PETIMETRE: Al cuarto apoyo de usted en que le dice que la Catedral tiene ciento setenta y cuatro ventanas para que reciba suficiente luz, dice que la claridad de un edificio no consiste en las muchas ventanas, sino en su proporción para franquearle la luz;[1] pero se olvida ocurrió usted a ese reparo con decir que se halla el templo rodeado de grandes plazuelas.

   Zurce ahora la especie de que el haberse hecho la Catedral en tiempo de los reyes Felipe II, III y IV y Carlos II, y durante el gobierno de diez y ocho virreyes, nada prueba, porque en algún tiempo se había de hacer;[2] pero me paso de largo, siendo ésta una reflexión ejusdem furfuris,[3] que la que hizo sobre los costos, pues también es prueba de congruencia el mucho tiempo para inferir la magnificencia de las obras. Además que El Pensador es un penitente malicioso que se calla lo que no le tiene cuenta, pues lo que usted dijo el otro día fue que compitieron el celo y actividad de dichos virreyes, y la piedad de los reyes que la llevaron al cabo, como dice Alcedo. Que ésta no fuera una mera lisonja se infiere, porque la Catedral es un edificio real en que debía mediar el influjo de ellos, una obra muy principal, la primera iglesia y matriz de las otras, y por lo mismo digna de su atención, tanto más cuanto que los reyes son sus patronos, y los virreyes sus vicepatronos, y que en la excelencia de este templo, respecto del máximo de los gentiles, recomendable por su magnificiencia, debían dejar un intérprete de la superioridad de su piedad y de la debida preferencia de su religión, y un tributo correspondiente a la cristiana fe, por la que conquistaron estos dominios y en cuyo título fundan la justicia de su ventajosa posesión.d

    Esto supuesto, paso al quinto apoyo: dijo usted en prueba de que tenía la Catedral suficiente luz, que los Cabildos mandan cubrir por la mañana las ventanas del oriente, y por la tarde las del poniente,[4] y a esto nos sale con que lo hacen por libertarse de los rayos solares, como si entraran por todas las ventanas de cada lado los que hieren al coro, y no incluyese la providencia para la obscuridad del resto de la iglesia (señor, permítame vuestra señoría arquitectónica me tome a veces la licencia de redargüirle a El Pensador a favor de la brevedad, por creerme suficiente para objeciones tan pueriles), añade, dijo usted, permitiéndole tuviera alguna obscuridad, que ¿quién no conoce que los templos no son para trabajar miniaturas ni ensartar chaquiras, sino casas de oración y recogimiento que se hacen más respetables por una moderada obscuridad?[5] Pero, tergiversando esta última expresión, le niega a usted consista el mayor respeto a los templos en su mayor obscuridad. Señor, usted no fundó el mayor respeto en la mayor obscuridad, sino en la moderada, ni, como dice él después, trae usted el mayor respeto de la obscuridad por sí sola, considerada sin los otros motivos. La mediana obscuridad lo aumenta como un agregado, y agregado ocasional; pero no como que a ella sola se le debiera todo el aumento sin considerarla con relación y unión a los otros motivos: al modo que un real[6] aumenta la cantidad de cuatro pesos,[7] pero no por eso se ha de decir es mayor él que los cuatro pesos a quienes se junta.

ARQUITECTO: Sírvase usted, señor secretario, de darme ese papelucho para leer una que otra cosa de lo que sigue, porque me parece va apelando El Pensador a mentiras y enredos, y es necesario estar sobre las armas para aligerar cuanto pueda, como apetezco. Sigue diciendo que aunque la iglesia es casa de oración, no lo es de confusión; pero ¿quién le ha dicho que la moderada obscuridad le ha de llevar a ese extremo? ¡Qué avanzado es mi don nefando, émulo de don Estupendo, cuando le aprieta la dificultad! Él agrega también que tampoco las casas de los ricos son para ensartar chaquira, y que con todo rebozan la alegría, pero no advierte que ni ellas son para ensartar chaquira, ni para tener oración juntamente, para que quiera hacer pariedad.[8] Sigue diciendo que la casa del Autor de la Luz no debe ser lóbrega y obscura. Permito su reproche; pero ni tampoco porque sea casa del Autor de todo lo criado, hemos de meter en ella cochinos, guajolotes[9] y burros, como él no dejará de conocer. Zurce después la especie de que la oración es el interior coloquio del alma con su Criador [sic], y que para ella todo lugar es oportuno; pero no cae en la cuenta de que no todos lo son tanto, ni igualmente acomodados. Sigue con que si la luz fuera embarazo en los templos para tener oración, también lo serían las músicas, flores, adornos y los pájaros que suelen ponerse en la Iglesia;[10] pero no reflexiona que la música de ellas tiene mil nobles propiedades, como dice Feijoo,e capaces de excitar los sentimientos más devotos, y de mover los resortes de la virtud, no consintiendo se abuse de ella (como ni yo hablando de la luz), introduciendo jarabes[11] y otros sones de estilo profano, que distrajeran el espíritu y lo alejaran del sagrado de la Iglesia. En satisfacción de lo demás, digo que las flores y adornos tampoco distraerán si se evitan sus impresiones fuertes, moderando la luz. En orden a que se pongan pájaros no se puede probarme sea por una costumbre bien y legítimamente introducida, principalmente cuando advierto no se les puede hacer callar en ciertos actos que piden mayor atención, como los sermones, lo mismo afirmo de las danzas, cornetas y maromas[12] que se hacen los Viernes Santos de los descendimientos. Sale ahora con la especie de que nuestro Criador [sic] no es un Dios adusto como Saturno,[13] y le correspondo con que tampoco es alegre como Baco; repone que Dios está en todas partes, y no busca las cavernas y sótanos para que ocurramos a él sus hijos en nuestras necesidades,[14] prescindiendo de aquel texto ducam eam in solitudinem et loquar ad cor ejus,[15] y de otros semejantes; pero no ve que estos hijos no siempre están en sí mismos, ni en aquellos lugares que mejor los diponen para hablarle de un modo más eficaz y digno de su grandeza. Urge con que las tinieblas sólo son buenas para el ladrón y la ramera, pero si yo le diera una negada seca, lo paralizaba, pudiendo hacerle ver que no sólo son buenas para el Jueves Santo, sino para otras mil cosas, y aun para ciertas maniobras, como para trabajar los vidrieros al candil. A los pasajes que refiere con afectada erudición y textos que asigna inútilmente en confirmación, como potestas tenebrarum, coelli enarrant gloriam Dei, hosanna in excelsis,[16] acompáñeles estos otros: tua este nox, tu fabricasti auroram et solem et nox nocti indicat scientiam.[17] Por ellos tal vez vendrá en conocimiento de que la noche predica muy particularmente la gloria de Dios, mostrando soles infinitos, más corpulentos y hermosos que el que ofrece por el horizonte la mañana. A lo que dice de que en los Cielos, donde hay más alegría, hay oración más continuada y perfecta, respondo: que esto no proviene de ella, sino de estar confirmados en gracia los bienaventurados. Aquí en la Tierra no hay de esto, y por lo mismo donde parece que hay más alegría, como en los fandangos,[18] se observa menos disposición para la oración, y echamos de ver que estamos como confirmados en pecado. Para sostener más sus disparates, refiere unas palabras de San Mateo, con las que exhorta a que oremos a Nuestro Padre en lo escondido,[19] queriendo se entienda ese lugar precisamente del recogimiento interior del corazón, y no del exterior de los parajes; pero su limitada inteligencia no se compone con la exposición siguiente de Alapide,[20] y otros expositores, ni con el sentir y práctica de los místicos, ni con tantos faroles o cubiertas de velas, cortinas y aun petates[21] con que se cubre las ventanas de algunas iglesias, santas escuelas, casas de ejercicios, y otros parajes donde se especializan en la meditación. Oiga el tal Pensador lo que con relación a ésta escribe Alapide, sobre el capítulo 6, verso 6, de San Mateo: Hic sensus (el que él adoptó) verus et appositus est, sed simbolicus potius et misticus, quam litteralis, nihil enim vetat cubiculum hic proprie, ut sonat accipi: per cubiculum autem a pari quembis locum secretum significat, sed intellige quantum opus est ad... atque an mentem cohigendam ut tota uni Deo intendat, presertim in oratione privata.[22] En vista de ellas, ¿se atreverá a decir que el lugar oculto debe ser sólo el del corazón, y no también el del paraje? ¿Volverá con el chiste de que soy contemplativo, pero que nunca llegaré a la iluminativa?[23] Ya mis reflexiones le harán ver lo contrario, y que basta hallarme en la purgativa, que no ha tocado, para hacerle expeler a su papel por medio de mi pluma, mejor que lo que obra la cañafistola en los cuerpos,[24] sus pestíferos y mal humorados disparates. A lo que advertí, de que de mano de Juares [sic] son las pinturas del Altar de los Reyes[25] para recomendarlas, dice, cito a Granados,[26] y que éste no da a entender sean de este pintor; pero yo no lo cité con ese fin, porque fácilmente por sí podría desengañarse con dar una galita[27] a los sacristanes de Catedral, para descubrir el fecit,[28] o con preguntarles a nuestros pintores que conocen su estilo; yo lo cité para hacerle ver que esas pinturas eran más que buenas y, por consiguiente, muy dignas de que estuvieran con decencia en el lugar donde se hallan.

                            Satisfecho lo tocante a Catedral, véase si con razón puede decir que cuanto ha dicho en orden a ella y su Altar de los Reyes, que reputa por leña hacinada,[29] y de indecentes pinturas, no es más que una simple declamación. Satisfaciendo ya por lo que dije de la Alameda,[30] de que sus fuentes no son tan limitadas, niega haber tratado de su extensión; pero las palabras cuatro fuentecillas[31] que usó en El Pensador, que critiqué, aseguran, que no sólo se limitó a hablar de la escasez de su agua, punto que no he tocado. Salta después con que mi expresión verdezotes[32] es un basbarismote, mereciendo por su facetada lo tratase de barbarísimo, pues cualquiera ha de echar de ver tiene el estilo macarrónico y el jocoso, licencia de admitir semejantes términos, y que sólo quedaría bien empatada su voz verdecitos, contraponiéndole la de verdezotes, que por gracia he usado. El siguiente párrafo no merece atención, pues totalmente ha eludido las razones que expuse para que no hablara mal de la cerca de la Alameda,[33] y así paso al consecutivo.

                            En él refiere estas mis expresiones: Es problemático el que las señoras dejen los coches (en la Alameda) pues no se han de exponer los más preciosos trajes a la contingencia de prenderse con la espada del soldado, a mancharse por el descuido del muchacho, o a maltratarse por el encuentro de un perro sucio.[34] Y al fin de estas palabras exclama admirado: ¿y es posible que no haya estas contingencias en el Portal[35] el Día de Muertos,[36] y en los bailes? Sí, mi señor, le diría, y mucho que las hay, y lo peor de todo es que hay otras más funestas y lamentables, por lo que la advertencia sólo servirá para confirmar a otros en mi dictamen; pero confieso de buena fe que las personas que bastan para llenar este Portal regular son por la mayor parte hombres y mujeres, que si asisten por la mañana, van en traje de iglesia, y si por la noche, pocas calaverillas[37] de las decentes, y muchas de las cuzcas de medianos trajes, que o no andan regularmente en coche, o no tienen ya honra que perder. Y hablando de los bailes, noto una gran diferencia: éstos se ejecutan en lugares menos espaciosos, y por lo mismo no son de tanto concurso; ellos se hacen en lugares privados, sujetos a la voluntad de su dueño y, por consiguiente, nadie puede tomarse aquellas licencias y libertades que se gastan en los lugares públicos: las salas de éstos tienen sus techos para resguardo del cielo, y el piso firme que no expone al lodo y al polvo. Los señores perros, que han hecho su papel en mi discurso, no tienen tanta entrada. Finalmente, la gente de los bailes decentes toda es de igual clase, que usa de la política, evita la mezcla de la gente ruin e impide los desórdenes por la ordinaria precaución de los centinelas. Parecerán estas reflexiones nimiedades y bajas menudencias; pero no hay acierto en las providencias políticas y económicas, si no se desciende a las cosas bajas; antes bien, he andado corto por no alargar el tiempo.

                            Remata últimamente El Pensador su Apología,[38] correspondiendo razones serias con risotadas y pinturas burlescas, figurándose a nuestras verduleras en las canoas, como unas Pomonas y Amalteas.[39] ¿Pero en qué parte pública no ha de encontrar gente pobre y aldeanos miserables? Después convoca de montón, sin citar a ningún autor público o privado, a toda clase de europeos para que depongan de la ventaja de sus paseos; pero mientras estos señores dejan las repocheras y le viene la gana de presentarse a la voz imperiosa de El Pensador, soy de parecer de que, dejando a un lado sus vagas citaciones, pensemos en notificarle la sentencia que merece por los otros capítulos.

PETIMETRE: Señor, por qué no se la fulmina usted inmediatamente. ¿No basta ya lo actuado para quemar vivito a ese papelucho excomulgado? ¿No le costó a usted su real, que mejor hubiera estado empleado en triquitraques?[40] ¿No reside en usted por lo mismo todo el poder ejecutivo, que es más grande que una ballena, para poder reasumir todos los demás poderes sin andar con contemplaciones? ¿Pues qué hace usted si ya tarda, que no procede contra ese malandrín? Yo mismo seré el verdugo si falta aquí un galopín que se acomode a quemarlo.

ARQUITECTO: No sea usted tan eficaz, señor secretario, y advierta que aunque en mí residen las facultades suficientes aun para freírlo en aceite, no puede prescindir de que soy parte agraviada en el proceso, y así dejo en las manos del público, y de estos señores oidores[41] que han tenido la bondad de escucharnos, el asunto para que determinen lo que convenga, y ya que me he detenido en este lugar, más de lo que hubiera querido, para retirarme inmediatamente, concluyo con decirles que si al fin se han de resolver a quemarlo como si fuera hereje, se cuelgue el retablo inquisicional al otro lado de la muestra de la cafetería con el verso siguiente, o las palabras que fueren de su agrado:

 

Por su mala apología
fue El Pensador relajado
en su papel, que quemado
fue en esta cafetería.

 

CUCHUFLETA[42]

 

Si aun leído este papel por El Pensador resollare todavía, espero acabarlo de sofocar por el último disparatado suplemento que ha publicado.[43]

 



[1] Cf. nota 20 a Diálogo sobre El Pensador Mexicano número 17..., en este volumen.

[2] Cf. nota 19 a Diálogo sobre El Pensador Mexicano número 17..., en este volumen.

[3] ejusdem furfuris. Del mismo asunto; sobre lo mismo.

d Quizá por todas esas consideraciones, no satisfecho Felipe II de la bondad del primer templo, ni de lo mucho que ya se tenía avanzado del segundo (como se lee en el cuaderno ya citado) se determinó mandar un diseño con nueva montea, para que cotejada con la que ya se había planteado, que fue la que se siguió, se prefiriese la que en junta de facultativos del reino apareciese de más mérito.

[4] Cf. nota 22 a Diálogo sobre El Pensador Mexicano número 17..., en este volumen.

[5] Cf. nota 24 a Diálogo sobre El Pensador Mexicano número 17..., en este volumen.

[6] real. Cf. nota 4 a Carbón en abundancia, en este volumen.

[7] pesos. Cf. nota 13 a Carta de los Guadalupes a don José María Morelos. Diciembre 7 de 1812, en este volumen.

[8] pariedad. Por paridad. Comparación de una cosa con otra por ejemplo, o similitud.

[9] guajolotes. Cf. nota a a [Críticas a las poesías...], en este volumen.

[10] Cf. nota 24 a Diálogo sobre El Pensador Mexicano número 17..., en este volumen.

e En su primer tomo del Teatro crítico [“En los tiempos antiquísimos, si creemos á Plutarco sólo se usaba la música en los templos, y después pasó á los teatros. Antes servía para decoro del culto, después se aplicó para estímulo del vicio.” En “Música de los templos” en el tomo I del Teatro crítico universal. Biblioteca de Autores españoles, t. LVI , Obras escogidas del padre fray Benito Jerónimo Feijóo y Montenegro. Madrid: Real Academia Española, 1952, p. 37], donde trata de la música de los templos, y en el cuarto de sus Cartas, en el que habla del deleite de la música [En su tomo cuarto se lee: “Siendo esto así, debe V.S. estar muy agradecido al Altísimo, que le dio la inclinación que tiene, no sólo a una recreación honestísima, cual es la de la Música, pero que juntamente entre todas las Artes es la más noble, más excelente, la más conforme a la naturaleza racional, y la más apta a hermanarse con la virtud. Con que se dividirá el alegato, que en esta Carta instituyo por la preferencia de la Música a todas las demás Artes recreativas, a tres capítulos: el primero, de su mayor nobleza; el segundo de su mayor conformidad a la naturaleza humana; el tercero, de su mayor honestidad o utilidad moral.”]

[11] jarabes. “Jarabe. Baile popular típico de los diversos pueblos de América; especie de zapateado o escobillado, con movimientos, taconeo, giros y variantes peculiares en cada localidad; semejante a la jota en general. Recibe distintas denominaciones específicas regionales. El jarabe típico de Méjico se llama jarabe tapatío, por alusión a los habitantes de Guadalajara (Jalisco), llamados así también, que son los mejores bailadores. Antes era común en el país el jarabe gatuno.” Santamaría. Dic. mej.

[12] maroma. Voltereta, pirueta hecha por el maromero. El 27 de marzo de 1789 se publicó un bando que prohibía la venta de comestibles, bebidas y juguetes en las calles por donde pasase la procesión de Semana Santa: “No pudiendo ver con diferencia el desorden con que muchos individuos de ambos sexos concurren a las procesiones de Semana Santa, convirtiendo unos actos tan solemnes de religión en motivo de diversión, destemplanza y desenvoltura [...] deseando corregir semejantes abusos y desacatos, que ofenden de inmediata a la majestad divina y desconceptúan la piedad pública: he resuelto que en los próximos días de la Semana santa ninguna persona sea osada de poner puestos de chías, almuerzos y mucho menos que sigan a estos actos religiosos los vendedores de pasteles, hojarascas, bebidas, matracas, ni otras personas propias de hacer quebrantar escandalosamente el precepto del ayuno y provocar el pueblo a suma irreverencia y disolución [...]”. Cf. Miguel León-Portilla, et. al., Historia documental de México, t. I, p. 413. “La llevaba a los toros, circos, maromas y títeres, funciones de iglesia, paseos y cuanto se proporcionaba”. Luis G. Inclán, Astucia, t. 1, p. 214.

[13] En el Suplemento de 17 ene. 1814, Fernández de Lizardi había escrito: “Nuestro Dios no es un Dios tétrico y adusto como Saturno; es un Dios de clemencia y de bondad.”  Cf. Obras III- Periódicos, p. 489.

[14] En el Suplemento de 17 ene. 1814, Fernández de Lizardi había escrito: “no necesita [Dios] para hablar con nosotros de que nos metamos en los sótanos y cavernas; en todas partes nos oye y en todas partes nos contesta...” Idem.

[15] ducam eam in solitudinem et loquer ad cor ejus. La conduciré a la soledad y hablaré a su corazón.

[16] En el Suplemento de 17 ene. 1814, Fernández de Lizardi cita: “Las tinieblas sólo son oportunas al ladrón, a la ramera y al asesino, que libran en ellas la ocultación de sus delitos, potestas tenebrarum. Los cielos publican la gloria de Dios,  coeli enarrant gloriam Dei: en ninguna parte hay oración más continua ni más perfecta que en los cielos, y sin embargo allí está la mayor alegría, Hosanna in excelsis”.  Cf. Obras III- Periódicos, p. 489. Otra traducción sería: El poder de las tinieblas: Los cielos pregonan la gloria de Dios. Hosana en las alturas.

[17] tua este nox, tu fabricasti auroram et solem et nox nocti indicat scientiam. Es tuya la noche. Tú creaste la aurora y el sol. Y la noche señala la ciencia para la noche.

[18] fandango. Antiguo baile español, muy común todavía entre los andaluces, cantado con acompañamiento de guitarra, castañuelas y hasta de platillos y violín, a tres tiempos y con movimiento vivo y apasionado. También en sentido figurado, bullicio.

[19] En el Suplemento de 12 feb. 1814, Fernández de Lizardi responde: “queriendo se entienda ese lugar precisamente del recogimiento interior del corazón, y no de los parajes. Las palabras de San Mateo que le cité son éstas: ‘tú, cuando orares, entra en tu retrete y, cerrada la puerta ora a tu padre en lo oculto’ [Sn Mt. 6: 5-7]. Añadí que este lugar es nuestro corazón no la exterioridad de los parajes.” Apología al papel titulado Auto de inquisición..., Cf. Obras III- Periódicos, p. 516.

[20] Cornelio A. Lapide o Cornelis Cornelissen Van Den Steen (1567-1637). Exégeta jesuita belga. Famoso pos sus comentarios a todos los libros del canon católico de las Escrituras. Los únicos libros que quedaron sin su comentario fueron el de Job y los Salmos.

[21] petates. (Del azteca petatl, estera). Estera tejida de hojas de palma, en casi todo el continente americano. Por lo general se usa para acostarse, y sustituye al colchón entre la gente pobre. Se hacen de distintos tamaños y se aplican, además, a usos varios, principalmente entre los indios campesinos, que construyen con ellos cestillas, canastillas, petaquillas, sombreros, tenates, etcétera, por lo común de vivos colores. Santamaría, Dic. mej.

[22] Hic sensus verus et appositus est. Sed simbolicus potius et misticus, quam litteralis, nihil enim vetat cubiculum hic proprie, ut sonat accipi: per cubiculum autem a pari quembis locum secretum significat, sed intellige, quantum opus est ad... atque an mentem cohigendam ut tota uni Deo intendat, presertim in oratione privata: Este sentido es verdadero y apropiado; pero más bien simbólico y místico que literal. En consecuencia, nada prohíbe qué cubículo se adopte aquí propiamente como suena; con todo, por cubículo se señala igualmente cualquier lugar secreto; pero entiende cuanto es necesario para [abstraerse] y para recoger la mente para que toda se dirija solamente a Dios, principalmente en la oración privada. En el Suplemento de 12 feb. 1814, Fernández de Lizardi responde: “Y usted señor inquisidor chabacano, muy satisfecho de haber quinado [vino o líquido que se prepara con quina y se usa como medicamento], trae la exposición de Cornelio Alapide en su contra. ¡Ésta sí es gracia, trabajar y abrir los libros para sostener mis opiniones! Ya se ve que usted puso la cita en latín, que acaso no entiende. Dice así Alapide sobre las palabras del santo Evangelista: Hic sensus, este sentido (el que yo adopté, de que por lugar oculto se ha entender el recogimiento interior del espíritu), este sentido, dice, es propio y verdadero; ¿quiere usted más clara la exposición a favor mío y contra su opinión? Sigue Alapide pero es más simbólico y místico que literal: Sed simbolicus potius, et misticus quam litteralis. Esto corrobora mi opinión, más que destruirla. Añade, porque nada embaraza para que aquí propiamente se reciba, como suena esta voz retrete: nihil enim vetat cubiculum hic proprie, ut sonat accipi. Eso es lo que yo digo, que en todas parte pueden proporcionarse los lugares ocultos, si el corazón está para ello. Lo explican más las palabras que siguen, cualquier lugar secreto significa lo mismo que retrete: Per cubiculum autemm a pari quembis locum secretum significat. Pero entiende (continúa) cuán necesario es recoger el espíritu para que únicamente se dedique a sólo Dios: Sed intellige quantum opus est ad ... mentem colligendam ut tota uni Deo intendat. Advierta usted que tanto el Evangelista como el expositor, hablan de un lugar secreto, no obscuro, que es el asunto de la cuestión; y advierta también que lo que dice el último es que el lugar secreto es propio para recoger el espíritu, no el cuerpo, que es lo que yo le he dicho. El espíritu asistido de la gracia se puede recoger en todas partes”. Cf. Obras III- Periódicos, p. 516.

[23] En el Suplemento de 17 ene. 1814, Fernández de Lizardi escribió: “ya se ve, usted, será muy contemplativo, aunque nunca llegará a la iluminativa por lo reñido que se halla con la luz”. Ibidem, p. 489.

[24] cañafístola. Cañafístula. Árbol de las leguminosas, cuyos frutos contienen una pulpa negruzca y dulce que se usa en medicina.

[25] Juares. Por Juan Rodríguez Juárez. Cf. nota 26 a Diálogo sobre El Pensador Mexicano número 17..., en este volumen.

[26] Fray Joaquín Granados (¿-1794). Franciscano, prelado y escritor español. Fue obispo de Durango y Sonora en la Nueva España. Entre sus obras: Tardes americanas, Gobierno gentil y Breve y particular noticia de toda la historia indiana. Fernández de Lizardi anota en el Suplemento de 17 ene. 1814: “He leído al tal escritor en las páginas 420 y 421 en donde habla de Juárez, y no hallo singularizados si no 25 lienzos en el convento de San Francisco de Querétaro, pero ni palabra mienta que asegure ser de su mano las pinturas del Altar de los Reyes” . Cf. Obras III- Periódicos, p. 489.

[27] galita. Diminutivo de gala, propina.

[28] fecit. Palabra que se anteponía a la firma (“hecho por”).

[29] asinada por hacinada, en el original.

[30] Sobre las fuentes de la Alameda. Cf. Diálogo sobre El Pensador Mexicano número 17..., en este volumen.

[31] Para las impresiones lizardianas sobre las fuentes de la Alameda, cf. notas 42 y 43 a Diálogo sobre El Pensador Mexicano número 17..., en este volumen.

[32] verdezotes. Cf. nota 49 a Diálogo sobre El Pensador Mexicano número 17..., en este volumen.

[33] Cf. nota 50 a Diálogo sobre El Pensador Mexicano número 17..., en este volumen.

[34] Sobre la respuesta de Lizardi a este asunto, cf. nota 52 a Diálogo sobre El Pensador Mexicano número 17..., en este volumen.

[35] Portal. Cf. nota 9 a Aplaudo el mérito..., en este volumen.

[36] En México se celebra como Día de Muertos el 2 de noviembre. Se pone un altar con el retrato del difunto y comida, además de veladoras, calaveras de dulce y flores de cempasúchil. Fernández de Lizardi escribe: “Paya: [...] ¡cuánta gente hay en el Portal! Mire usted, doña Inacita, mire usted. Mexicana: Sí, mi alma, éste es el lugar de la mayor concurrencia los días festivos”. Alacena de Frioleras, núm. 8, en Obras IV- Periódicos, p. 55.

[37] D. A. O escribió el poema “El de pechera y manga en día de Todos Santos”, ahí un payo visita el Portal de Mercaderes; ve: “currutacos, gordinflones y flacos”, que se venden calaveras de dulce, muñecos y muñecas y huesos de pan. El autor establece un símil entre estas mercancías y los visitantes. Las calaveras, es decir, los perpetuos habladores; los huesos eran aquellos ricos con fausto y ostentación que se negaban a dar limosna; los curros y curras elegantes que paseaban, olorosos de perfume, eran los muñecos y muñecas; las mujeres que se quejaban del tumulto e insultaban a quien las rozaba eran los alfeñiques (muñecos comibles de pasta).

[38] Apología. Cf. nota 1 a este folleto.

[39] Cf. nota 60 a Diálogo sobre El Pensador Mexicano número 17..., en este volumen. Usando sinécdoque alude a Amaltea y Pomona, deidades de los frutos y jardines respectivamente.

[40] triquitraques. Cohetes puestos en un papel atado en dobleces de manera que de cada uno resulta una detonación.

[41] En una población básicamente analfabeta, los folletos, números de periódicos, capítulos de novela y artículos se oían leer en reuniones.

[42]cuchufleta. Burla o chanza.

[43] Se trata del Suplemento del 12 feb. 1814, titulado Apología al papel titulado: Auto de Inquisición, etcétera con que Fernández de Lizardi respondió. Cf. nota 1 a este texto.