CARTA DEL CHARLATÁN A EL PENSADOR MEXICANO[1]

 

Señor Pensador: las extraordinarias luces que asisten a usted, según la voz general de la fama, del amor y del aprecio que los pueblos todos hacen a sus escritos, colocándole en el distinguido lugar de Privado de la Nación, me excitan a tomar la pluma para que, allanado el camino del progreso rápido que llevaba en el curso filosófico con la solución dada por usted a una dificultad que me lo ha interrumpido, pueda ser útil en cualquier punto del globo a mis conciudadanos.

            Había sido costumbre en el gobierno pasado tolerar a todos los hombres que se dedicaban a la lucrosa y facilí[si]ma carrera de la charlatenería médica, autorizándoles muchas veces con la digna condecoración de Físicos de Regimiento,[2] sin preveer que estos bárbaros y crueles homicidas por este medio aumentaban prodigiosamente el número de las víctimas sacrificadas a su ignorancia; pues, no pudiendo cumplir con los deberes de su destino, se apropiaban también con arrogancia inaudita los que exclusivamente pertenecen al médico.[3]

            En aquel tiempo no discurría yo del modo anterior, pues sólo trataba de elegir entre los medios de subsistir el que fuese más fácil y más lucroso para ocurrir a la indigencia a que por otra parte estábamos proscritos los hijos de este suelo por falta de instrucción, y más de protección. Reflexionaba conmigo mismo sobre los arbitrios que prestan las ciencias todas, las artes mecánicas y la agricultura; y después de revistos todos, me dictaba la experiencia que aquéllas estaban muy atrasadas y casi inaccesibles por la causa indicada, por lo que me decidí luego al noble oficio de curandero, pues de lo que únicamente trataba era comer y vestir como un conde. ¡Feliz hallazgo! ¡Feliz pensamiento! Lleno de gozo me dedico en el momento, ocho días, al estudio de Medicina y Cirugía, dándoles la distribución siguiente: desde las cinco hasta las ocho de la mañana veía curar a los enfermos que había en los departamentos de los hospitales San Andrés y el de Naturales;[4] el resto del día hasta las cuatro de la tarde lo pasaba en la Alameda[5] descansando del trabajo anterior; a esta hora me retiraba a la botica que me parecía, en donde mi ocupación era criticar a los verdaderos médicos, elogiar a los que el vulgo ensalza, beber alipuz[6] y hacer un acopio de todas las recetas que se despachaban (entre paréntesis, la mayor parte de las que veía, a pesar de mi ignorancia, conocí que eran bárbaras), preguntándole a los criados cuál era la enfermedad de que adolecían los pacientes para quien se pedían aquellas drogas. Últimamente a las siete de la noche comenzaba la Lección de Florilegio[7] y Madama Fouquet,[8] pues ya me había instruído una viejita, famosa curandera de Bolaños,[9] que en estos libros se hallaban descifrados los principales misterios de la medicina, y se contenía el sánalo todo sin el aparato y bambolla[10] de otros librotes. Mi lección nunca pasó de media hora porque se me abestiaba mucho la cabeza.

            Enriquecido con estos bellos conocimientos teórico-prácticos, y un competente acopio de recetas del jaez que he dicho, compro un bisturí, una lanceta, unas pinzas, una jeringuita, un serrucho y un torniquete, únicos y sobrados instrumentos de los de mi oficio. Mi frac, que de negro había pasado a ceniciento, lo mando teñir para restituirlo a su primitivo estado, lo doy a un rinconero[11] para que de él me haga uniforme semejante en todo a los que usan los practicantes de cirugía. El día primero del año lo estreno, y como ya a las doce horas de este mismo había concluido felizmente mi carrera, puse mi matancita en el centro de esa corte, y [h]éteme aquí hecho el árbitro de la vida y salud de los hombres.

            Como esta mi raza abunda maravillosamente en esa ciudad, merced al descuido de los que debían celar de su extinción, trato de marchar a un pueblo donde, no habiendo otro facultativo que yo, a más de que me tendrían por oráculo, toda la ganacia será mía. Realizo este proyecto viniéndome a este pueblo, de Tontonatico,[12] y, ¡mil veces acertada resolución!, pues me sale aún más ventajosa de lo que pensaban: soy la maravilla y el oráculo, hago milagros,a vivo tranquilo y disfruto muchas comodidades por el cuantioso ingreso que hay diariamente en mis bolsas.

            Pero, ¡oh desgracia y suerte infausta!, cuando ni remotamente pensaba salir de este género de vida, leo con dolor de mi corazón un papel titulado Destierro de charlatanes y abuso de cirujanos.[13] Veo en él no sólo despreciados, sino justamente acusados como reos de homicidio ante el tribunal de la razón, a todos aquellos cuyo estudio para el espinosísimo ejercicio de la medicina ha sido, poco más poco menos, semejante al mío.

            Sin embargo, convencido íntimamente de la verdad del papel citado, abrazo su consejo de matricularme para desempeñar dignamente mi obligación, y no ser ya en adelante un asesino; pero no pudiendo verificarlo sin ser bachiller en artes, comienzo a estudiar la lógica jaquieriana[14] a la dirección de un sabio amigo; me empeño con tal tesón que a la hora de ésta, ningún sofisma se me escapa por oculto que tenga su veneno. Este adelanto lo debo, sin duda, a las acertadas lecciones de mi maestro, y al siguiente consejo que me ha prescrito: “Para adquirir una buena práctica en silogizar, o sea discurrir metódicamente para encontrar la verdad o falsedad de nuestras ideas, es necesaria la versación continua, deduciendo consecuencias de las proposiciones que le presenten a usted ya los libros, ya los impresos que semanariamente recibimos de la capital, y observar detenidamente si las que se encuentran en ellos deducidas lo están legítimanente o no.”

            Una de las noches de nuestra academia, tomó de encima de su mesa los impresos que le pareció; y para más facilitarme el precepto dicho, analizó muchos sin que hubiéramos tenido tropiezo alguno; pero cuando analizamos el Bando publicado en esa capital el once del último julio, y llegamos a su octavo artículo, ya no pudimos pasar adelante, pues la consecuencia que se deduce en él, según nuestra lógica, no se contiene en las premisas. Tome usted un polvo[15] y óigame con cachaza.

            El citado artículo octavo dice que con arreglo a los artículos 10[16] y 325[17] de la Constitución, y al decreto de las Cortes Generales y Extraordinarias de 23 de mayo de 1812[18] deben establecerse dos diputaciones provinciales en el territorio de la Junta Preparatoria de esa capital, una en México y la otra en San Luis Potosí.

            Dice mi lógica que las premisas deben contener la consecuencia; pero en el artículo 10 de la Constitución no hay la palabra numérica dos ni equivalente a ella, ni mucho menos las dicciones diputación provincial; luego, no se halla contenida ni expresa ni tácitamente, y si no léase el artículo y pruébeseme que lo está.

            Del artículo 325 tampoco deduzco que deba haber dos diputaciones provinciales en el territorio dicho, pues la Constitución dice a la letra en el lugar citado que “en cada provincia habrá una diputación llamada provincial, para promover su prosperidad, presidida por el jefe superior”. Luego, habiendo en el territorio de esa Junta Preparatoria,[19] según el artículo tercero del mismo Bando, las nueve provincias siguientes: México,[20] Puebla,[21] Oaxaca,[22] Valladolid,[23] Veracruz,[24] Querétaro,[25] Tlaxcala,[26] San Luis Potosí[27] y Guanajuato,[28] deberán ser nueve las diputaciones provinciales. Ésta es a mi parecer y el de mi maestro la consecuencia legítima, sin que se nos dé por solución el que ya dice el citado artículo tercero, que esta división de provincias es para sólo el efecto de las elecciones; pues a esto respondemos que se extiende también a las diputaciones provinciales, como que son electas por los mismos que un día antes eligieron a los diputados de Cortes.

            Por otra parte, señor Pensador, ¿no es una cosa incongruente con la evidentísima proposición que afirma residir la soberanía esencialmente en el pueblo, el que cuatrocientos setenta mil seiscientos setenta y tres habitantes que componen las dos provincias San Luis Potosí y Guanajuato elijan una diputación provincial completa de siete diputados propietarios y tres suplentes, y que un millón ochenta y cinco mil ciento setenta que componen la provincia sola de México elija ésta sola un diputado propietario y un suplente? ¿Acaso hay mayor soberanía en medio millón incompleto, que en uno excesivo? No lo comprendo, y aquí es en donde necesito más de las combustiones de su Conductor Eléctrico.[29]

            Sólo nos resta leer el decreto expedido por las Cortes Generales y Extraordinarias el 23 de mayo de 1812, que es la tercera y última cita a que se arregla el bando. Este decreto lo puede usted ver en el Bando publicado en esa Corte el 14 del último junio[30] y, a la verdad, si está íntegro, como parece, no encontrará cosa que pertenezca a la elección de diputaciones provinciales, pues todo él se dirige a sólo el establecimiento de los ayuntamientos constitucionales.[31] Luego sucede lo mismo que en el primer caso, es decir, la consecuencia contiene otra cosa distinta de las premisas. Luego, no se deduce de ninguna de las tres citas la proposición de que deba haber en el territorio de la Junta Preparatoria de esa ciudad dos diputaciones provinciales.

            Ya le he manifestado a usted con sinceridad cuál es la dificultad que interrumpió mi rápido progreso en el estudio de la lógica, y la grande utilidad que me prometo si, con su acostumbrada claridad, me pone en silogismo redondo o, más bien, cómo de los citados documentos se infiere el que en el territorio de la Junta Preparatoria de México sólo deba haber dos diputaciones provinciales. Espero no omitirá usted comunicar sus luces al

 

Curandero Arrepentido

 
 


[1] México: Impreso en la Oficina de don Juan Bautista de Arizpe, 1820, 7 pp.

[2] físicos de regimiento. Físico era la palabra anticuada para designar a los médicos.

[3] Fernández de Lizardi trató sobre la charlatanería de los médicos en varias obras: dos poemas titulados El médico y su mula, La mula más racional, fábula VII “Hipócrates y la muerte”, fábula XVI “El Médico, la Enfermedad y el Paciente”, cf. Obras I-Poesías y fábulas, pp. 188-192; 192-197; 302-304, y 323-324. El Suplemento del 27 sept. 1813, a El Pensador Mexicano, t. II, titulado Cuartazo a los Boticarios, cf. Obras III-Periódicos, pp. 287-292. Aborda también el tema en sus novelas: La Quijotita y su prima, t. I, caps. II y V, El Periquillo Sarniento, t. III, caps. II, III y IV, t. IV, cap. III; t. V cap. VIII; y en el cap. XII de Don Catrín de la Fachenda, cf. Obras VII-Novelas y Obras IX-Novelas. En especial es conocido el capítulo II del tomo III de El Periquillo titulado “En el que refiere Periquillo cómo se acomodó con el doctor Purgante, lo que aprendió a su lado, el robo que le hizo, su fuga y las aventuras que le pasaron en Tula, donde se fingió médico”, sobre esta aventura la obra se extiende en los siguientes dos capítulos. Fernández de Lizardi dedicó también folletos al tema: El sacristán enfermo. O crítica contra los malos médicos y boticarios; Propuestas benéficas en obsequio de la humanidad; Receta o método curativo propuesto por medio de El Pensador en la presente peste; Respuesta de El Pensador al Amigo Consejero; Chanzas y veras de El Pensador Mexicano; Las porfías de El Pensador y Los diálogos de los muertos. Cf. Obras X-Folletos.

[4] Hospitales de San Andrés y de Naturales. Cf. nota 44 a El Pastor del Olivar..., en este volumen. En 1553, el rey acordó fundar un hospital dedicado al cuidado de indios. No estaba adscrito a ninguna orden religiosa ni al arzobispado. También se le llamó Hospital Real de Indios. En este hospital don Gregorio Manuel Hernández Lizardi, padre de nuestro autor, hizo sus prácticas durante dos años para recibirse de Bachiller en Medicina. Fue suprimido en 1822, y se demolió al ampliarse la avenida San Juan de Letrán, hoy Eje Central Lázaro Cárdenas.

[5] Alameda. Cf. nota 40 a Diálogo sobre El Pensador Mexicano número 17..., en este volumen.

[6] alipuz. En México es cualquier bebida que se prepare con alcohol. En comunicación directa, Helena Beristáin afirma que “echarse un alipuz” es una frase festiva equivalente a “ir a beber un trago”, sin especificar qué tipo de bebida alcohólica sea. También en México es muy conocida una canción del compositor popular Chava Flores titulada “Bartola” que recoge esta expresión, dice: “Mira Bartola,/ ái te dejo esos dos pesos,/ pagas la renta,/ el teléfono y la luz,/ de lo que sobre,/ coges de ái para tu gasto,/ guardas el resto/ para echarme mi alipuz...”.

[7] Se trata de la obra de Juan de Esteyneffer, Florilegio medicinal de todas las enfermedades, sacado de varios, y clásicos autores: para bien de los pobres, y de los que tienen falta de médicos, en particular para las provincias remotas, en donde administran los RR. PP. misioneros de la Compañía de Jesús. Madrid: En la Imprenta de Joachin Ibarra a costa de doña Juana Correa, 1711. En México existen ediciones de 1711, 1713 y 1887 editada esta última por Irineo Paz, dicha edición tiene el siguiente título Florilegio medicinal: ó Breve epítome de las medicinas y cirugía: La primera obra sobre esta ciencia impresa en México en 1713. Su autor el P. Jesuita Dr. Juan de Esteyneffer. México: Imprenta Lit. y encuadernación de Irineo Paz, 1887.

[8] Se refiere a Marie Fouquet de Maupeou, vizcondesa de Vaux (1590-1681), y a su obra titulada: Obras médico chirúrgicas: Economía de la salud del cuerpo humano: Ahorro de médicos, cirujanos, y botica: Prontuario de secretos caseros, fáciles, y seguros en la práctica, sin cifras médicas. Tr. (conforme a la impresión correcta, y añadida, que se hizo en Leon de Francia, año de 1739) del francés a la lengua castellana, por Francisco Monroi, y Olaso. Salamanca: Antonio Villagordo y Alcaraz, 1750; tenemos noticia de una segunda edición del mismo año en Valladolid por Alonso de Riego; y otra de 1771 en Valencia, por Salvador Fauli.

[9] Bolaños. Real minero, situado en la sierra norte de Jalisco y aproximadamente equidistante entre Zacatecas y Guadalajara. La bonanza de Bolaños comenzó hacia 1747 y se mantuvo hasta 1761, en esos años produjo casi la tercera parte de toda la plata acuñada en México. Después de 1761, la vida del real minero revela, escribe Brading, un sistema que prevalecía en toda la minería: generosidad de las exenciones fiscales, mayor influjo de capital de los comerciantes de la ciudad de México, reinversión de la ganancia minera y necesidad de una fuerte inversión de capital para el desagüe de tiros y túneles. Hacia 1798, la compañía que trató de restaurar las minas del real minero “cerró sus cuentas y abandonó a Bolaños a su suerte”. Cf. Brading, Mineros y comerciantes..., p. 264.

[10] bambolla. Cosa bofa, abultada y de poco valor. También se entiende como boato fausto u ostentación excesiva y de más apariencia que realidad.

[11] rinconero. Sastre.

[12] Tontonatico por Tonatico. Municipalidad del Estado de México y su pueblo cabecera.

a Y en verdad que sí, pues de los pocos que he sanado, siempre ignoré su causa, aunque no he dejado de traslucirla en los muchos que se me han muerto.

[13] Destierro de charlatanes y abuso de cirujanos, firmado por El Amante de la Humanidad, México: Imprenta de Juan Bautista de Arizpe, 1820, 4 pp. Crítica a “médicos” charlatanes por el daño ocasionado a sus pacientes. Pugna porque la ley los castigue con rigor. Hubo un Destierro de ignorancias y aviso de penitentes de fray Alonso de Vascones, de la orden de San Francisco, publicado en Madrid en 1614, y vuelto a publicar en 1804.

[14] Francisco Jacquier. Sacerdote, metafísico y lógico francés. En Ejercicios literarios... de José Antonio Fortanel que se pronunciaron por el 20 de junio de 1803 bajo la dirección del licenciado y maestro don Joaquín Román y Aguilar, catedrático de matemáticas. México: Impreso por Mariano de Zúñiga y Ontiveros [1803], es un examen de matemáticas dedicado a la esposa del virrey Iturrigaray, María Inés de Jáuregui, que sería resuelto según las reglas y método del matemático francés Jacquier.

[15] tome usted un polvo. Cf. nota 47 a Auto de inquisición contra el Suplemento..., en este volumen

[16] Título II, capítulo I, artículo 10: “El territorio español comprende en la Península con sus posesiones é islas adyacentes, Aragón, Asturias, Castilla la Vieja, Castilla la Nueva, Cataluña, Córdoba, Extremadura, Galicia, Granada, Jaén, León, Molina, Murcia, Navarra, Provincias Vascongadas, Sevilla y Valencia, las islas Baleares y las Canarias con las demás posesiones de África. En la América septentrional, Nueva España con la Nueva Galicia y península de Yucatán, Goatemala, Provincias Internas de Oriente, Provincias Internas de Occidente, isla de Cuba con las dos Floridas, la parte española de la isla de Santo Domingo, y la isla de Puerto Rico con las demás adyacentes á estas y al continente en uno y otro mar. En la América meridional, la Nueva Granada, Venezuela, el Perú, Chile, provincias del Río de la Plata, y todas las islas adyacentes en el mar Pacífico y en el Atlántico. En el Asia, las islas Filipinas, y las que dependen de su gobierno.” Cf. Hernández y Dávalos, Colección de documentos..., t. IV, pp. 87-88.

[17] Título VI, capítulo II, artículo 325: “En cada provincia habrá una diputación llamada provincial, para promover su prosperidad, presidida por el jefe superior.” Cf. Tena Ramírez, Leyes fundamentales..., p. 97.

[18] “Bando en que se publica la Real Orden de 8 de junio, con el Real Decreto de 23 de mayo, sobre Diputaciones Provinciales. D. FRANCISCO XAVIER VENEGAS DE SAAVEDRA [...] Las Cortes Generales y extraordinarias con el objeto de facilitar la ejecución del artículo 325 de la Constitución y de que pueda verificarse luego que ésta se publique, el útil establecimiento de las diputaciones Provinciales, decretan: 1°. Que mientras no llegue el caso de hacerse conveniente división del territorio español, de que trata el artículo 11, habrá Diputaciones provinciales en la Península é islas adyacentes, en Aragón, Asturias, Ávila, Burgos, Cataluña, Córdoba, Cuenca, Extremadura, Galicia, Granada, Guadalajara con Molina, Jaén, León, Madrid, Mancha, Murcia, Navarra, Palencia, en cada una de las Provincias Vascongadas, en Salamanca, Segovia, Sevilla, Soria, Toledo, Valencia, Zamora, Islas Baleares é Islas Canarias. Y en Ultramar las habrá en cada una de las Provincias que expresamente se nombran en el artículo 10 de la Constitución, y además por ahora en la América Meridional: en el Perú, la del Cuzco; en Buenos Aires, la de Charcas; y en la de Nueva Granada la de Quito; y en la América Septentrional: en Nueva España, la de San Luis Potosí, á que se agregue Guanajuato; en Guatemala, otra que se fijará en León de Nicaragua con la Provincia de Costa Rica; y en la isla de Cuba, otra en Santiago de Cuba. En el “Parecer Fiscal acerca del Real Decreto de 23 de Mayo, en lo que se refiere á Diputaciones Provinciales”, se dice lo siguiente: “Exmo. Señor. Los Fiscales dicen: que en el precedente Real Decreto de 23 de mayo de este año han dispuesto las Cortes Generales y Extraordinarias que mientras llega el caso de hacerse la conveniente división del territorio español, de que trata el artículo 11 de la Constitución, hay Diputaciones Provinciales, en la Península y en la América Meridional y Septentrional en los lugares que se especifican, y por lo respectivo á la N. E. Sobre las que designa el artículo 10 de la dicha Constitución la haya también en San Luis Potosí, á que se agregue Guanajuato.” Cf. La Constitución de 1812..., t. I, pp. 206-207, y 204, respectivamente.

[19] El decreto de 23 de mayo de 1812 convocaba a la elección de diputados a las primeras Cortes ordinarias, como lo estipulaba la Constitución. Los artículos I y II de la “Instrucción conforme a la cual deberán celebrarse en las provincias de Ultramar las elecciones de diputados de Cortes para las ordinarias del año próximo de 1813”, mandaban formar Juntas preparatorias. Cada junta se compondría el jefe político, el arzobispo, obispo o quien hiciese sus veces, el intendente, si lo hubiere, el alcalde más antiguo, el regidor decano, el síndico procurador y dos hombres de buena reputación, vecinos de la misma provincia, nombrados por las personas antedichas. La Junta haría la división del territorio de su jurisdicción en provincias y en cada una de ellas designaría la ciudad donde habrían de reunirse los electores de los partidos para elegir los diputados a Cortes; se elegiría un diputado por cada 70 mil habitantes. Las Juntas Preparatorias resolverían breve y sumariamente todas las dudas antes de las elecciones y sus resoluciones deberían ejecutarse sin recurso; iniciadas las elecciones en las parroquias, partidos y provincia, las Juntas no deberían interferir en nada. Véase Nettie Lee Benson, La diputación provincial..., pp. 33-36.

[20] México con “x” en el original. En el centro de la cuenca o valle de México. La jurisdicción colonial final corresponde aproximadamente a la moderna ciudad de México. Fue residencia del gobernador de la Nueva España (1524), de la Audiencia (1529) y del virrey (desde 1535). En los últimos años del virreinato la Intendencia de México, de la que formaba parte el actual Estado de ese nombre, era muy extensa: limitaba al norte con la Intendencia de San Luis Potosí; por el oriente con la Intendencia de Puebla; por el sur con el Océano Pacífico y por el occidente con las Intendencias de Guanajuato y Valladolid. Una extensión de cerca de 120 000 Km2.

[21] Puebla. Cf. nota 9 a Calendario, en este volumen. Su actual territorio se encuentra en parte de lo que ocupó la Intendencia del mismo nombre, al final del virreinato.

[22] Oaxaca. Cf. nota 6 a Carta de los Guadalupes a don José María Morelos. Diciembre 31 de 1813, en este volumen.

[23] Valladolid. En la antigua división territorial fue una de las cinco provincias mayores que tuvo el reino de México. A principios del siglo XVII, la provincia y el obispado abarcaban lo que hoy son Michoacán, San Luis Potosí y Guanajuato, y parte de Tamaulipas, Jalisco y Guerrero. Cuando se establecieron las intendencias en 1787, la provincia quedó fragmentada no así el obispado, que quedó circunscrito casi a sus antiguos confines. Hacia 1810 la Intendencia de Valladolid de Michoacán contaba con tres ciudades: Valladolid, Pátzcuaro y Tzinzuntzan; tres villas: Zamora, Zitácuaro y Charo, y 309 pueblos. Cf. también nota 26 a Calendario, en este volumen.

[24] Veracruz. En el siglo XVI Veracruz fue cabecera de Alcaldía Mayor; en el XVII se dividió en la Nueva Veracruz –comprendía el puerto—y la Antigua Veracruz –abarcaba el viejo territorio ocupado por los pueblos indígenas. La ordenanza de intendencia de 1786 creó la Intendencia de Veracruz que reunió las alcaldías mayores de Nueva Veracruz, Antigua Veracruz, Jalapa, Córdoba, Orizaba, Cozamaloapan, Tuxtla, Acayucan, Papantla y Pánuco. La capital quedó establecida en la Nueva Veracruz. Cf. también nota 116 a Inquisición de México..., en este volumen.

[25] Querétaro. El territorio que forma el actual estado de Querétaro, formó parte de la Intendencia de Guanajuato hasta la época de la Independencia. Estado actual de la República Mexicana, situado en la parte meridional de la Altiplanicie Mexicana. Al norte limita con el estado de San Luis Potosí, al sur, con el de Michoacán y el Estado de México, al este con el de Hidalgo, y al oeste, con el de Guanajuato. Cf. también nota 23 a Calendario, en este volumen.

[26] Tlaxcala. Del nahuatl tlaxcalli. En lo quemado, más tarde aplicaron el nombre. De acuerdo a fray Bernardino de Sahagún, el nombre era Texcallan. En el siglo XVI fue una de las cinco provincias de la Nueva España; posteriormente, cuando se estableció la división por Intendencias, Tlaxcala quedó adscrita a la de Puebla, pero por cédula del 2 de mayo de 1793 fue separada y quedó a cargo de un gobernador militar independiente hasta 1821. En 1810 el ayuntamiento de Tlaxcala expresó su voto de confianza y fidelidad a la corona española. Actualmente es un estado de la República Mexicana con capital del mismo nombre. Sus límites son: al sur, al este y noreste, con el estado de Puebla, al norte con el de Hidalgo y al oeste con el Estado de México.

[27] San Luis Potosí. A finales del siglo XVI el descubrimiento de oro y plata dio origen al establecimiento del pueblo de San Luis de Mezquitic o San Luis Potosí. En el siglo XVIII el territorio conquistado y en proceso de aculturación quedó repartido en varias jurisdicciones en lo político y en lo eclesiástico. En lo político parte de su actual territorio pertenecía a Zacatecas y a la Nueva Galicia. En lo eclesiástico dependía del obispado de Guadalajara, de México, y de Michoacán. En 1786 la Ordenanza de Intendentes estableció dos Intendencias que tomaron el nombre de sus capitales, la de San Luis Potosí se formó con los pueblos de su antigua Alcaldía Mayor y el agregado de Guadalcázar; los distritos de Charcas, Ramos y Villa de los Valles; el Nuevo Reino de León, la colonia del Nuevo Santander y las provincias de Coahuila y Texas. En nuestros días es un estado de la República Mexicana, su capital lleva el mismo nombre; limita al noroeste con los estados de Nuevo León y Tamaulipas, al este con el de Veracruz, al sur con los de Guanajuato, Querétaro e Hidalgo y al oeste con el de Zacatecas.

[28] Guanajuato. Fue cabecera de Alcaldía Mayor en 1574; en 1679 se erigió en villa; en 1741 recibió el título de Ciudad de Santa Fe y Real de Minas de Guanajuato, con derecho a escudo de armas. Como Alcaldía Mayor estuvo sujeta a la provincia de Michoacán. En 1786 con la división de Nueva España en doce Intendencias, Guanajuato fue una de ellas cuyos límites coincidían aproximadamente con los del estado actual. Cf. también nota 24 a Calendario, en este volumen.

[29] Conductor Eléctrico. Cf. nota 4 a Cuartazo a El Pensador Mexicano, en este volumen.

[30] Ver nota 18 de este folleto.

[31] En el título VI, capítulo I, artículos 309 a 323, de la Constitución, quedó establecido el gobierno interior de los pueblos por medio de ayuntamientos. “Los regidores y demás individuos de los antiguos ayuntamientos fieles de las Españas en toda la Monarquía, conservarán los honores, tratamiento y uso de uniforme de que respectivamente estuviesen en posesión al tiempo de cesar por la formación de los Ayuntamientos constitucionales.” Decreto de Cortes de 24 de marzo de 1813. Cf. La Constitución de 1812..., t. I, p. 257. En una Representación firmada el 9 de julio de 1820, el ayuntamiento de Puebla declaraba que ningún cuerpo de siete miembros, refiriéndose a la Diputación Provincial de la Nueva España con sede en la ciudad de México, podía atender en noventa reuniones anuales, los problemas de 3 485 municipios. Cf. Nettie Lee Benson, La Diputación provincial..., , pp. 64-65.