CENSURA DE UN CIUDADANO A LA CARTA INSTRUCTIVA

DEL EXDIPUTADO Y A LA CONTESTACIÓN

DEL FERNANDINO CONSTITUCIONAL[1]

 

Muy señores míos: He leído los papeles de vuestras mercedes con mucho disgusto, y aunque soy un hombre lego soy también liso y abonado,[2] y con esta investidura, la de español rancio y ciudadano en el ejercicio de mis derechos, me considero autorizado para decir a vuestras mercedes que es impolítica en las circunstancias presentes la cuestión que han promovido;[3] y que espero de su prudencia no continúen, porque de hacerlo les prometo desde ahora un eterno desprecio, y aunque me cueste algunos medios[4] he de comprar cuantos papeluchos suyos me vengan a la mano, y sin necesidad del escrutinio del cura y barbero de Cervantes,[5] condenarlos al fuego para que no enciendan otro mayor en el público.

Dediquen vuestras mercedes sus talentos a escribir sobre materias que nos puedan ilustrar a los que somos ignorantes: bastante campo les ofrece la educación pública, la estadística, la agricultura, minería, comercio, y si acaso no entienden vuestras mercedes estas facultades, escriban en hora buena cuanto quieran sobre las ciencias sublimes de la filosofía y sagrada teología para ilustrar si les es posible, en la primera a Descartes, y Newton y en la segunda a San Agustín, Santo Tomás, Escoto[6] y otros. Aumenten vuestras mercedes si gustan el número de poetas que es ciencia universal, y cuando nada de lo dicho les acomode, pueden acabar de perfeccionar la cuadratura del círculo.[7]

Déjense vuestras mercedes de ilustrarnos la Constitución,[8] porque los españoles de ambos hemisferios no estamos ya en la clase de los hotentotes, y entendemos lo necesario para su observancia.[9] No meneen vuestras mercedes, les suplico, los huesos de nuestros antiguos reyes que descansan en paz: en ellos hubo santos que veneramos, y pecadores porque fueron hombres, mas lo pasado nada nos aprovecha en lo presente.

Protestamos a vuestras mercedes de buena fe que no queremos explicaciones ni yo, ni mis compañeros que somos muchos sobre derechos de soberanía, ni de leyes antiguas ni modernas,[10] cuya inteligencia y observancia toca a los tribunales para administrar la justicia en su caso,[11] y en vez, queremos sí caminar con paso firme y con toda confianza por la senda constitucional que se nos manda, y que sin repugnancia obedecemos, sin necesidad de que vuestras mercedes nos adviertan sus virtudes y reformas, pues esto pertenece exclusivamente al soberano congreso y al monarca, cuyas autoridades hemos jurado obedecer.

Aquí había concluido mi sermón, cuando oigo un grito de la multitud de vendedores de papeles que decía: Primer Cuartazo al Fernandino...[12] ¡Hola! ¿esas tenemos?, dije para mí. Pues ya es preciso extenderme algo más, supuesto que otro me ha ganado por la mano, y nada menos que empezando con cuartazos. ¿Si serán de algún cochero? Llamo, pues, al vendedor, leo unas cuantas líneas y paso sin detenerme al fin por ver si averiguo su autor. Quedé admirado al ver las iniciales de mi amigo el antiguo Pensador: digo amigo, pues aunque no le conozco ni de vista, le soy un tanto aficionado[13] porque me han gustado algunas de las ideas de este sabio desgraciado.[14] Confieso a vuestras mercedes que algo se lisonjeó mi amor propio mirando ya confirmada mi opinión, y sentía únicamente que el pacífico Pensador empezara con cuartazos la campaña literaria; pero luego se me recordó la especie vertida en uno de sus antiguos escritos, en que dice, que lo que importa según la moda es escribir para pane lucrando,[15] con lo cual quedó vindicado de mi censura.

Esperamos no obstante yo y mis compañeros los ciudadanos que en virtud de este aviso cambiarán vuestras mercedes y él de rumbo en sus ideas. Porque si ahora empezamos, y empezamos con cuartazos ¿cómo habremos de concluir? Trágicamente sin duda; y yo entiendo que no es éste el fin que vuestras mercedes se proponen. ¡Dar principio con cuartazos cuando debíamos hacerlo con ósculos de paz y unión para llenar los preceptos que la patria nos impone y el monarca nos prescribe! ¿Qué se dirá de los sabios mexicanos al ver estas ideas anti-políticas, al mismo tiempo que con asombro del mundo hemos visto el decoro y la dignidad más sublime en publicar y jurar la Constitución, y establecer las instituciones que previene, procediendo en todos estos actos con una moderación sin ejemplo, y con una unión y fraternidad sin límites?

Es necesario confesar, señores Exdiputado,[16] Fernandino[17] y Pensador, que tienen vuestras mercedes todos calientes las cabezas,[18] y que deben esperar que se refresquen para remitir sus papeles a la prensa.

Dios guarde a vuestras mercedes muchos años para que se dediquen en sus ministerios con utilidad pública y del Estado que tanto se necesita.


El Ciudadano

 


[1] México: En la Imprenta de Arizpe, 1820, [4 pp.]. Fernández de Lizardi responde a este folleto con Pescozón de El Pensador al Ciudadano Censor. Cf. Obras X-Folletos, pp. 259-302.

[2] liso y abonado. “Hombre abonado. El que tiene crédito y caudal bastante para que se le fíe qualquiera negocio de interés, y su manejo”. “Hombre liso. Se llama el que es ingenuo, sincero, sin dolo, cautela ni artificio en el trato”. Dic. autoridades.

[3] Se refiere a la libertad de imprenta y a que la soberanía reside en la nación. Cf. Pescozón de El Pensador al Ciudadano Censor, en Obras X-Folletos, p. 295.

[4] medio real. Cf. nota 21 a Aplaudo el mérito..., en este volumen.

[5] Se trata del libro I, capítulo VI, “Del donoso y gran escrutinio que el Cura y el Barbero hicieron en la librería de nuestro ingenioso hidalgo”. “Mientras el paleado caballero duerme, el barbero y el cura, acompañados por la sobrina y el ama, entran en su biblioteca. A pesar de las ganas que tienen las dos mujeres de hacer una hoguera con todos los libros, el cura es de la opinión de examinarlos uno a uno por si alguno es digno de salvarse de la quema.” Don Quijote de la Mancha.

[6] Fernández de Lizardi escribe en Pescozón de El Pensador al Ciudadano Censor: “Me dejo en el tintero muchas cositas que merecían una sacudida como es aquella de ‘quemaran nuestros papeluchos’, que ‘ilustren a Descartes, Newton, San Agustín, Santo Tomás’ [...], lo de ‘El cuartazo del cochero’ y otras puerilidades semejantes que las honra mucho quien las critica.” Cf. Obras X-Folletos, p. 300.

[7] perfeccionar la cuadratura al círculo, o hallar la cuadratura al círculo. Acción difícil de realizar o cuyos objetivos son inútiles o aportan muy poco; realizar una actividad ociosa o imposible de realizar. José María Roa Bárcena usó esta frase en La quinta-modelo: “los candeleros, atriles, y lámparas de plata, que podían ser reducidos a moneda sonante para establecer con ella un banco agrícola e industrial, o crear siquiera la hacienda pública, cosa tan difícil en nuestro país, como hallar la cuadratura del círculo”. Cf. La quinta-modelo, México: Instituto Nacional de Bellas Artes: Premiá Editora, [1984], cap. III, p. 27. (La Matraca. Segunda Serie, 5).

[8] Constitución. Cf. nota 13 a Sermón político-moral, en este volumen.

[9] Fernández de Lizardi en Pescozón de El Pensador al Ciudadano Censor, reproduce la frase: “déjense ustedes de ilustrarnos la Constitución; porque los españoles de ambos hemisferios no estamos ya en la clase de hotentotes”. Lizardi continúa: “luego alguna vez estuvimos. Muchísimas gracias por tantos favores. Pero si, según aquel, ya, alguna vez estuvimos, en esa clase de hotentotes o animalotes ¿no se servirá usted decirnos en qué época, o por qué medios salimos de tan miserable estado?” Acerca de si se entiende lo necesario para la observancia de la Constitución, Fernández de Lizardi contesta: “Dé usted por negada la generalidad, pues de que los instruidos, y usted entre ellos, entiendan la Constitución, no se infiere que la entiendan todos, que es lo que puntualmente se necesita”. Cf. Obras X-Folletos, p. 298.

[10] Fernández de Lizardi contesta en el mismo folleto: “Ya la entenderemos [a la Constitución] enteramente bien [...]. Eso de leyes se queda para los leyedores y las soberanías para los soberanos [...] bastáranos saber que hay leyes y reyes y no queremos meternos en dibujos”. Ibidem, p. 295. Más adelante Fernández de Lizardi dice: “si también al pueblo toca la observancia de la ley es menester que se le explique, porque no la podemos cumplir sin entenderla.” Ibidem, p. 300.

[11] Fernández de Lizardi escribe en el mismo lugar: “Es casi artículo de fe, que con el rey y la Inquisición chitón. Conque vean ustedes y que bien dice el Ciudadano que se dejen de explicarnos doctrinas nuevas [...] luego nos predicó [...] que vendrían los falsos profetas [...] que nos enseñarían a desobedecer las legítimas autoridades, a menospreciar el Santo Tribunal.” Ibidem, p. 296. Allí se habla del sermón del cura que calificó de infernales las obras de Puffendor, Duns Scotto, Locke y Cayetano Filangieri. Idem.

[12] Primer cuartazo al Fernandino, de Fernández de Lizardi. Cf. Obras X-Folletos, pp. 277-286. El Segundo cuartazo al Fernandino Constitucional o Anatomía de su cadáver. Ibidem, pp. 287-294.

[13] En Pescozón de El Pensador al Ciudadano Censor, Fernández de Lizardi escribe: “Yo también le estoy un tanto  agradecido, y vea usted que estamos tantos a tantos, y en punto de amistad órdago.” Ibidem, p. 300.

[14] En el mismo folleto Fernández de Lizardi responde: “Se equivoca de medio a medio. El verdadero sabio es el que, sobre unos vastos conocimientos en la ciencia, posee un gran fondo de virtud, y entonces nunca es desgraciado [...] siempre se conforma con su suerte [...] aunque sea la más adversa [...] vea usted cuánto me falta para ser sabio. Virtud y conocimientos científicos... Una niñería.” Idem.

[15] pane lucrando. Para ganar el pan. Dícese de las obras artísticas o literarias hechas para ganarse la vida. Lucrar con el pan. Fernández de Lizardi escribe al respecto: “Protesto a usted ingenuamente que no me acuerdo si tal cosa se me ha escapado de la pluma [...]. Lo que he dicho e impreso es que ‘cuando escribo trato de conciliar mi interés particular con el interés común’, y esto ¿qué tiene de nuevo ni de malo?, ni uno he visto yo que trabaje de balde para el público aunque a éste le resulte beneficio de su trabajo [...] ¿pues por qué no ha de gozar iguales ventajas [que el labrador, artesano y médico] que el escritor que impende más difíciles tareas en beneficios de sus semejantes? Y [se] me ocurren dos preguntitas [...] ¿ porqué no dio usted su papel de balde [...], la utilidad que sacó de él ¿la dio a los santos lugares de Jerusalén, la repartió entre los pobres de la cárcel o se la embolsó bonitamente?” Ibidem, p. 301.

[16] Se refiere a José Miguel Guridi y Alcocer (1763-1828). Colegial del Seminario Palafoxiano de Puebla y catedrático de filosofía y sagrada escritura. En la capital de la República se recibió de doctor en teología y cánones. Se rehabilitó de abogado en la Real Audiencia. Después de ocupar algunos cargos fue nombrado diputado a Cortes por la provincia de Tlaxcala. Hizo gala de un talento en el Congreso General de la Nación, en España. Cuando regresó a México (1813) se le designó provisor y vicario general del Arzobispado.

[17] El Fernandino Constitucional. Sólo tenemos noticia que es autor de El Fernandino Constitucional a los fidelísimos mexicanos. México, 1820, 4 pp; y El Fernandino Constitucional al señor exdiputado de Cortes. México, Oficina de Mariano Ontiveros, calle del Espíritu Santo, 1820, 8 pp. Además de Fernández de Lizardi otros respondieron a la polémica entre Guridi y Alcocer y El Fernandino, entre ellos Jorge Pitillas, Un puñado de consejos a los que los necesiten, México, Oficina de Alejandro Valdés, 1820, 4 pp; y el L[icenciado] J[osé] M[aría] I[turralde], Parabién al Fernandino arrepentido, por El Colegial. México, Oficina de Alejandro Valdés, 1820, 8 pp.

[18] tener la cabeza caliente. Equivale a “tener la sangre caliente”. “Phrase con que se dá á entender, que uno es algo arrojado en sus operaciones, poco cuerdo, y que peca de brioso: como suele suceder en los mosos de valor y espíritu”. Dic. autoridades.