CARTA A EL PENSADOR MEXICANO[1]

 

 

 

Siendo en el gobierno de mis reinos el único objeto de mis deseos la conservación de nuestra religión..., el bien y alivio de mis vasallos, la recta administración de justicia..., es mi voluntad que no sólo se me represente lo que se juzgare conveniente con entera libertad cristiana, sino que también se replique a mis resoluciones, siempre que se juzgare contravienen a cualquier cosa que sea..., y yo descargo sobre mis ministros..., no pudiéndome tener por dichoso, si mis vasallos no lo fueren debajo de mi gobierno. Auto acordado 70 libro 2, título 4.

 

 

Muy señor mío: cuando en Europa, viendo las producciones de usted, se forme juicio del altisonante renombre de Pensador, deben creer que es un nuevo género de literatura su nuevo modo de pensar; y creerán bien. Hasta nuestros días Tillotson[2] había sido único en su género, y usted solamente ha sabido imitarlo en toda su originalidad. Este arzobispo agota los adornos de la elocuencia cuando hace el elogio de las virtudes, y usa toda la acrimonia de la crítica cuando refiere las acciones de los santos. En el Sermón de san Francisco (por ejemplo) hace muy bellos cuadros de la castidad, pobreza voluntaria, etcétera, y dice que el santo fue un loco porque no entendió el Evangelio, ni practicó como debía las virtudes. Usted, señor Pensador, en la defensa del excelentísimo señor Apodaca,[3] nos pinta las virtudes políticas y morales de un magistrado, y cuando hace el retrato de su héroe, lo deja como la corneja de Esopo.[4]

El verdadero punto de vista de todo su papel está en la crítica que quiere hacer de El Liberal a los bajos escritores,[5] esto es lo que se descubre entre tantas sombras y medias luces. Yo voy a manifestarle que las razones en que usted funda la Justa defensa del excelentísimo señor Apodaca, son claro-obscuros que afean y descomponen el retrato. Voy a demostrarle su infundada y ratera crítica; y voy a responder con esta sola carta a la multitud de papeles con que han inundado a esta ciudad, todos con el título de Defensa del excelentísimo señor Apodaca.[6] Este excelentísimo señor debe conocer que la adulación es humo de azufre que obscurece los horizontes políticos y forma tempestades de Estado; debe saber que más alabanzas recibió Nerón en su gobierno que César Augusto; y si lee historia, encontrará más panegiristas de los Tarquinos que de Bruto y Catón.[7]

   Empezaré por el epílogo de su elogio, porque usted con su nuevo modo de pensar, nos ha dado un nuevo género de elogios que no he podido encontrar en ningún tratado de elocuencia. Dice usted que si el virrey es adicto o no a la Constitución, es discutible;[8] pues, amigo, esto basta para que no pueda obtener los cargos de jefe superior, etcétera, del reino. No me crea usted bajo mi palabra, oiga el decreto real de 9 de marzo de 1820: “Exigiendo la marcha de los negocios en estas circunstancias extraordinarias, que se pongan al frente de las instituciones constitucionales sujetos familiarizados con ellas, que gocen de popularidad, conozcan perfectamente la opinión pública, y estén en disposición de trabajar con la actividad que exige el servicio”, etcétera. Señor Pensador: este decreto no puede cumplirse en un jefe que tiene en problema su adhesión a la Constitución. El excelentísimo señor juró la Constitución; si su adhesión está en problema, ¿por qué no explica usted los fundamentos de la afirmativa y negativa? El decreto de 26 de marzo dice: que “el que use de protestas o indicaciones contrarias al espíritu de la Constitución, queda en el mismo hecho destituido de todos los honores, empleos”, etcétera.[9] Es así que el jefe que tiene en problema su adhesión a la Constitución, tiene indicaciones contrarias. Luego... luego no se equivoca el autor del Liberal a los bajos escritores.

   Se agrava más la prueba. Divide usted el reino en tres clases y añade: “las clases altas no pueden amar lo que creen que les daña, ni las ínfimas el bien que aún no conocen.”[10] Es así que el excelentísimo señor Apodaca se coloca, y con justicia, en las clases altas. Luego... luego dice bien el autor del Liberal a los bajos escritores. No extrañe usted el estilo escolástico en el familiar de una carta. Usted es un nuevo género de pensadores, usted lo usa en su elogio al excelentísimo señor Apodaca; y yo quiero iniciarme en este nuevo género de literatura. Unde exivimus revertamur.[11]

Dice usted que “al excelentísimo señor se le imputan culpas que no son suyas; que el jefe político no es el único responsable, pues no es de quien únicamente dependen los remedios.”[12] ¡Cuánto hubiera yo dado porque hubiera usted pensado cuando escribió esos renglones! Sepa usted, señor Pensador, que hay muchas infracciones en la Constitución, de las que el jefe político es el único responsable. Vamos a las pruebas. El establecimiento de la Junta de Censura[13] es privativo del rey o las Cortes; supongo que el excelentísimo señor Apodaca, o por necesidad o por orden que tuvo para ello, estableció la que se halla en esa capital de México. Pero el decreto manda que sean cinco vocales, dos eclesiásticos y tres seglares, es así que se ha establecido con tres vocales solamente. Luego, ¿quién es responsable de esta infracción? Será el jefe político.

Resulta de esto que la dicha Junta de Censura es incompetente, ilegal, y de ninguna autoridad; ¿y quién es responsable? El jefe político. En el tomo 15 de Diarios de Cortes, página 184 consta el decreto, en que se declara que la Junta no es tribunal sin apelación, que se puede recusar en toda, y en algunos vocales. Y allí mismo se señalan los casos en que puede hacerse, los tribunales a donde se ha de ocurrir, y las formalidades que deben practicarse. Todo esto es de suma necesidad e importancia para los pueblos; nada de esto se ha publicado. ¿Quién es responsable? El jefe político. Los jueces de letras[14] son de más necesidad que la Junta de Censura, y en las provincias de Puebla[15] y Veracruz[16] ni uno se ha establecido. Pregunto, ¿quién es responsable de las arbitrariedades y aun nulidades que se cometen en los juicios, por falta de jueces de letras? El jefe político. No se me responda que el excelentísimo señor Apodaca no tiene facultad para ello, porque en México hay jueces de letras; y si los puso en la capital del reino, resulta doble cargo de responsabilidad en no haberlos establecido en las demás provincias. Volvamos un pasito atrás. Según noticias fidedignas publicadas en el Diario de Veracruz,[17] que hasta el día no se han desmentido, consta que el excelentísimo señor tenía en su poder desde el día 11 de mayo las Gacetas del mes de marzo, por las cuales, habiéndose jurado la Constitución en Veracruz, desde el 25 de mayo,[18] a pesar de su resistencia, la juró el excelentísimo señor con toda precipitación el día último de dicho mes, cuando acababa de saber lo acaecido en la Veracruz.[19] Pregunto, ¿por qué se detuvo la jura veinte días?, ¿quién es responsable de esto? El jefe político.

Dice usted que el virrey es la primera autoridad;[20] y yo respondo que la Constitución proscribe semejante autoridad, y conozco al excelentísimo señor Apodaca por capitán general y jefe político. ¡Qué desliz y equivocación para un Pensador! Confieso que se debe respetar y obedecer; pero encargo a usted mucho que no se olvide del epígrafe que lleva esta carta, que es de nuestro rey Felipe IV, como también que lea los discursos de los señores Argüelles[21] y Mejía[22] sobre la libertad de la imprenta.[23] Allí verá que es lícito decir a los magistrados, por grandes que sean, los vicios que cometen en la administración y ejercicio de su empleo, y que los autores de semejantes escritos no son revolucionarios, sino que esta nota debe recaer en los magistrados que con su conducta dan lugar a que el pueblo los desprecie. Pregunta usted, ¿por qué el Liberal no alza la voz contra los ayuntamientos y comandantes que quebrantan la Constitución, y por qué no lo grita a las juntas provinciales?[24] Y yo pregunto a usted, ¿por qué el excelentísimo señor Apodaca, jefe político, no los castiga y corrige?, ¿por qué no divide los poderes?, ¿por qué permite que los comandantes de armas sean jefes políticos?

Padece usted convulsiones porque oyó tronar al Liberal. ¡Tiene usted señor Pensador el genio muy espantadizo! Oiga usted lo que yo he leído en los periódicos de la madre patria. En el número 11 del Duende Político[25] se dice: “Los tiempos de Godoy eran tiempos de virtud y de felicidad, comparados con los nuestros; entonces no era más que uno el tronco de la depravación y la tiranía: y presentemente no hay un empleado que no sea un tirano. El gobierno actual no puede salvarnos; mientras las Cortes no pongan dignos patriotas al frente de los negocios, somos perdidos.” Lea usted el número 54 del Semanario Patriótico,[26] y verá cómo se trata al Consejo Real y a su decano, verá cómo, después de referir muchas y muy acres personalidades, concluye diciendo del Juzgado de Policía, etcétera, todos son malos. Lea usted El Conciso[27] del día 2 de noviembre de 1810, y verá allí que si para la felicidad de la nación fuera necesario que Fernando VII muriese víctima inocente, debería sacrificarse. Pregunto yo, ¿unas mismas expresiones publicadas en España no merecen nota, y escritas aquí deben censurarse y recogerse?

Yo no creo que el autor del Liberal le niegue o le conceda al excelentísimo señor Apodaca que es benéfico y que es virtuoso: el Liberal habla solamente de los vicios de un magistrado y de la administración de justicia. Tampoco creo a usted señor Pensador, cuando después de referir lo que el excelentísimo señor Apodaca hizo con el maíz en esa capital a favor de los pobres, concluye diciendo: esto no hacen los visires. Está usted muy atrasado en la historia. Lea usted las Gacetas del año de [17]90, y verá lo que se practicó en Constantinopla de resultas de la grande hambre que desolaba la Asia, y verá providencias que admiraron a los más sabios economistas. Lea usted la historia de los califas de Bagda[d], y el Corán traducido por Pastoret, y verá que los asiáticos son déspotas, pero con unas virtudes morales políticas en algunos de ellos que sobrepujan a muchos recomendables ministros de Europa.

Dice usted que la Constitución no está planteada en todas sus partes; confesión de parte releva las pruebas. Añade usted que esta culpa será de las Diputaciones, y yo también añado, luego también es culpa del jefe político, que es su presidente. Dice usted que “jefe político es uno y él solo no puede ni determinar lo malo ni oponerse a lo bueno.”[28] Ni en Guinea ni en el Malabar, ni en Coromandel[29] es capaz de sostenerse tan maldita máxima: ¿quiere usted decirme, señor Pensador, de qué libro la sacó? Según esto, el Liberal no es culpable porque es uno, y él solo no puede, según usted, ni determinar lo malo ni oponerse a lo bueno. Si el excelentísimo señor Apodaca no es culpable, aunque sea jefe, porque es uno, cada uno de todo el universo es uno, y los más, subalternos; con lo cual ni podrán [sic] determinar lo malo, ni oponerse a lo bueno, ni hacerse culpable. Desafío a todo el universo literario a ver quién pone más disparates en tan corta línea.

Concluiré, señor Pensador, porque no soy capaz de seguirlo paso a paso; pero trataré muy brevemente un puntito interesante. Todos ustedes han encarecido que al excelentísimo señor Apodaca se le debe la pacificación del reino: en esto hay exageraciones. Confieso que ha contribuido bastante, y que jamás se comparará con Cayo Mario y Lucio S[c]ila, sus dos predecesores en el gobierno; pero oiga usted la verdad de una boca que no adula, porque estoy en el caso de repetir lo que Tayerand [sic] escribía al señor Pío VII, cuando firmó el Concordato de los Cónsules de la Francia. La pacificación de las provincias de Puebla y Veracruz se debe casi toda a nuestro actual y dignísimo obispo de esta diócesis, el ilustrísimo señor doctor don Antonio Joaquín Pérez Martínez.[30] Esta verdad se la puede usted enseñar a los mexicanos porque la ignoran; y si usted solicita documentos, los hallará. Le aconsejo, sí, que no los busque entre los cañones y bayonetas, sino entre más de dos mil personas que por influjo del prelado se hallan entre sus familias, y siendo útiles a la religión y a la patria.

Tiene usted libertad para criticar al Liberal, a mí y a quien gustare; pero hágalo con solidez, citando hechos, manifestando razones, o contradiciendo las pruebas del contrario. Haciéndolo con generalidades y voces vagas, merecerá usted el desprecio de los sensatos. Piense usted antes de escribir, escriba sin precipitación, y evite el mismo vicio que imputa a otros: usted no tiene ningún derecho para tratar al Liberal con palabras indecentes. Dé usted ejemplo de juicio y solidez en sus escritos, y cuente con la voluntad de su afectísimo


J[uan] N[epomuceno] T[roncoso][31]

 


[1] Puebla: Oficina del Gobierno, 1820, 6 pp. Fernández de Lizardi en No rebuznó con más tino el pobre alcalde argelino contesta en objeción a esta Carta...: “Todos somos pensadores, erramos y acertamos a la vez en nuestros pensamientos y discursos [...], por la debilidad de nuestro talento [...] estamos sujetos al error, en el que incurrimos a cada paso o por engaño del entendimiento o por malicia de la voluntad [...] son linces para anotar los defectos; pero muy topos para advertir las perfecciones”. Cf. Obras X-Folletos, pp. 353-354.

[2] Juan Tillotson (1630-1694). Prelado protestante inglés, predicador afamado, primer vicario en Herfordshire, primer deán de San Pablo y arzobispo de Canterbury. Fue educado en el puritanismo y más tarde defendió los principios de la iglesia anglicana. Sus Sermones fueron editados en 1694. Sus otras obras se componen de discursos, opúsculos y del tratado The Rule of Faith.

[3] Se refiere al folleto Justa defensa del excelentísimo señor virrey de Nueva España (Obras X-Folletos, pp. 331-335). Juan Ruiz de Apodaca, Cf. nota 5 a Verdadera prisión y trabajos del padre Lequerica, en este volumen.

[4] Fernández de Lizardi en No rebuznó con más tino el pobre alcalde argelino dice: “[...] Trae usted, como por ostentar erudición, la costumbre de Tillotson, que pintaba bien las virtudes y ennegrecía a los virtuosos [...] confieso, amigo mío, que no sé ni dónde hago esta pintura, ni menos dónde despojo de las virtudes morales al señor Apodaca. El hablar de la virtud no es pintar las que convienen a un magistrado, y el recomendarlas las de nuestro jefe político no es dejarlo como el de la corneja de Esopo.” Cf. Obras X-Folletos, p. 355-356. Fábula XIX, del libro cuarto. “La corneja y la oveja”: “E las iniurias que se fazen a los innocentes el Ysopo recuenta tal fábula. Una corneja ocioso et folgazana subio se encima de una oveja: et assí se estava folgando allí. E como muchas vecez usasse de fazer este enojo a la oveja, dize ce que ella le dixo assí: si al perro enojases o timpentatess segund que a mi no faces, no sufririas sus ladrados ni la yra de su boca. La cornaja fabla desta manera. Desta manera la oveja: yo me assiento en los collados fuertes et sea quien se a quien tengo que enojar o no, ca soy de muchos años et soy mala et aspera con los buenos y humildes, et muy amiga de los malos et fuertes et tal me criaron los dioses. Esta fábula increpa a aquellos que a los inocentes et buenos injurian et proucan et non osan solamente mirar a los malos et más fuertes.” Cf. Fábulas de Esopo, reproducción en facsímil de la edición de 1489, publícala la Real Academia Española. Madrid, Tipografía de Archivos, 1929. p. XXVI.

[5] El liberal a los bajos escritores. Véase en este volumen.

[6] Los siguientes folletos critican al autor de El Liberal a los bajos escritores, y defienden a Juan Ruiz de Apodaca: Defensa al excelentísimo señor virrey e impugnación al libelo titulado: El liberal a los bajos, firmado por M. M. G. México, 5 de octubre de 1820, a las dos de la madrugada. Imprenta de Ontiveros, 4 pp. El Americano sincero. En defensa del Excelentísimo virrey, conde del Venadito, ofendido en el papel titulado El liberal a los bajos escritores, firmado por Zaida Guntisu, fechado en México 7 de octubre de 1820. Imprenta de D. J. M. Benavente y Socios, año de 1820 [4 pp.]. Mariano Barazábal publicó Mordaza al liberal que se dice, fechado en México el 6 de octubre de 1820, Alejandro Valdés. En su oficina, calle de Santo Domingo, [4 pp.]; El Amante Imparcial publicó Monitorio a los americanos sobre la mordacidad del libelista de Puebla, y aviso importante a los europeos, [México]: Oficina de Alejandro Valdés [1820], 8 pp., fechado el 19 de octubre de 1820; también Los amantes de la verdad contra el Liberal Poblano, México: Oficina de Juan Bautista de Arizpe, 1820, 7 pp.; El Celoso de Bien de su Patria y de la Debida Subordinación firma el folleto titulado Un soldado a sus compañeros de armas en Nueva España, México: Oficina de Juan Bautista de Arizpe, 1820, [4 pp.], fechado el 6 de octubre de ese año.

[7] Marco Porcio. Catón de Eutica defendió la libertad contra el César. Fernández de Lizardi gustaba de citar la posición estoica de los críticos, o al mismo Catón, que fue un político apellidado como El Censor por la severidad de sus juicios. Cf. Obras III-Periódicos, pp. 156-162; Obras VIII-Novelas, p. 44, 223; los folletos Defensa de la libertad de imprenta. Cf. Obras XI-Folletos, p. 356; en Las sombras de Concha e Iturbide..., en Obras XIII-Folletos, p. 136.

[8] Cf. nota 5 a El Liberal a los bajos escritores, en este volumen.

[9] Decreto de 26 de marzo de 1820. Cf. nota 33 a La Mujer Constitucional a El Pensador, en este volumen.

[10] Cf. nota 6 a El Liberal a los bajos escritores, en este volumen.

[11] Unde exivimus revertamur. Volvamos al principio.

[12] Fernández de Lizardi en Justa defensa... escribe: “Que la Constitución no se halle planteada en todas sus partes es verdad; pero no lo es menos que el jefe político no es el único responsable, pues no es de quién únicamente dependen los remedios. Lea el Liberal lo que toca a las Diputaciones Provinciales, y verá que si no hacen muchas cosas buenas y si se toleran otras malas, la culpa será de estas Diputaciones y no del jefe político que las preside porque éste es uno y él solo no puede ni determinar lo malo ni oponerse a lo bueno.” Cf. Obras X-Folletos, p. 334.

[13] Junta de Censura. Cf. nota 7 a El Teólogo Imparcial, número 3, en este volumen.

[14] jueces de letras. Cf. nota 12 a El Irónico Hablador..., en este volumen.

[15] Puebla. Cf. nota 7 a Va de cuento, en este volumen.

[16] Veracruz. Cf. nota 2 a La Canoa, número 1, en este volumen.

[17] Diario Político y Mercantil de Veracruz. Obra periódica por D. Florencio Pérez y Canoto. Veracruz: Imprenta Constitucional, 1820. Comenzó su publicación el 16 de octubre de 1820. Tenemos noticia de otro impreso en Veracruz y por su original en Puebla: Oficina del Gobierno, 1820; suscrito por El Amigo de la Paz. Cf. Amaya Garritz, Impresos novohispanos, t. II, p. 752. Un Español Constitucional publicó un folleto titulado Artículo comunicado que no tuvo lugar en el Noticioso General después de más de quince días... México: Oficina de Alejandro Valdés, 1820, 11 pp. En él se critica el artículo “Variedades” sobre libertad de imprenta, publicado en el Diario Político y Mercantil de Veracruz.

[18] El virrey Apodaca publicó el Bando del 31 de mayo de 1820 en el que daba noticia de haber recibido Gacetas de Madrid “que alcanzan hasta 28 de marzo último, y viendo en ellas por el Real Decreto del 7 del mismo mes, inserto en la extraordinaria número 31, la decisión del Rey á jurar la Constitución de la Monarquía Española [...] por el de fecha 9 del propio mes inserto en la número 34, en que tratando  su majestad de llevar a efecto su decisión, dispuso la creación de una Junta Provisional con el objeto, entre otros de la mayor importancia, de hacer ante ella interinamente el expresado juramento, hasta que reunidas las Cortes, que había resuelto convocar con arreglo a la citada Constitución, se pueda realizar solemnemente el mismo juramento que este Código previene; viendo así mismo por el artículo de oficio inserto en la Gaceta número 36 de 11 de dicho mes, que tuvo su cumplido efecto el insinuado acto la tarde del 9 del mismo; el manifiesto de Su Majestad a la Nación, de fecha del día 10, inserto en la Gaceta del 12, número 37, en que manifiesta haber jurado la Constitución y exhorta a los españoles a la unión, quietud y buen orden, mandando por otro Real Decreto del día 16 inserto en la Gaceta del 17, número 43, que lo mismo se ejecute en toda la Monarquía, dándose al efecto las órdenes correspondientes; y por último, constando en las propias Gacetas varios otros Reales Decretos relativos al restablecimiento del Supremo Tribunal de Justicia, el Consejo de Estado y otras varios instituciones prevenidas en la referida Constitución, así como la convocación de las Cortes Ordinarias para los años de 1820 y 1821, instrucción para la elección de diputados y señalando para su apertura el día 9 de julio próximo venidero, lo cual consta en el Real Decreto de 22 del presentado marzo, es llegado el caso que desde luego se cumpla la voluntad del Rey promulgándose y jurándose en este Reino la referida Constitución y ejecutándose sucesivamente cuanto se dispone en ella y en los referidos Reales Decretos como lo he resuelto de conformidad con el voto unánime del Real Acuerdo y demás autoridades; cuyo juramento se verificará por mi en unión de los Señores Ministros del citado Real Acuerdo, hoy mismo después de la publicación de este bando, y seguidamente los demás individuos y corporaciones a quienes toca [...]” Cf. La Constitución de 1812..., t. II, pp. 176-177.

[19] Jura de la Constitución en Veracruz. “Excelentísimo Señor: Con los superiores oficios de V. E., de 2 y 7 del último junio, acaba de recibir este Ayuntamiento dos ejemplares de los Bandos que para la jura y publicación en esa capital, de la Constitución política de la Nación Española, sancionada en el año de 1812, hizo V. E. Formar, previniendo á este Cuerpo verificase lo mismo y le remitiese testimonio triplicado de ello. [...] En la ciudad de la Nueva Veracruz, en veinte y seis de mayo de mil ochocientos veinte. Habiéndose el día de ayer publicado la Constitución política de la Monarquía Española, para que con arreglo á lo prevenido se proceda al juramento que está mandado, se presentó en esta Sala Capitular el Señor General Gobernador Intendente Mariscal de Campo D. José Dávila, los señores Alcaldes de primera y segunda elección Don Ignacio de la Puente y D. Joaquín de Taxonar, los Señores Regidores Don Martín María de Cos, Don Pedro Miguel de Echeverría, Don Francisco Antonio de la Sierra, Don Manuel de Viya y Cosío, Don Juan Antonio Lemos, D. Martín de Embil, Don José Antonio Valdez, Don José María Ruiz y Santa Cruz, Don Manuel García de la Lama, Don José de la Cámara, Don Miguel Buch, Don Roque de Estenaga y don José de la Lana, Síndico Personero del Común, habiendo sólo faltado los Señores Don Pedro García del Valle, Regidor Procurador General, por estar ausente, y Don José Aniceto de Isasi, segundo Diputado, por hallarse enfermo: Estando todos en esta Sala Capitular y en sus respectivos lugares, se leyó la Constitución política de la Monarquía Española, después de lo cual el Señor Decano, puesto en pie el Señor Gobernador y con las manos en los Santos Evangelios, le interrogó: ¿Jura Usía, por Dios y por los Santos Evangelios, guardar y hacer guardar la Constitución política de la Monarquía Española sancionada por las Cortes Generales y Extraordinarias de la Nación y ser fiel al Rey? Contestó Su Señoría: Sí juro. En seguida, puestos todos los Capitulares alrededor de la mesa, en presencia de mí el Escribano , dicho Señor Gobernador Presidente, teniendo todas las manos derechas en los libros de los Santos Evangelios, les interrogó: ¿Juráis por Dios y por los Santos Evangelios, guardar y hacer guardar la Constitución política de la Monarquía Española sancionada por las Cortes Generales y Extraordinarias de la Nación, y ser fieles al Rey? Respondieron todos: Sí juramos. Con lo que se concluyó este solemne acto, dirigiéndose los Señores Jueces á la Real Cárcel, para proceder á la visita que previene el artículo quinto del Real Decreto de diez y ocho de Marzo de mil ochocientos doce, mandando el Señor Gobernador que en este día se fijen rotulones en los parajes públicos y acostumbrados, convocando al pueblo para que el domingo veinte y ocho del corriente se cumpla lo prevenido en el artículo segundo del citado Real Decreto, encargándose al Señor Decano, como Diputado de fiestas, se ponga de acuerdo para este acto con el Señor Cura Párroco, dando las órdenes y disposiciones convenientes para la solemnidad del acto, dándose por concluido el presente, que firmó el Señor Gobernador con todos los Señores del Excelentísimo Ayuntamiento. Y yo el Escribano que lo certifico y doy fe.—José Dávila.—Ignacio de la Puente.—Joaquín de Taxonar.—Martín María de Cos.—Pedro de Echeverría.—Francisco Antonio de la Sierra.—Manuel de Viya y Cosío.—Juan Antonio de Lemos.—Martín de Embil—José Antonio González Valdez.—José María Ruiz y Santa Cruz.—Manuel García de la Lama.—José de la Cámara.—Miguel Buch.—Roque de Estenaga.—José de la Lama—Antonio de Figueroa.” Cf. La Constitución de 1812..., t. II, pp. 169-171.

[20] Cf. nota 13 a El Liberal a los bajos escritores, en este volumen.

[21] Agustín de Argüelles. Diputado a Cortes. Formó parte de la Comisión Constitucional. Uno de los firmantes del proyecto de Constitución Política de la Monarquía Española presentada a las Cortes Generales y Extraordinarias [de Cádiz] por su Comisión Constitucional. Cádiz: Imprenta Real, 1811.

[22] José Mejía Lequerica. Fue diputado a Cortes. Firmó el Dictamen de la Comisión encargada de informar a las Cortes sobre el restablecimiento y reforma de las casas religiosas, mandado a imprimir orden de Su Majestad. Cádiz, Imprenta Nacional, 1813 donde se trataba de imponer una reforma disciplinaria. Autor de La libertad de imprenta. Voto que sobre la materia dio el señor diputado Mejía, en el Congreso de las Cortes Generales y Extraordinarias cuando se discutía este punto. México, Oficina de Alejandro Valdés, 1820. También autor de “Voto del diputado Mexía sobre la libertad de imprenta” en La Abeja Poblana, Puebla, t. I, número 40, 30 agosto de 1821. Abogó por la abolición de la censura.

[23] libertad de imprenta. Cf. nota 7 a El Irónico Hablador..., en este volumen.

[24] Diputaciones Provinciales. Cf. nota a 20 a La Mujer Constitucional a El Pensador, en este volumen.

[25] Duende Político. Tenemos noticia de una publicación de este nombre en Cádiz en la Imprenta de Manuel Santiago de Quintana, 1811.

[26] Semanario Patriótico. Sabemos de un periódico con este nombre impreso en Cádiz en 1812.

[27] El Conciso. Periódico publicado en Cádiz y reimpresos algunos artículos en el Especulador Patriótico en México, 1811.

[28] Que el jefe político es uno. Cf. nota 12 a este folleto.

[29] Malabar y Coromandel. Parte de la costa suroeste al Decán, a orillas del mar de Omán. Los portugueses llegaron a la India por esta costa. La costa de Coromandel es la costa oriental de la India en el golfo de Bengala.

[30] Antonio Joaquín Pérez Martínez (1763-1829). Obispo de Puebla. Catedrático de Filosofía, Teología y Sagrada Escritura. Cura de varias parroquias y del Sagrario. Canónigo de la Catedral. Fue diputado por Puebla a las Cortes de España (1810-1814), y en ellas coautor de la Constitución; cuando era su presidente le tocó disolverlas. Entonces se adhirió al grupo absolutista llamado “Los persas”. Volvió de España cuando fue promovido y consagrado obispo de Puebla (1815). En 1821 sus diocesanos frustraron el intento de procesarlo que tuvieron las nuevas Cortes peninsulares. Colaboró activamente en la consumación de la Independencia y en el restablecimiento del Imperio. Después se consagró exclusivamente a sus deberes pastorales. Socorrió pecuniariamente a las escuelas Lancasterianas y a la Academia de San Carlos, fue patrono de la de Bellas Artes de Puebla y dejó una preciosa colección de libros de arte y pintura. Publicó sermones y pastorales.

[31] J[uan] N[epomuceno] T[roncoso] (1779-1830). Escritor, periodista y abogado mexicano. Fundó el periodismo poblano con La Abeja Poblana que editó a partir de 1820.