Ingenuo, J. M. V. M. Puebla: Oficina del Gobierno, 1820, 8 pp. Termina con un soneto. Está fechado el 6 de octubre de 1820.

[20] Francisco de Fagoaga y Arosqueta. En 1822 estuvo implicado en un levantamiento en Oaxaca con una tropa de soldados españoles. Fue diputado a Cortes en 1821.

[21] Francisco Javier Sánchez de Tagle Varela (1772-1847). Abogado, político y poeta. Miembro de la Academia Mexicana de la Lengua. Catedrático del Colegio de San Juan de Letrán, regidor de la ciudad de México y gobernador de los estados de México y Michoacán. Firmaba como F. M. S. D., Flagastro Cícné, Nicolás Fragget y Z.

[22] José Epigmenio Villanueva y Gómez Eguianeta (1792-1840). 27° Obispo de Oaxaca. Catedrático de Filosofía y doctor en Cánones. Cura de varias parroquias. Prebendado y canónigo. Diputado y senador en el Congreso General. Provisor y vicario general del arzobispado de México.

[23] Juan Ramón Osés. Abogado. En Satisfacción al público dada por el ministro de la Audiencia Territorial don Juan Ramón Osés. México: Imprenta de Alejandro Valdés, 1820, 13 de septiembre. Respuesta por haber sido denunciado como juez parcial en el impreso Respuesta de don Pedro Pascual de Irbangoyen.

[24] Artículo 15 del Reglamento de Libertad de imprenta del 10 de noviembre de 1810: “XV. Será de su cargo [de la Junta Suprema y de la Provincial] examinar las obras que se hagan denunciado al Poder ejecutivo o Justicias respectivas; y si la junta censoria de Provincia juzgase, fundando su dictamen, que deben ser detenidas, lo harán así los Jueces, y recogerán los egemplares vendidos. El Autor ó Impresor podrá pedir copia de la censura y contestar á ella. Si la junta confirmase su primera censura, tendrá acción el interesado á exigir que pase el expediente á la Junta Suprema.” Cf. Hernández y Dávalos, Colección de documentos..., t. V, p. 66.

[25] Artículo 16 del Reglamento de Libertad de imprenta del 10 de noviembre de 1810: “El Autor ó Impresor podrá pedir copia de la censura y contestar á ella. Si la Junta confirmase su primera censura, tendrá acción el interesado á exigir que pase el expediente á la Junta Suprema.” Idem.

[26] Artículos 24 y 25 del Decreto adicional del 10 de junio de 1813. Cf. nota 61 a Cáustico a dos escritores alcaldes rebuznadores..., en este volumen.

[27] Artículo 14 del Decreto adicional del 10 de junio de 1813. Se trata del artículo 15: “Las Juntas acompañarán con la censura la copia de la acta de votación que conste al Juez y al interesado que éste ha sido conforme a la Ley”. Cf. Hernández y Dávalos, Colección de documentos..., t. V, p. 70.

[28] Artículo 11 del Decreto adicional del 10 de junio de 1813: “Cuando la Junta de Censura á quien corresponda calificar un impreso, ó algun individuo de la misma se creyeren injuriados en él, censurarán el papel en todo lo que no contenga dichas injurias; pero en esta parte se abstendrá de juzgar el que se crea injuriado, y lo hará en su lugar uno de los suplentes. Si la Junta fuese injuriada, censurarán en este punto los suplentes.” Idem.

[29] Artículo 12 del Decreto adicional del 10 de junio de 1813. Se trata del artículo 13: “Los Ayuntamientos Constitucionales de los pueblos en que celebraren sus sesiones las Juntas de Censura de Provincia, designarán anualmente un Letrado, que hará las funciones de Fiscal, cuya obligación será denunciar al Juez los impresos que juzgue comprehendidos en el artículo 4° del Decreto de 10 de noviembre de 1810, y en el 7° del presente; a cuyo fin los Editores deberán pasarle un ejemplar de cuantos papeles se imprimieren en la Provincia”. Idem.

[30] Véase también sobre este asunto Carta a El Pensador Mexicano, en este volumen.

[31] Veracruz. Cf. nota 2 a La Canoa, número 1, en este volumen.

[32] Tlaxcala. Del nahuatl tlaxcalli. En lo quemado, más tarde aplicaron el nombre. De acuerdo a fray Bernardino de Sahagún, el nombre era Texcallan. En el siglo XVI fue una de las cinco provincias de la Nueva España; posteriormente, cuando se estableció la división por Intendencias, Tlaxcala quedó adscrita a la de Puebla, pero por cédula del 2 de mayo de 1793 fue separada y quedó a cargo de un gobernador militar independiente hasta 1821. En 1810 el ayuntamiento de Tlaxcala expresó su voto de confianza y fidelidad a la corona española. Actualmente es un estado de la República Mexicana con capital del mismo nombre. Sus límites son: al sur, al este y noreste, con el estado de Puebla, al norte con el de Hidalgo y al oeste con el Estado de México.

[33] México. En el centro de la cuenca o valle de México. La jurisdicción colonial final corresponde aproximadamente a la moderna ciudad de México. Fue residencia del gobernador de la Nueva España (1524), de la Audiencia (1529) y del virrey (desde 1535). En los últimos años del virreinato la Intendencia de México, de la que formaba parte el actual Estado de ese nombre, era muy extensa: limitaba al norte con la Intendencia de San Luis Potosí; por el oriente con la Intendencia de Puebla; por el sur con el Océano Pacífico y por el occidente con las Intendencias de Guanajuato y Valladolid. Una extensión de cerca de 120 000 km2.

[34] jueces de letras. Cf. nota 12 a El Irónico Hablador..., en este volumen.

[35] Artículo 10: “El territorio español comprende en la Península con sus posesiones é islas adyacentes, Aragón, Asturias, Castilla la Vieja, Castilla la Nueva, Cataluña, Córdoba, Extremadura, Galicia, Granada, Jaén, León, Molina, Murcia, Navarra, Provincias Vascongadas, Sevilla y Valencia, las islas Baleares y las Canarias con las demás posesiones de África. En la América septentrional, Nueva España con la Nueva Galicia y península de Yucatán, Goatemala, Provincias Internas de Oriente, Provincias Internas de Occidente, isla de Cuba con las dos Floridas, la parte española de la isla de Santo Domingo, y la isla de Puerto Rico con las demás adyacentes á estas y al continente en uno y otro mar. En la América meridional, la Nueva Granada, Venezuela, el Perú, Chile, provincias del Río de la Plata, y todas las islas adyacentes en el mar Pacífico y en el Atlántico. En el Asia, las islas Filipinas, y las que dependen de su gobierno.” Cf. Hernández y Dávalos, Colección de documentos..., t. IV, pp. 87-88.

[36] Artículo 242: “La potestad de aplicar las leyes en las causas civiles y criminales pertenece exclusivamente a los tribunales”. Cf. Tena Ramírez, Leyes fundamentales..., p. 89. Fernández de Lizardi en Dar que vienen dando dice a la letra: “aun en los casos de probado delito, no se deben los señores jueces apartar un punto de lo prescrito en el Código que hemos jurado, porque ‘toda falta de observancia de las leyes que arreglan el proceso en lo civil y criminal, hace responsables personalmente a los jueces que la acometieron’”. Cf. Obras X-Folletos, p. 347.

[37] Artículo 9, capítulo 2° de la Ley de Tribunales: “De las demandas civiles que no pasen de 500 reales de vellón en la Península é Islas adyacentes y de 100 pesos fuertes en Ultramar; y de lo criminal sobre palabras y faltas livianas que no merezca otra pena que alguna advertencia, reprensión o corrección ligera, no conocerán los Jueces de partido sino por lo respectivo al pueblo de su residencia. Y así unos como otros determinarán los negocios de semejante clase precisamente en juicio verbal, y sin apelación ni otra formalidad que la de asentarse la determinación con expresión sucinta de los antecedentes, firmada por el Juez y escribano, en un libro que deberá llevarse para este efecto”. Cf. La Constitución de 1812..., t. I, p. 316.

[38] Noticioso General. Cf. nota 1 a Pregunta a El Pensador Mexicano sobre el Montepío, en este volumen.

[39] Constitución. Cf. nota 4 a El Irónico Hablador.., en este volumen.

[40] jura de la Constitución en Veracruz. Cf. nota 19 a Carta a el Pensador Mexicano, en este volumen.

[41] Pedro Ágar. Cf. nota 9 a El Teólogo Imparcial, número 1, en este volumen.

[42] Rafael Dávila. Cf. nota 4 a Al que le venga el saco..., en este volumen.

[43] La verdad aunque amargue es muchas veces objeto precioso de la libertad de imprenta. Cf. nota 1 a Al que le venga el saco..., en este volumen.

[44] Quiroga. Cf. nota 8 a El Colegial a El Pensador..., en este volumen.

[45] Riego. Cf. nota 7 a El Colegial a El Pensador..., en este volumen.

[46] Cf. nota 11 a  Segunda parte de el Campanero..., en este volumen.

[47] Ciriaco de Llano. Cf. nota 17 a Gritos de la humanidad afligida, en este volumen.

[48] José Miguel Guridi y Alcocer. Cf. nota 106 a No rebuznaron en balde..., en este volumen.

[49] libertad de imprenta. Cf. nota 7 a El Irónico Hablador..., en este volumen.

[50] Antonio Joaquín Pérez Martínez. Cf. nota 30 a Carta a El Pensador Mexicano, en este volumen.

[51] Juan Nepomuceno Troncoso. Cf. nota 31 a Carta a El Pensador Mexicano, en este volumen.

[52] Cf. nota final de No rebuznaron en balde..., en este volumen.