CÁUSTICO A DOS ESCRITORES ALCALDES REBUZNADORES,

O SEGUNDA PARTE DE FEFAUT EL ARGELINO[1]

 

 

 

No es así, señor Pensador, se equivoca usted, no es eso. ¿Hay tal? ¿Cómo entenderá este caballero lo que más le puede importar en asunto literario? Repito a usted que no es eso, y si se necesita explicación, le diré que no es lo que usted presume y asienta.

¿Conque se le pasa a usted por la imaginación que los defectos de su papel titulado Justa defensa[2] son únicamente los que se le han corregido? No, señor, ése es un nuevo desbarro. La obra de que se habla no tiene algunos, sino muchísimos resbalones. Mucho se perdonó al papelucho, bastante se disimuló, y hubo tolerancia para casi todos los párrafos que contiene. Sí, compadrito, es como lo cuento; y no piense usted que el despacharlo al rebuzno fue por falta de crianza, sino porque el ser Pensador no es título para provocar a nadie. Me explicaré con su licencia. Tomo el polvo,[3] cálome la capilla[4] y arremango el manguillo.

Así escribía yo cuando de repente llega un amigo y me dice: hombre, no te ocupes en responder a El Pensador, ¿no ves que es figurado? ¿Figurado? ¡Cáspita! ¿Pues qué, lo de Pensador será figurado? Si es así, meto la espada en la vaina, y chitón. Pero otro parecido al tío Chispas replicó: no, hermano, dile lo que corresponde. ¿No adviertes que te cantó la palinodia[5] con las figuras? Dile, dile; pero por delante acomódale este versito:

 

 Compadrito, ¿suelto el gato?[6]

 Si lo suelto le da fiebre.

  Yo soy legal en mi trato:

 usted da gato por liebre.

 

Pues, amigo, ya que usted me hace el favor (le contesté) de ministrarme material, explíqueme su verso, y pasemos el rato en diversión. Corriente (me respondió) para que no crea ese escritorcillo que en nuestro anterior papel nada se le disimuló.

¿Ha visto usted (me dijo el amigo poeta) el título del papel con que se invita al público? ¿No gritan los muchachos: Justa defensa del excelentísimo señor virrey de N[ueva] E[spaña] por El Pensador Mexicano? ¿Y no es esto (continuó) lo menos de que habla el papel? Es como usted lo expresa, y tanto, que el mismo Pensador en su última defensa o impugnación que nos hace al Poblano y a mí, número 10,[7] dice: “Una cosa es que por incidente necesario lo elogiase, y otra que el objeto de mi escrito fuera panegirizarlo, aunque bien lo merece su excelencia”.[8]

Y pregunto (me replicó el amigo), ¿cuál es el título que a la obra corresponde, el de lo incidente o el de lo principal? ¿No sería chistoso que a la historia de la aparición de nuestra señora de Guadalupe se le titulase vida y hechos de Juan Bernardino,[9] siendo así que de éste apenas se habla por incidencia? Pues esto es vender gato por liebre.

El Pensador, después de llamar la atención a los compradores con la Justa defensa, hace una ensalada o revoltijo, que no corresponde al grito del muchacho. Cómpralo el infeliz, llevado del pomposo título. ¿Y qué encuentra? Que en unas partes habla de papeles satíricos; en otras de La Canoa;[10] que apenas toca del título del papel; y que después arrebata con ayuntamientos, juntas provinciales, comandantes, subdelegados, curas, pensiones, etcétera.[11]

¿No es esto verdad, compadre de mi alma? Y pregunto, vaya algo de moral, ¿se puede hacer esto en conciencia? Usted lo dirá, y el mundo entero. No me espanto de que el boticario venda un quid pro quo,[12] aceite de alacranes por bálsamo católico, o que un bodegonero[13] dé caballo por ternera, porque al fin eso no lo conoce fácilmente el marchante; pero usted, compadrito, ¿cómo nos vende un género por otro? Cuidado, porque el engaño no se conforma con la buena fe: bien que a usted no le faltará la respuesta de que el título es figurado, y también el nombre del autor; pero la moneda no es figurada.

Sepa usted, compadrito, que no todos los que leen entienden de figuras,[14] y que el arbitrio de pane lucrando[15] no es permitido, si el marchante no compra a ciencia cierta, pasando por el engaño. Pero acaso no faltará opinión por aquello de que, valiendo medio[16] el papel, son parvedades; como el que, ayunando, de media en media onza se come seis libras de pan por intermedio. ¿Qué tal? ¿No se le había disimulado a usted algo de la chanfaina[17] del papelucho? Usted dirá que habla en sentido figurado. Pasemos a otra cosa, manifestándole que usted provoca, y que no es tan santo como ahora nos canta.

Dice la Justa defensa: “parece que toda la ciencia de muchos de nuestros escritores está vinculada en maldecir, roer y satirizar.”[18] Hablando de La Canoa, en el párrafo segundo nos escribe que se advierte “no sólo su poco caudal literario, sino su corazón envenenado.”[19] Se parte medio a medio al periodista de La Habana,[20] y sin excluir, porque la negativa es malignantis naturae,[21] se niega por usted que las altas clases, y las ínfimas, sean adictas a la Constitución.[22] Y, por último, omitiendo otras particularidades, no se deja en el papelucho hueso sano a los Ayuntamientos, y excelentísimas Juntas Provinciales.[23]

Lea usted, querido compadre, el número 8 en donde dice lo siguiente: “¿Por qué el señor Liberal no alza la voz contra los Ayuntamientos Constitucionales, que no cumplen con sus deberes? ¿Por qué no grita (son palabras del papel) a las Juntas Provinciales para que sacudan esa modorra en que yacen, y comiencen a ejercer sus funciones, usando la autoridad que concede la ley?”

Diga usted, señor Pensador, si usted obró así en su papel, ¿cómo es que no ve la viga en el suyo, advirtiendo cual lince la paja en el ojo del vecino? ¿No ultraja usted e injuria enormísimamente a las Juntas Provinciales, afirmando que yacen en modorra? Pues, amigo mío, eso se compone muy mal con lo que ahora nos aconseja. Usted mismo, el propio don Antonio[24] de antes, y el idéntico Pensador que hizo la Justa defensa, dice número 7: “que lo hagamos todo con la moderación que exige en todos casos la religión, la política y la ley, porque lo contrario sería atropellar con las leyes divinas y humanas.”[25]

¿No es verdad esto, señor Pensador? Cuidado con las figuras. Pues si es así, ¿cómo tuvo usted la insolencia de afirmar que las Juntas Provinciales yacían en modorra? ¿Sabe usted lo que esto significa? Véalo en el diccionario castellano,[26] y conocerá la piedad con que lo han tratado. Señor Pensador, las excelentísimas Juntas son autoridades muy respetables. Reflexione usted lo que escribe, y no corra mucho, no sea que le apliquen aquello de Iriarte:

 

 Por fin dio en tierra... Muy bien.

 ¿Y eras tú la que corrías?

 Mal muermo te mate, amén.[27]

 

La palabra discutir significa examinar atenta y diligentemente;[28] pero al mismo tiempo, nos asegura mi compadre en su último papel, que haciendo su excelencia lo que se le indica no será problemática la adhesión.[29] Luego, entendiendo usted lo mismo por lo uno que por lo otro, es claro que se pone en su papel la adhesión como incierta, dudosa y aun discutible por una y otra parte, porque a otro tanto equivale lo problemático.

¿Y por qué? No para los que lo conocen, según usted, y sí para los que no lo conocen, que equivale en substancia al me apeo por la cola, porque el que no conoce no sabe, y lo problemático tiene razones por una y otra parte. Véase la palabra problemáticamente en nuestro diccionario. Hay dudas negativas, que son aquéllas en que se carece de razón por ambos extremos, y positivas se llaman cuando hay fundamentos por una y otra parte. Que uno u otro diga que no, no es fundamento para afirmar que el punto sea problemático o discutible.

Los turcos sostienen el Alcorán de Mahoma. Ha habido quien adore por dioses a los ajos y cebollas. Mas, hubo quien dudase de todo. ¿Y será esto suficiente para decir que tales materias son discutibles o problemáticas? Según eso, también la existencia de El Pensador sería problemática.

Nosotros hemos de juzgar por lo que sepamos y veamos. De lo interno sólo Dios. Si usted duda, porque no penetra el corazón humano, sepa que se estará dudando eternamente de todas nuestras acciones hasta que la Divina Providencia se lo quiera revelar. En el ínterin, hemos de conocer el árbol por el fruto. Lo demás es hacerse pirrónico, y dudar hasta de sí propios.

 

Un filósofo dudaba

 aun de su misma existencia,

 y El Pensador lo imitaba

dudando de la evidencia.

 

Cuando digo, querido mío, que usted erró en suponer, debe mirarse lo que sigue. Esta palabra tiene dos significaciones: una dar por cierto, y la otra, que se asienta una ficción. ¿Ve usted, señor Pensador, que, habiendo asegurado que erró usted en suponer, manifesté con una sola palabra los dos sentidos que tiene el verbo?

Cuando usted negó que las altas clases y las ínfimas fuesen adictas a la Constitución, puso un lo niego muy redondo, al paso que lo concedió a las medianas, dando su razoncilla para ello; pero ahora nos asegura que habló en sentido figurado,[30] concediéndonos que no todos. Pero en este caso, ¿para qué es la distinción entre unas y otras clases, si en todas hay de todo? La exageración e hipérbole, con que usted dice que habló, aumenta el hecho, y cuando se trata de una cosa sencilla, sería mejor explicarse como ahora lo hace usted, cantando aunque de mala gana la palinodia. Si desde entonces hubiera usted dicho que en todas clases podría haber malo y bueno, habríamos quedado amigos.

Sin embargo, debo advertir a usted que las figuras trastornan los hechos, y muchas veces equivalen a lo contrario de lo que se manifiesta. Por ejemplo, la palabra pensativo es lo mismo que estar discurriendo o imaginando, y figuradamente se aplica a las bestias para explicar el modo de suspensión. Así se dice: uno piensa el bayo y otro el que lo ensilla.[31] Véase el diccionario castellano. No lo digo por usted, señor Pensador.

Ahora bien, si se interpretan los hechos con figuras, se trastorna todo, principalmente usando de hipérboles, y es necesaria claridad para no confundir a las gentes. Yo creí que no hubiese más figura que la del autor del papel; pero ya veo que no faltará arbitrio para figurarlo todo, y para sacar las cosas de sus quicios. Hablemos claro, para hacer a gato y a ratón cuando se ofrezca.

No conocer es ignorar, porque la palabra ignorancia es falta de ciencia o noticia, y si usted se hace cargo de que a las ínfimas clases se les ha leído la Constitución, resultaría la estupidez no de mis antecedentes, y sí de los suyos. Señor mío, cuando yo dije tan estúpidos, añadí que no dejan de conocer sus verdaderos intereses,[32] cuyas palabras demuestran que no comparo a los que usted llama ínfima clase con los brutos, porque éstos carecen del conocimiento que concedo a aquéllos.

En las pensiones clama usted contra los subdelegados y comandantes, suponiendo que las exigen para aprovecharse a su salvo; y después añade en otro párrafo, que ¿por qué no alivian a los pueblos, exonerándolos de las contribuciones arbitrarias que ya no pueden sufrir?[33]

Cualquiera que lo oiga creerá que todo es arbitrario. A mí mismo, señor Pensador, a mi reverencia me ha venido a preguntar un ayuntamiento si es verdad que ya no se paga el real[34] casero, ni el diezmo conmutado.[35] ¿Y por qué, señor Pensador? Porque a troche moche se habla de pensiones, y no se distingue lo arbitrario de lo que no lo es.

¿Cuáles son esas arbitrarias? ¿Son por ventura algunas exacciones que se exijan por comandantes o por justicia, sacándolas al capricho? No sé si las habrá por ahora, y menos puede creerse cuando los ayuntamientos tienen cuidado de irles a la mano aun en cosas más leves. Podría usted, compadrito, al que se lo cuenta, instruirle de que contra los comandantes hay recurso a la Capitanía General,[36] y si materia de despojo, el juez del partido se halla autorizado, tenga el fuero que tuviere el despojante, por el artículo 12, capítulo 2 de la Ley de Tribunales.[37]

Instrúyalos usted, señor Pensador, de que las demandas civiles y criminales contra los alcaldes tocan a los subdelegados, ínterin se ponen aquéllos, por el capítulo 4 de la misma Ley,[38] siendo delitos comunes. Y que si se ofrece demanda contra el juez letrado, por el artículo 15 del capítulo 2,[39] es competente el del partido cuya capital esté más inmediata. Dígales usted a los indios, viudas y demás que gozaban caso de corte, que sin andar cien leguas, ni venir a la capital, tienen sus recursos expeditos por este artículo, con la ventaja de no desamparar sus casas y familias.

Pero si usted habla de las que aún se cobran por los realistas o urbanos, debe entender que aquéllas se impusieron, y deben seguir, hasta que se organicen los nacionales, porque de otra suerte sería quemar el vestido viejo antes de comprar tela nueva.

A mí me basta, señor Pensador, que usted confiese no ser discutible la adhesión, si no es para los que no conocen ni han tratado a su excelencia.[40] Me basta que usted diga creo, porque esto equivale a la retractación heretical, salvo que a este creo se le ponga otra figura. Me basta con que no barra usted generalmente con las clases que llama altas y las ínfimas; y, últimamente, que entienda el mundo entero que para lo de los Jueces de Letras no halló usted figura que poner; y que ínterin los nacionales no se pongan, se han de mantener los urbanos a costa de los pueblos a quienes defienden, porque algunos han de guardar el orden, y éstos no han de mantenerse como el camaleón. Lea usted la circular de su excelencia de 31 de octubre sobre el asunto.

A mí me parece, y a los demás que leen sus papeles, que tuvo usted por maestro a Vázquez,[41] porque esas declamaciones, ese hablar en general, las palabras preñadas, lo de despotismo y arbitrariedad, mucho indefinido y nada en substancia, es propio de aquellos discípulos a quienes quiso instruir en pocos días en todas ciencias... pues, haciéndolos eruditos a la violeta.

Hable usted algo útil. Diga que la remisión del dinero de aquí a España cuesta un 18 o 20 por 100; que los efectos comprados y traídos a Veracruz pagan otro tanto; y que igual gasto se agrega desde aquel puerto hasta el centro del reino, resultando una pesadísima carga sobre el infeliz que compra; y que sería útil a la Antigua y a la N[ueva] E[spaña] tomar un temperamento para que una pieza de bretaña[42] no costase ocho o diez duros,[43] y una vara de paño diez o doce pesos;[44] pero esto, compadrito, con moderación, sin ultrajar a las autoridades, porque como nuestras pensiones son líneas que tiran al centro del gasto general, los que midan el plan de todo lo que ha menester la nación, acaso no encontrarán medio pronto para cubrir aquella falta.

Diga usted a los ayuntamientos de los pueblos, especialmente a los de los contornos de México, que tienen tierras a propósito: que planten olivos y magueyes en las comunes, para hacer fondos, así como han sabido, por dirección de algunos curas, hacerla para establecimiento de cofradías; que los que se hallan en caminos hagan ventas o mesones para percibir la utilidad que les rindan; que planten árboles, porque la leña y carbón se va escaseando, habiendo parajes, como México, Querétaro[45] y Guanajuato,[46] que viene de quince o veinte leguas. Ellos percibirán el fruto, y el público también, con esos arbitrios. Usted dirá que esto cualquiera lo sabe; pero lo cierto es que no se hace, y a muchos les sucede lo que al que tenía el asno entre las piernas y no pudo encontrarlo. Puedo errar, pero no hablo figurado; mis palabras no tienen dos sentidos: procuro fundar lo que pienso, sin esparcir voces al aire. Nada importa escribir muchas cosas, si éstas son inútiles. Poco, y al caso. Escriba usted para ilustrar, y no por propia conveniencia. Materiales hay sobrados en la agricultura, minería y comercio. Campo le queda abierto para hablar de muchas cosas, pero llevando a la vista aquella sentencia de Iriarte, que dice:

 

 Y así tenga sabido,

 que lo importante y raro

  no es entender de todo

sino ser diestro en algo.[47]

 

Voltéemos caras al oriente, y la proa contra el Poblano. Amigo mío, tampoco es eso. Se conoce que usted no leyó bien. ¿Cómo nos entenderemos? En su Carta primera a El Pensador[48] hizo usted responsable al señor jefe político por no haber cinco vocales en la Junta,[49] y, suponiendo incompetencia en ésta, también le atribuye responsabilidad. Dije que por el reglamento de 10 de septiembre han de nombrar las Cortes a propuesta de la suprema, y que por el artículo 10 de [1]813[50] ninguna autoridad puede mezclarse en sus funciones, por lo que estando exentos de la suya, aunque hubiera vicios, no sería responsable el señor jefe.

¿Ha respondido usted a esto, señor crítico? Luego, queda en pie el argumento, ínterin no nos manifieste una ley que diga lo contrario, y a la verdad que no creí yo fuese usted peor que El Pensador en discurrir, dejando la principal dificultad en el aire.

De propósito no contesto a usted sobre el primer rebuzno, porque desde mi anterior papel, si usted reflexiona, advertirá haberle dicho: que si los ejemplos de Tarquino y Nerón eran para formar paridad,[51] se deslizaba usted mucho, quebrantando la ley de nuestro Código; y que si usted aspiraba a otro fin, el canto era fuera de corto.[52] Tómelo usted por donde quiera, y hallará que su desatino no necesita respuesta.

Un hombre dio en la idea de correr por la calle, llevando al frente su dedo pulgar. Como el brazo iba derecho, siempre el dedo se hallaba en la propia distancia, y, no pudiéndolo alcanzar, le decía, que te cojo; y fue tal la manía, que con ella, sin alcanzar el dedo, se volvió loco. Cójame usted si puede, porque ya yo lo tengo cogido.

La palabra estableció es propia de la primer carta de usted, y debe distinguir lo mío de lo suyo. El señor jefe político dio la orden para que se formarse la Junta, no porque la hiciese de nuevo, sino por haber mandado que se pusiese en planta lo que anteriormente se decretó. Sepa usted señor crítico que en aquella época había seis vocales, así ni por este camino puede usted tachar a nuestro jefe; pero en todo caso no sea usted peor que El Pensador al formar silogismos. Firmaron tres algunos decretos. ¿Luego no hay cuatro en la Junta? Vaya, señor Poblano, que ni el que construya la ley Barbarius Philipus, diciendo el barbero Felipe, o el que al leer hei mihi, quia tacui,[53] tradujo, ¡ay de mí, qué ataque!

Firman tres, ¡válgame Dios! Luego, no son cuatro los de la Junta. ¡Si estará en bárbara este silogismo! Como usted está enseñando a mentir, según lo califica el Noticioso General,[54] cuando se recogió su carta, porque el autor andaba para atrás como los cangrejos, no es extraño que siga diciendo con falsedad que ésos son fundamentos incontrovertibles. Usted hace su cuenta; pero se olvidó de la huéspeda, porque no menciona [al señor doctor González y][55] al señor marqués de Guardiola[56] que, aunque ha renunciado, ínterin se le acepta, o no, no dejaría en un caso de necesidad de hacernos el favor para quitar malandrines de en medio.

Según usted, señor Poblano, cuando vea algún despacho en que firmen dos o tres señores ministros de la Audiencia,[57] argüirá diciendo que no hay más en México, según su modo de discurrir, cuando se muera algún diputado, y no esté a mano el suplente, pararán las Cortes, y los ayuntamientos tampoco acordarán cosa alguna, muriendo o enfermando algún regidor, porque como tienen número fijo... Ya usted me entiende. Ni el que asaba los ochavos, señor J[uan] N[epomuceno] T[roncoso].[58]

La Junta es un tribunal especial, y aunque falte uno, no por eso dejarán los demás de hacer votación, como sucede en todos los tribunales en que hay número fijo. ¿Quiere usted que haya libertad de imprenta sin censura?[59] Buenos quedaríamos en el caso. Una cosa es coger cierto número de vocales para tal y tal clase de sentencias o de sujetos, y otra muy diversa que todos los que componen el Tribunal hayan de votar siempre, y argüir con un privilegio: es lo mismo que decir que porque H. tiene la gran cruz,[60] la ha de tener usted también. Esos argumentos traen la solución en sí mismos, y por lo tanto no merecen respuesta, así como tampoco la ha de menester el argumento de la Junta Provincial, por la notable disparidad de que, cuando se restableció la de censura, tenía los vocales necesarios, lo que no sucede en el caso del argumento de usted.

Sí, señor, se practica en México que el Ayuntamiento nombre al fiscal, como lo ha hecho. Sí, señor, se oye la contestación del autor del papel, y así se acostumbra por los jueces de letras, y vuelve a la Junta, si es necesario, o lo pide la parte. Y el que en los papeles públicos no se copie toda la censura, no es prueba de que no se funde; bien que hay cosas tan claras que hasta los ciegos las ven, y éstas no necesitan de fundarse. Para la carta de usted sólo la graduó la Junta de injuriosa y falsa en su contenido, por lo calumnioso al excelentísimo señor virrey de este reino, y por ser notoriamente falsos los hechos con que se le infama.

Pregunta usted que ¿qué se deberá hacer cuando se niega la legitimidad a la Junta? Y yo le respondo que, aunque eso no es de mi cuento, no fundando su dicho, como usted no lo fundó, lo despacharía con el que iba corriendo tras el dedo.

Los artículos 24 y 25 del decreto adicional de 10 de junio de [1]813[61] no traen las palabras que usted pone de gusanillo, ni se encuentra en ellos aquello de calificación absoluta y definitiva. Baste esto, y entienda que, aunque se permitiera, nada de ello toca a la responsabilidad del jefe político, que es a lo que se dirigió mi papel. Las cuestiones nuevas que toquen a otras autoridades son para confundir la principal.

Contestados sus cuatro rebuznos, pasaremos al 5º, que fácilmente se desvanece con advertir que usted confiesa que la ley suple los jueces de letras por los subdelegados y alcaldes; pues los argumentos de que los comandantes y subdelegados usurpen alguna vez la jurisdicción, por no saber los indios leer ni escribir, son de tal naturaleza que si el letrado es malo, sucedería lo propio.

La Constitución manda que todo español esté obligado a obedecer las leyes, y respetar las autoridades establecidas, artículo 7, capítulo 2,[62] y, a la verdad, que los argumentos de usted en este punto lo que hacen es oponerse a la ley. ¿No advierte usted que esto es separarnos del pacto social, que consiste en perder una corta porción de nuestra libertad por medio de las disposiciones legales a que hemos jurado sujetarnos? Si cada uno camina por viento opuesto, como usted pretende, queriendo que, sin embargo de la ley, se haga otra cosa, sería peor el proyecto y las consecuencias funestísimas. Quitar a los subdelegados contra la ley de los tribunales, antes que cumplan, sería hacerse legislador, y entonces sí habría responsabilidad. Dije a usted en mi papel que conforme van vacando se van poniendo letrados, porque así lo manda la ley que cité, y no porque se empiece a conocer la necesidad. Usted no confunda la ley con las razones del capricho. Se habían puesto, antes de que usted escribiese su primera carta, pero en las vacantes, y no absolutamente como usted pretendía.

¿Sabe usted, señor mío, que de aquí a la Península hay dos mil leguas? Pues esto basta, a más de las razones alegadas, para que nuestro jefe pensase con madurez, y esta distancia no admite comparación para (equipararlo) con otros ciudadanos de la Península.

Seamos ingenuos, amigo mío. Los papeles se escriben con verdad o mentira; y si todos son como el de usted, calificado de falso por una junta de sabios y sujetos íntegros, ningún aprecio merece. Muchas falsedades se escriben, y es preciso que seamos como aquel que por ver las cosas de letra de molde, las creía a puño cerrado.

¿En dónde pregunto yo a usted, que quién se toma el título de jefe político?[63] ¿También a mí me levanta usted testimonios? Lo que he dicho es que si alguno se toma el título de jefe político, se avise para poner el remedio; y el modo es, como digo en el mismo párrafo, quejarse a la autoridad superior; y si no se hace justicia, puede imprimirse la sentencia. Entonces se oirá a la parte, y ella en su defensa dirá lo que estime conveniente. Se verá si se lo toma o se lo han dado, porque de otra suerte se quebrantaría la ley, faltando al orden legal.

Dígame usted, señor crítico, los que hicieron la ley de tribunales ¿estaban sujetos a algún Cayo Mario, como usted dice? ¿Tienen esa traba los señores ministros que dirigieron a nuestro digno jefe el Reglamento de Milicias Nacionales, el decreto en que consta haber jurado el rey la Constitución,[64] y el de la abolición de ordenanzas gremiales?[65] Pues éstos, señor mío, vienen dirigidos al señor virrey de N[ueva] E[spaña] por lo que, por mucho que usted discurra, siempre chocará con esos novísimos decretos, que hemos de creer se ponen por quien lo entiende.

Usted haga preguntas a quien guste, porque yo ni he defendido ni he impugnado la abolición que se hizo de la libertad de imprenta por virreyes antecesores.[66] Defiendo mi héroe; y usted, aunque corre como aquél que llevaba delante de sí el dedo, no ha podido desvanecer los argumentos contra la responsabilidad que en su carta le atribuía.

Usted es letrado; pero cuando el caballo es flaco no se anda bien la jornada. El cumplimiento de la ley constitucional es el verdadero liberalismo. Lo que mandan las Cortes, y sanciona el rey, es lo que debemos hacer, porque lo demás sería trastornar el orden. Usted no sea pronto en creer para no exponerse a que le echen en cara las proposiciones. Macice lo que le cuenten, y sobre buen caballo podrá emprender la marcha; pero con la ley en la mano. Ponga usted hechos ciertos, y no trastorne el derecho.

 

Fefaut el Argelino[67]

 

NOTA

 

Si los procuradores para el ascenso con mi hoja de servicios son como usted, mal me irá, y más si alega méritos iguales a los de los artículos 24 y 25 del Reglamento de Censura[68] que supone copiar, sin que traigan tales palabras. Y si los hechos son como muchos de los de sus dos cartas, opuestos en toda la verdad de lo que pasa y se practica, al que una vez miente jamás se le cree. El primer extremo se calificó judicialmente, para el segundo saque usted la consecuencia.

 
 


[1] México: En la Oficina de don Alejandro Valdés, 1820, 12 pp.

[2] Justa defensa del excelentísimo señor virrey de Nueva España. Cf. nota 3 a Carta a El Pensador Mexicano, en este volumen.

[3] tomar un polvo. Tomar rapé. “Se entiende por una tomadura de tabaco. Dícese asi, porque el tabaco está reducido a polvo.” Dic. autoridades. Fernández de Lizardi en Don Catrín de la Fachenda usa esta frase como equivalente de hacer una pausa, reflexionar un momento. Cf. Obras VII- Novelas, p. 556.

[4] calar capilla. Calar. Dicho de la gorra, el sombrero, etcétera, ponérselos haciéndolos entrar mucho en la cabeza. Capilla. Capucha sujeta al cuello de las capas, los gabanes, o hábitos.

[5] cantar la palinodia. Retractarse públicamente, y, por extensión, reconocer el yerro propio, aunque sea en privado.

[6] gato. Fernández de Lizardi llama así a la sátira; en su Envite escribe: “La sátira es del error/ justo azote cada rato;/ ella es mi gustoso plato,/ que hay mucho que corregir./ ¡Qué tal! ¿empiezo a escribir?/ ¿Compadrito, suelto el gato?”. Cf. Obras I-Poesías y fábulas, p. 245.

[7] Se trata del folleto No rebuznó con más tino el pobre alcalde argelino. Véase nota 1 del folleto anterior.

[8] Cf. No rebuznó con más tino..., en Obras X-Folletos, p. 356.

[9] Juan Bernardino. Tío de Juan Diego a quien también se le apareció la Virgen de Guadalupe. Es personaje del Diálogo ideal entre Juan Diego y Juan Bernardino, lamentándose de la tibieza que de pocos años a esta parte se nota en México en el culto y obsequios debidos a nuestra madre MARÍA SANTÍSIMA bajo la advocación de GUADALUPE en su novenario. Cf. Obras X-Folletos, pp. 389-399.

[10] La Canoa. Cf. nota 1 a La Canoa, número 1, en este volumen.

[11] Cf. nota 12 a El Liberal a los bajos escritores, en este volumen.

[12] quid pro quo. Una cosa por otra. Por extensión, confusión o error.

[13] bodegonero. Persona que tiene bodegón. Bodegón, sitio o tienda donde se guisan y dan de comer viandas ordinarias, taberna.

[14] entender de figuras. “No entender las cosas con representaciones o semejanzas que se hallan en alguna cosa respecto de otra.” Dic. autoridades.

[15] pane lucrando. Para ganar el pan. Dícese de las obras artísticas o literarias hechas para ganarse la vida. Lucrar con el pan. Fernández de Lizardi escribe al respecto: “Protesto a usted ingenuamente que no me acuerdo si tal cosa se me ha escapado de la pluma [...]. Lo que he dicho e impreso es que ‘cuando escribo trato de conciliar mi interés particular con el interés común’, y esto ¿qué tiene de nuevo ni de malo?, ni uno he visto yo que trabaje de balde para el público aunque a éste le resulte beneficio de su trabajo [...] ¿pues por qué no ha de gozar iguales ventajas [que el labrador, artesano y médico] que el escritor que impende más difíciles tareas en beneficios de sus semejantes? Y [se] me ocurren dos preguntitas [...] ¿ por qué no dio usted su papel de balde [...], la utilidad que sacó de él ¿la dio a los santos lugares de Jerusalén, la repartió entre los pobres de la cárcel o se la embolsó bonitamente?” Cf. Obras X-Folletos, p. 301.

[16] medio. Cf. nota 15 a El gran hospital de Cayo-Puto..., en este volumen.

[17] chanfaina. Cf. nota 11 a La Mujer Constitucional... y nota 6 a El Abogado lego, ambos en este volumen.

[18] La idea completa en Justa defensa... es la siguiente: “parece que toda la ciencia de muchos escritores está vinculada en maldecir, roer y satirizar no sólo los escritos que no les gustan, sino también las personas determinadas que no confrontan con su modo de pensar”. Cf. Obras X-Folletos, p. 330.

[19] Idem. Cf. nota 9 a La Canoa, número 2, en este volumen.

[20] Se refiere al autor de El Esquife, cf. nota 3 a La Canoa, número 1, en este volumen.

[21] malignantis naturae. De naturaleza maligna, perversa.

[22] Constitución. Cf. nota 4 a El Irónico Hablador..., en este volumen.

[23] Juntas provinciales. La Diputación Provincial de la Nueva España “debe componerse de siete individuos elegidos por las Juntas Electorales de las Provincias de su comprensión, siendo naturales ó vecinos de ellas, conforme al artículo 330, y así será uno de Veracruz, otro de Puebla, otro de Oaxaca, otro de Valladolid, y dos de esta capital, porque siendo la de mayor población, tienen también esta preeminencia”, según Real decreto de 23 de mayo de 1811 (Cf. La Constitución de 1811..., t. I, p. 205). La Diputación Provincial de México se instaló el 13 de junio de 1814 con lo siguientes vocales: José Ángel Gazano, por México; el coronel Pedro Acevedo, por Querétaro; Juan Bautista Lobo, por Oaxaca; José Daza, por Tlaxcala; y el sargento mayor Ignacio García Illueca, suplente por México. El 20 de julio de 1820 se reinstaló la Diputación Provincial de la Nueva España. En su segunda sesión se nombró secretario de ella a José Manuel de la Sierra. Estuvo compuesta por Apodaca, el jefe político, y Ramón Gutiérrez del Mazo, el intendente, y sus miembros con voto fueron, por la intendencia de México, el diputado propietario Juan Bautista Lobo y el suplente García Illueca, jefe militar administrativo retirado; por la intendencia de Puebla, el doctor Francisco Pablo Vázquez; por la provincia de Querétaro Pedro Acevedo y Calderón; por la de Tlaxcala, el licenciado José Julián Daza y Artaza; y por la intendencia de Veracruz, el doctor Manuel Antonio Couto; es decir, todos los que la componían en 1814; los nuevos diputados que resultasen electos en el proceso convocado para septiembre reemplazarían a esos miembros provisionales el día 30 de ese mes de 1820. Cf. Nettie Lee Benson, La diputación provincial..., p. 57.

[24] don Antonio. Cf. nota 9 a El Ignorante a El Pensador Mexicano, en este volumen.

[25] El párrafo completo aludido es el siguiente: “Reclamemos enhorabuena el cumplimiento de la Constitución; acusemos sus infracciones, quejémonos de los que la infrinjan con descaro; pero hagámoslo todos con la moderación que exige en todos casos la religión, la política y la ley. Lo contrario será atropellar con las leyes divinas y humanas”. Cf. Obras X-Folletos, p. 335.

[26] Diccionario castellano. Tenemos noticia de un Diccionario castellano, con las voces de ciencias y arte y sus correspondientes de las tres lenguas, francesa, latina e italiana; ed. por Francisco Meseguer y Arrufat y Miguel de Manuel y Rodríguez, Madrid: Vda. de Ibarra, Hijos, 1786-1793, 4 v., su autor Esteban de Terreros y Pando (1707-1782).

[27] Fábula 18 El caminante y la mula de alquiler. (Los que empiezan elevando el estilo, se ven tal vez precisados a humillarlo después demasiado). “Harta de paja y cebada/ una mula de alquiler/ salía de la posada,/ y tanto empezó a correr,/ que apenas el caminante/ la podía detener./ No dudó en un instante/ su media jornada haría;/ pero algo más adelante/ la falsa caballería/ ya iba retardando el paso./ ‘¿Si lo haría de picardía?.../ ¡Arre!... ¿Te paras?... acaso.../ metiendo la espuela... nada./ Mucho me temo un fracaso./ Esta vara que es delgada.../ Menos... pues este aguijón.../ mas ¿si estará ya cansada?’/ Coces tira... y mordiscón;/ se vuelve contra el jinete.../ ‘¡Oh, qué córcovo, qué envión!/ Aunque las piernas apriete.../ ni por esas... ¡Voto a quién!/ Barrabás que la sujete.../ Por fin dio en tierra... ¡muy bien!/ ¿Y eres tú la que corrías...?/ ¡Mal muermo te mate, amén!/ no me fiaré en mis días/ de mula que empiece haciendo/ semejantes valentías.’/ Después de este lance, en viendo/ que un autor ha principiado con altisonantes estruendo,/ al punto digo: ‘¡Cuidado!/ ¡Tente, hombre!, que te has de ver/ en el vergonzoso estado/ de la mula de alquiler’.” Cf. Tomás de Iriarte, Poesías, pp. 25-26.

[28] En Dar que vienen dando... se lee: “Discutir es (Diccionario de la lengua castellana) examinar atenta y diligentemente las particularidades y circunstancias de alguna materia para descubrir y averiguar lo cierto, o investigar y registrar otra cualquier cosa”. Cf. Obras X-Folletos, p. 340.

[29] Fernández de Lizardi escribió: “Si, excelentísimo señor, nuestra excelencia continúa, como hasta aquí, adornando su espíritu con las virtudes cristianas y morales que lo hacen amable, cumpla con la ley, hágala cumplir con energía, consulte con los sabios, virtuoso y despreocupados, y ríase de estos lisonjeros que los aturden y que si mañana funde la custodia, se lo aprobarán...” Ibidem, p. 342.

[30] Fernández de Lizardi dice en No rebuznó con más tino...: “cuando digo clases altas [...] debe entender que éste es un modo de hablar figurado, no literal, y este modo de hablar exagerativo o hiperbólico es demasiado común en estilo familiar y esto lo saben hasta las mujeres y los niños. Para ponderar que hace mucho calor dicen se quema el mundo, y ni se quema, ni todos tiene calo en una hora”. Cf. Obras X-Folletos, p. 362.

[31] uno piensa el bayo y el otro el que lo ensilla. “Refrán que se dice de dos que están discordes, y no conforman en la intención, pensando cada uno, y discurriendo que ha penetrado lo que otro intenta o imagina hacerlo”. Dic. autoridades.

[32] Véase No rebuznaron en balde el uno y el otro alcalde, en este volumen.

[33] contribuciones. Cf. nota 125 a No rebuznaron en balde..., en este volumen.

[34] real. Cf. nota 23 a El Pensador Tapatío a sus Censores, en este volumen.

[35] diezmo. Cf. nota 43 a Todos pensamos o Carta a El Pensador Mexicano, en este volumen.

[36] capitanía general. Cf. nota 40 a La Mujer Constitucional a El Pensador, en este volumen.

[37] Ley de Tribunales, capítulo 2, artículo 12: “Doceavo. No debiendo ya ilustrarse en primera instancia ante las audiencias los recursos de que algunas han conocido hasta ahora con el nombre de auto ordinario y firmas, todas las personas que en cualquiera provincia de la monarquía sean despojadas o perturbadas en la posesión de alguna cosa profana o espiritual, sea eclesiástico, lego o militar el perturbador, acudirán a los jueces letrado de partido para que las restituyan y amparen; y éstos conocerán de los recursos por medio del juicio sumarísimo que corresponda, y aún por el plenario de posesión si las partes lo promoviesen, con las apelaciones a la audiencia respectiva en el modo y casos que previene el artículo 43 del capítulo primero; reservándose el juicio de propiedad a los jueces competentes siempre que se trate de cosas o personas que gocen de fuero privilegiado.” Cf. La Constitución de 1812..., t. I, p. 317.

[38] Reglamento de Tribunales, capítulo 4. Cf. nota 65 a No rebuznaron en balde..., en este volumen.

[39] Ley de Tribunales, capítulo 2, artículo 15: “[Los jueces de partido] también conocerán de las causas civiles y de las criminales sobre delitos comunes que ocurran contra los alcaldes de los pueblos del partido. Las que ofrezcan de la misma clase contra el juez letrado se podrán y se seguirán ante el de partido cuya capital esté más inmediata.” Cf. La Constitución de 1812..., t. I, p. 317.

[40] Fernández de Lizardi había escrito en No rebuznó con más tino...: “yo insisto en que tal adhesión [de Juan Ruiz de Apodaca a la Constitución] es discutible, no para unos, sino para otros. Esto es, no para los que conocen a fondo el corazón de su excelencia, sino para los que no lo conocen ni lo han tratado”. Cf. Obras X-Folletos, p. 357.

[41] Fernández de Lizardi declara que estudió gramática latina con Manuel Enríquez de Ágreda; retórica en la Universidad Nacional con Francisco Zambrano; filosofía en el Colegio de San Ildefonso con Manuel Sancristóbal y Garay. Cf. Respuesta de El Pensador al defensor del Payo del Rosario, en Obras XIII-Folletos, p. 616-618.

[42] pieza de bretaña. Lienzo fino fabricado en Bretaña.

[43] duro. Cf. nota 43 a Respuesta del padre Soto..., en este volumen.

[44] peso. Cf. nota 68 a Todos pensamos..., en este volumen.

[45] Querétaro. Actual estado de la República Mexicana anteriormente incluido en la intendencia de Guanajuato, su capital, del mismo nombre, fue declarada ciudad por Felipe IV en 1665.

[46] Guanajuato. Cf. nota 2 a Advertencias a varias equivocaciones..., en este volumen.

[47] Se trata de la fábula CLVII de Tomás de Iriarte, “El pato y la serpiente”: “Á orillas de un estanque/ Diciendo estaba un Pato:/ Á ¿qué animal dio el cielo/ Los dones que me ha dado?/ Soy de agua, tierra y aire:/ Cuando de andar me canso,/ Si se me antoja, vuelo./ Si se me antoja, nado./ Una Serpiente astuta,/ Que le estaba escuchando, / Le llamó con un silbo,/ Y le dijo: Seo guapo,/ No hay que echar tantas plantas;/ Pues ni anda como el gamo,/ Ni vuela como el sacre,/ Ni nada como el barbo./ Y así tenga sabido/ Que lo importante y raro/ No es entender de todo,/ Sino ser diestro en algo.” Cf. Fábulas completas de Samaniego e Iriarte..., p. 287-288.

[48] El Poblano. Cf. Carta a El Pensador Mexicano, en este volumen.

[49] Junta de Censura. Cf. nota 7 a El Teólogo Imparcial, número 3, en este volumen.

[50] Reglamento de Libertad de Imprenta, artículo 10. Cf. nota 37 a No rebuznaron en balde..., en este volumen.

[51] Tarquino y Nerón. Cf. Carta a El Pensador Mexicano, en este volumen.

[52] cantar fuera de coro. Cf. nota 32 a N rebuznaron en balde..., en este volumen.

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