AUTO DE INQUISICIÓN CONTRA EL SUPLEMENTO DE EL PENSADOR

DEL LUNES 17 DE ENERO DE 1814,

CELEBRADO EN UNA CAFETERÍA, EN FORMA DE DIÁLOGO,

ENTRE UN ARQUITECTO Y UN PETIMETRE[1]

 

 

PETIMETRE:[2] Salud, señor arquitecto, ¿cómo había usted de faltar de la cafetería?,[3] por el diablo del ca[n]gito[4] no desterrarán a usted de ella ni exorcismos de agua hirviendo. Yo, amigo, a pesar de los buenos ratos que he pasado aquí, la he empezado a ver con ojeriza. ¿Quién le ha contado a usted que cuanto hemos hablado en este sitio de El Pensador, ya lo sabe de pe a pa, y no sólo eso, sino que ya andamos haciendo papeles de comedia en un diálogo que corre impreso, poniéndonos de interlocutores bajo los nombres de un arquitecto y un petimetre, y lo que más siento es que ya el tal Pensador se nos ha volteado en astrólogo, y nos ha empezado a anunciar tempestades y granizos.[5]

ARQUITECTO: No tenga usted cuidado de eso, mi contertulio: no suda el ahorcado, ¿y ha de sudar su reverencia?[6] Todas esas tempestades las sabré disipar con un tintero de a medio[7] y un poco de tinta corrosiva: deje ese asunto a mi cargo, y vamos mirando lo que va produciendo.

PETIMETRE: Yo creo que él se ha de descolgar inmediatamente censurándole a usted el haber andado con personalidades que no son del caso, por haberle tocado en las niñas de su ojos, echándole en cara lo biscornado[8] de ello.

ARQUITECTO: No, amigo, todo lo contrario es lo cierto; él es el que ha echado en las nuestras la desgracia de los suyos; pero dejémonos de frioleras por ahora, y crea usted que si el tal Pensador hiciere ese reparo, lo acabara de reputar por superficial, viéndole hacer caso de patrañas y niñerías,[9] que no han dejado de usar buenos críticos.a Yo, amigo, aunque a primera vista parece que anduve imprudente, crea dije eso con buena intención. Mi amor propio, persuadido de que sería difícil satisficiera a mi crítica, para darle lugar a que no saliera tan desairado, le dio materia para que respondiese algo,[10] al modo que en una plaza de toros, ya que no todos pueden torear los puntales, se suelen echar algunos acerrados o con perillas, con quienes se desahogan los cobardes, se da lugar a las fanfarronadas de los muchachos, y se divierten los circunstantes; pero quiero suponer hice mal en eso: todo está compuesto en dos palotadas[11] con aconsejarle haga uso de anteojos verdes, o que se condene a una perpetua reclusión, diciendo yo entonces que tengo cataratas, y que así no fue mucho lo juzgara biscornado, y tratemos de otra cosa. ¿Usted tiene otra objeción de substancia que hacer, o sabe que El Pensador la haya hecho?

PETIMETRE: Por mi parte no, y creeré que por la suya tampoco; mas por si o por no, bueno será leer El Pensador de hoy. Muchacho, ¿ha venido El Pensador? No, señor, y pienso que ha de tardar en sacudirse el polvo que le echaron ustedes el otro día; no obstante voy a la imprenta[12] a ver si ha salido.

ARQUITECTO: Ve pronto, que si llega, lo hemos de sacar a la vergüenza; pero primero trae un par de tazas.b

CRIADO: Aquí está el señor Pensador, fresquecito y entumido, como que acaba de salir de la prensa y de la imprenta.

ARQUITECTO: Dáselo al señor, y póngalo en la media naranja[13] para que sufra su auto de Inquisición,[14] pero advierto, señor secretario y relator (que éstos serán los nombres que le dé a usted en adelante), que parece ése un pliego, y no ha de ser posible que aguante yo toda su pesada lectura; y así hágame favor de imponerse de cada párrafo y de ir diciendo en sustancia lo que contenga.[15]

PETIMETRE: Obedeceré a usted gustoso, ahora más que nunca, acabándome de honrar con esos títulos; y dando principio a mis nuevos oficios, digo: que en el primer párrafo le pregunta a usted El Pensador, dándole el nombre de dialoguero, que ¿cuántos días, noches y velas ha gastado en formar su diálogo?[16] Luego, en una nota, haciéndolo bajar, le quita a usted su merecido título de arquitecto, y lo supone albañil o menos que cuchara.[17]

ARQUITECTO: A ese paso los días son un soplo, y no acabará de digerir mis píldoras en un año; pero si está aquel chismoso que le ha de contar todo lo que pase, dígale: que, viéndolo con misericordia, le permitiré me dé el tratamiento que quisiere, ya sea de albañil, cuchara[18] o media cuchara, en contemplación de haber ocultado yo mi nombre, y haber tenido él, bajo el expreso suyo, que sufrir mi censura pública. Por tanto, omitiendo llamarlo en lugar de José Joaquín Fernández [de] Lizardi, con nombres que sean menos que el de Pensador, como el de chachalaca,[19] moscón o tarabilla; y satisfaciéndole a lo demás, dígale que, por mucho que me haya tardado en formar mi diálogo, él se ha de tardar más en vindicarse de mi crítica, que yo me alumbro con aceite, y que a usar expresiones bajas o menos decentes, que no me acomodan, le diría: que no he gastado más vela que la grande que le he echado, que le ocupa desde el extremo por donde piensa y debe rematar hasta sus fauces o el cogote; y siga usted señor secretario.

PETIMETRE: Dice después que quedo tamañito con la noticia de haber salido un diario contra él, esperando contuviera algún parto de un gigante literato; pero luego, serenado, se desata en un tierno soliloquio, dándole gracias a Dios de haberle dado la ropa proporcionada a su frío; de aquí parte, olvidado de la divina presencia, echando retos y desafíos como un Quijote, diciendo con él que si todos los que le acometen han de ser como usted, los espera, ya vengan uno a uno a lo hidalgo, ya de montón a lo villano, esté en pie o a caballo, con lanza o sin ella, seguro de que no le molerán las costillas ni le harán abrir un libro.[20]

ARQUITECTO: Por lo que toca a esta segunda parte, soy de parecer que se le deje en su antigua posesión, y por la otra, no sé a qué se atenga para esa seguridad. Yo creo todo lo contrario: que sus valentías han de parar en lo que de ordinario paraban las de su original Don Quijote, que regularmente salía vencido de los más débiles, ya apedreado de los galeotes hambrientos, ya desmuelado de los pastores humildes, y ya puesto en tierra por las zancadillas de su triste escudero.[21]

PETIMETRE:     El otro párrafo no trae más que paja para llenar papel, y conseguir El Pensador sus piensos,[22] y dice que no honra a usted el ocultar su nombre.[23]

ARQUITECTO: Ni me deshonra, por consiguiente; pero si mis producciones merecieren algún aprecio, quizá se me tendrá por cauto y desinteresado.

PETIMETRE: Aquí viene otro en recua,[24] que dice que es mala prueba de que halla escrito con acierto sobre asunto de sastrería el haber usado del nombre de chaqueta[25] en un papel suyo.[26]

ARQUITECTO: Sobre eso no responde más mi prudencia, sino que a veces, según las circunstancias, basta una leve insinuación, una miradita atenta a cosa digna de atención, un gesto desagradable a vista de algo repugnante, para calificar el gusto o inteligencia de un sujeto: al modo que un medio volante,[27] que es menos que chaqueta, pintado en una tabla, declara suficientemente que la casa en donde está es sastrería; pero no estamos en ese caso: vea cualquiera todo el papel a que referí, donde mienta ese nombre entre algunas sátiras extrañas, y conocerá si anduve ligero en calificarlo por maestro de tijera.[28]

PETIMETRE:     Aun todavía falta el rabo por desollar[29] al párrafo y a El Pensador, porque de lo anterior infiere no debe tenerse a usted por arquitecto por sólo haber mentado triglifos y gotas.[30]

ARQUITECTO: Cuerni[31] en los escrúpulos de usted, ya parece esta relación confesión de beata; pero ya que se para usted en gotas y en escrúpulos, advierto que si el mentar triglifos y gotas no debe calificarme de arquitecto, tampoco hay motivo para que se me quite el título[32] que tengo en toda forma expedido por la Real Academia,[33] el que ha pasado ya por la vista de los del gremio, por los bancos de Flandes, Estrecho de Gibraltar, etcétera, etcétera,[34] y no nos eternicemos.

PETIMETRE:     Aquí citando las palabras de usted de que hay adornos bellísimos en sí, que estarían mal acomodados en ciertas partes,[35] da a entender que por lo mismo no se le esconde la repugnancia natural que habría en colocar, verbigracia, las figuras alegóricas que están sobre la fachada de Catedral,[36] en el Coliseo,[37] el telón de éste en el Altar del Perdón,[38] la espada de Santiago en las manos de Simón Cirineo, etcétera, etcétera,[39] y de aquí infiere, a mi parecer, que es un grande acomodador, un gran voto en materia de arquitectura y en todo cuanto existe, y yo deduzco que es un gran mentecato, un gran perillán[40] y el verdadero erudito a la violeta, pues hay cosas que están al alcance de cualquiera, y suele haber otras que necesitan especial inteligencia para calificarlas; y ahora entra lo del abiscornamiento, que supuso mi leal corazón no omitiría.

ARQUITECTO: Ya sobre eso dije lo que correspondía, dejemos tan enemistados ojos, y vamos al párrafo siguiente.

PETIMETRE: En él dice que es falso ser natural de Tepo[t]zotlán,[41] y que nació en México, dentro de la jurisdicción de la parroquia de Santa Cruz.[42]

 
 


[1] México: Por don Manuel Antonio Valdés [Cf. nota 32 a Contestación a Quien llama al toro...], impresor de cámara de su majestad, calle de Zuleta [Cristóbal de...; daba a 1ª de Capuchinas, hoy 1ª de Venustiano Carranza], año de 1814, 18 pp.

            El Suplemento de El Pensador Mexicano del lunes 17 de enero de 1814 fue impreso en la casa de doña María Fernández de Jáuregui. Este Suplemento es el primero de un conjunto de 9 números al t. III, con 68 páginas de numeración corrida, en 4° común. El primer número es el de esta fecha, 17 de enero de 1814, y el último del lunes 18 de abril del mismo año. La periodicidad se respetó solamente en los tres primeros números. Cf. Obras III-Periódicos, pp. 485-546. Este Suplemento responde los ataques que publicó Quidam (Francisco Palacios) en el Diario de México los días 11, 12 y 13 de enero de ese año, 1814, en forma de diálogo entre un Arquitecto y un Petimetre. Véanse en este volumen.

            Fernández de Lizardi responde a este Auto de Inquisición en el Suplemento a El Pensador Mexicano, t. III, del 12 de febrero de 1814, que lleva por título Apología al papel titulado: Auto de Inquisición, etcétera. Aquí se lee: “Usted me ha hecho un auto inquisitorial a lo eclesiástico; yo le voy a hacer un proceso criminal a lo secular.” Ibidem, p. 511.

[2] petimetre. Cf. nota 3 a Diálogo sobre El Pensador Mexicano número 17..., en este volumen.

[3] González Obregón nos dice lo siguiente: “lo más abundante entonces, pues los había lo mismo en los Portales, que en las calles más inmediatas á la Plaza ó en los barrios más apartados eran los cafés; centros de reunión de escritores, de militares, de clérigos, y en general de gente ociosa, que iba á ellos, para beber el negro líquido, tomar dulces ó natillas, los más pacíficos; jugar á la malilla ó al tresillo, los menos viciosos; y los políticos, á componer el mundo, leyendo y comentando diarios y gacetas, en voz alta, á veces en tono destemplado, cuando los criollos imprudentes defendían ideas nuevas, ideas de independencia que ya no se ocultaban; ó cuando exaltados chaquetas ó realistas hacían panegíricos hiperbólicos del rey Fernando.” Luis González Obregón, La vida en México en 1810, p. 21. Salvador Novo y Alfonso Sierra Partida afirman que el primer café que existió en México fue el de Manrique, ubicado en lo que es hoy la esquina de Tacuba y Monte de Piedad, “acudió a él Miguel Hidalgo y Costilla”; otro café de la época es el de Medina, mencionado en la Gaceta de México del 24 de septiembre de 1806. Entre los cafés de la ciudad de México en esta época se contaban: Apolo, en el Portal del Espíritu Santo [la calle de este nombre es hoy Motolinía, corría de norte a sur entre las calles de San Francisco (hoy Francisco I. Madero) y Coliseo Viejo (hoy 16 de septiembre)]; Patriótico, en la calle del Refugio o Tlapaleros [hoy 16 de septiembre]; Cruz de Malta, en la calle del Espíritu Santo; el de Bilbao; el del Águila del Oro, hotel y café de la alta sociedad, de buena construcción y esbeltos arcos, diferente al de la Fruta [el Portal de este nombre en la esquina de las actuales calles de Motolinía y 16 de septiembre]o al del Portal del Coliseo. Cf. Diario de México (17 abr. 1814) y Antonio García Cubas, El libro de mis recuerdos..., p. 202. En un “Aviso” del Noticioso General núm. 460, del 11 dic. 1818, p. 4, se anuncia el arrendamiento o traspaso del café de la calle de Palma. En su folleto Cedió El Pensador al fin la victoria al gachupín (1826), Fernández de Lizardi dice que fue consultado en el café de la Águila. Cf. Obras XIII-Folletos, p. 701.

[4] cangito. Cangilón. Vasija para líquidos y a veces para medirlos. En el Diario de México de 16 de febrero de 1812, Fernández de Lizardi dice que “cangilones es, y creo será en el reino, siempre conocido por cuernos.” Cf. Obras XIV-Miscelánea, p. 172.

[5] En El Pensador Mexicano, t. III, núm. 12, 12 mayo 1814, Fernández de Lizardi ironiza sobre una profecía publicada en el Diario de México, el 14 de abril de ese año; escribe: “La sarta de chismes que pronostica la antecedente lista desde el año [1]807 hasta el de [1]820 es un sueño de delirante o un juguete de un cándido [...] una de las circunstancias de las profecías es no ser muy claras, sino rara vez. A mí me ha dado de adivinar lo futuro [...].” Cf. Obras III- Periódicos, pp. 456, 460. Fernández de Lizardi publicó al año siguiente Calendario y pronóstico de El Pensador Mexicano, para el año bisexto de 1816. Nuevamente reformado el orden del jubileo circular en este mismo año para esta capital. [1815, s.p.i.] 1 p. en folio. Este Calendario y pronóstico... fue incluido en Pronóstico curioso. En el que se miente alegremente a costa de las nubes y de la atmósfera; pero se habla la verdad en otras cosas como verá el que lo comprare. Dispuesto por D. J. F. L. para el año bisexto del Señor de 1816. Cf. Obras X- Folletos, pp. 175-203.

[6] No suda el ahorcado. Cf. nota 32 a Consejos a El Pensador, en este volumen.

[7] medio. Cf. nota 21 a Aplaudo el mérito..., en este volumen.

[8] biscornado. Sobre los ojos de Fernández de Lizardi. Cf . nota 38 a Diálogo sobre El Pensador Mexicano número 17..., en este volumen.

[9] En el Suplemento de 12 feb. 1814, Fernández de Lizardi responde: “¿Quién le ha dicho que son niñerías el burlarse de nadie e injuriarlo? Son groserías [...] ajenas de un hombre del carácter de usted y que presume de sabio. Sepa usted que este estilo está reprobado por los verdaderos tales. [...] Tan no son niñerías estos insultos, que tenemos una ley antigua contra quien injurie a otro públicamente. Sepa también que aunque hayan usado de este estilo soez algunos autores como Isla, no por eso se justifica, pues nadie se indemniza de un defecto con alegar que lo ha cometido otro más noble, más sano y más santo.” Apología al papel titulado: Auto de inquisición..., cf. Obras III-Periódicos, p. 511.

a Uno de ellos fue el padre Isla [José Francisco de Isla (1703-1781)], que en sus cartas de Juan de la Encina [“Cartas de Juan de la Encina. Obra del P. Joseph Francisco de Isla, de la extinguida Compañía de Jesús, contra un libro que escribió Don Joseph de Carmona, Cirujano de la Ciudad de Segovia, intitulado: Método racional de curar sabañones. Segunda edición. En Madrid, en la Oficina de Pantaleon Aznar, 1784. En 8°. Es una sátira ingeniosa, y muy festiva contra aquel cirujano latino, la qual en algunas cosas puede aplicarse muy bien á otros muchísimos de los que en España se distinguen con aquel dictado.” Cf. Juan Sempere y Guarinos, Ensayo de una biblioteca española de los mejores escritores del reinado de Carlos III, t. III y IV, p. 129] trató a Carmona de cojo y de cara de mona.

[10] En el Suplemento de 12 feb. 1814, Fernández de Lizardi responde: “Yo también, con muy buena intención, digo a usted que es un vano, orgulloso, facio, ignorante, presumido de sabio, impolítico y de un pedantismo intolerable; y todo esto se lo digo a usted con buena intención.” Apología al papel titulado: Auto de inquisición..., cf. Obras III- Periódicos, p. 512.

[11] palotadas. No dar palotada: no acertar en cosa alguna de las que dice o hace. No haber empezado a hacer aún una cosa que le estaba encomendada.

[12] El Pensador Mexicano se imprimía en la casa de doña María Fernández de Jáuregui. Cf. nota 6 a Palo de ciego, en este volumen.

b El Chismoso o Berenjena, a quien se debe la publicación de este diálogo, dijo que mientras tanto llegaba El Pensador, se entretuvieron sus personas en comunicarse las noticias propias del día, que no son del caso para que se refieran y que alargarían demasiado este papel.

[13] Poner en la media naranja. Sacar la media naranja, equivale a sacar a la plaza o a la calle.

[14] Inquisición. Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición, llamado por oficio a perseguir delitos contra la fe, también tuvo una finalidad política al servicio de la Corona. Se instaló en 1522, aunque formalmente el 4 de noviembre de 1571. Los indios quedaron fuera de su jurisdicción desde 1573. Suprimido el 9 de junio de 1813 fue repuesto por Fernando VII en 1814. Se extinguió definitivamente el día 9 de marzo de 1820. Las penas inquisitoriales en México eran penitencias, prisiones, multas y la infamia que siempre acompañaba al que tenía la desgracia de ser procesado. Estuvo en la esquina de Perpetua (hoy 1ª de República de Venezuela) y Santo Domingo.

[15] En el Suplemento de 12 feb. 1814, Fernández de Lizardi responde: “Sé que aunque usted trate de escribir con juicio, no podrá menos que llevar sus pliegos con materia, pero de una materia pútrida y pestilente.” Apología al papel titulado: Auto de inquisición..., cf. Obras III- Periódicos, p. 511.

[16] En el Suplemento de 12 feb. 1814, Fernández de Lizardi había escrito: “Venga usted acá, señor dialoguero; ¿cuántos días, cuántas noches y cuántas velas ha gastado para salir con su retumbante crítica a mi número 17 [del tomo II de El Pensador Mexicano]? ¡Pobre de usted! Se conoce que es la primera vez que toma la pluma para impugnar y apologetizar; mas ha caminado con tal desgracia que al primer tapón zurrapas.” Idem.

[17] En la nota a del Suplemento en cuestión aclara Fernández de Lizardi que lo llama dialoguero “Porque arquitecto no me lo parece usted ni de a legua; quizá será usted algún albañil embadurnador de cal y que se quiere llamar arquitecto”. En el Suplemento de 17 ene. 1814, Ibidem, p. 485.

[18] cuchara. Llana, paleta de albañil. Media cuchara: el albañil que aún no puede trabajar como oficial.

[19] chachalaca. Ave ruidosa. Fig.: persona ruidosa.

[20] En el Suplemento de 14 ene. 1814 la idea completa que Fernández de Lizardi escribió es la siguiente: “Cuando me dijeron: el diario de hoy es contra usted, me quedé tamañito, temiendo no fuera parto de algún gigante literato de los muchos que honran esta ciudad; pero luego que fui leyendo y advertí la gran cabeza que se me declaraba antagonista, exclamé: ¡Oh, Dios providente! ¡Y cómo se conoce que nos amas, pues nos mandas frío a proporción de nuestra poca ropa! Si todos los que hayan de escribir contra mí han de ser como este pobrete, vengan enhorabuena, ora uno a uno a lo hidalgo, ora todos de montón a lo villano, que a todos los espero, los reto y desafío a pie o a caballo, con lanza o sin ella, en campal batalla, seguro de que no me molerán las costillas ni me harán abrir un libro estos endriagos y follones malandrines.” Cf. Obras III-Periódicos, p. 485.

[21] galeotes. Alude al capítulo XXII, 3ª parte, t. I: “De la libertad que dio Don Quijote a muchos desdichados que, mal de su grado los llevaba a donde no quisieran ir” y al capítulo XVIII, 3ª parte, libro I: “Donde se cuentan las razones que pasó Sancho Panza con su señor don Quijote, y con otras aventuras dignas de ser contadas.”

[22] conseguir sus piensos. Conseguir o lograr sus objetivos, cumplir sus sueños.

[23] Fernández de Lizardi escribe en el Suplemento de 17 ene. 1814, motivo de este Auto de Inquisición: “Salga usted al frente, fírmese, descúbrase, que el escribir anónimo no le puede honrar nunca.” Cf. Obras III-Periódicos, p. 485.

[24] venir en recua. Frase figurativa adverbial que, de acuerdo a la etimología árabe de recua (rakūba, caravana), indica que las cosas no vienen solas, sino unas seguidas de otras, como en caravana.

[25] chaqueta. Cf. nota 9 a Diálogo sobre El Pensador Mexicano número 17..., en este volumen.

[26] Fernández de Lizardi, usó el término chaqueta. Cf. nota 8 a Diálogo sobre El Pensador Mexicano número 17..., en este volumen.

[27] medio volante. Conocemos volantín. En general, voltereta, ejercicio del volantinero o el mismo volantinero o acróbata. Cf. Santamaría, Dic. mej.

[28] Fernández de Lizardi usa el término volantín en su folleto La igualdad en los oficios, publicado el mismo año de 1812 por la oficina de Ontiveros, en él escribe: “COMPADRE: Yo no sé, compadre, lo que sé es que sucede, y que hay oficios que inducen infamia al que los ejercita, como son los de carnicero, cómico, volantín, toreador y otros.” Cf. Obras X-Folletos, p. 63.

[29] faltar el rabo por desollar. “Faltar la cola ó ‘el rabo por desollar. Phrase vulgar con que se dá á’ entender, que resta mucho que hacer en alguna cosa: y aun lo mas duro y dificil [...] Cerv. Quix. tom. 2. cap. 35. Montesinos se está en su cueva, entendiendo, ó ‘por mejor decir, esperando su desencanto, que aun le falta la cola por desollar.’” Dic. autoridades. Fernández de Lizardi usó esta frase para escribir, en 1820, Aún ha quedado a las zorras el rabo por desollar. Ibidem, pp. 409-415.

[30] triglifos y gotas. Cf. nota 12 a Diálogo sobre El Pensador Mexicano número 17..., en este volumen.

[31] cuerni. Aparentemente un eufemismo por “al cuerno con”... los escrúpulos de usted.

[32] En el Suplemento de 17 ene. 1814, Fernández de Lizardi lo llama “don”. “La verdad, es usted admirable en la solidez de sus fundamentos, mi querido don Estupendo.” Cf. Obras III- Periódicos, p. 488.

[33] Real Academia de San Carlos. Cf. nota 25 a Diálogo sobre El Pensador Mexicano número 17..., en este volumen.

[34] En el Suplemento de 12 feb. 1814, Fernández de Lizardi escribió. “dice usted que tiene título de arquitecto expedido [...] y no sé si entre los etcéteras que siguen quiso usted decir que el título y su dueño pararon también por el Rastro y por las jaulas de San Hipólito [hospital de locos]; pero responda usted lo primero que nadie se lo pregunta; lo segundo: que no basta que usted lo diga mientras no se firme y el público se asegure de su verdad, y lo tercero, que cuando así sea, los títulos no dan sabiduría ni la prueba porque se consiguen de mil modos, y así como no basta tener título de doctor para ser sabio, así tampoco basta tener título de arquitecto para serlo en la facultad”. Cf. Obras III-Periódicos, pp. 512-513.

[35] Suplemento de 17 ene. 1814. Ibidem, p.486.

[36] Catedral. Cf. nota 19 a Diálogo sobre El Pensador Mexicano número 17..., en este volumen.

[37] Coliseo. Cf. nota 26 a La visita a la Condesa de la Unión, en este volumen.

[38] “El Altar del Perdón, situado detrás del coro, es del mismo estilo [que el Altar de los Reyes] pero menos rico y se halla decorado igualmente con dos hermosos lienzos: La Candelaria de Baltasar de Echave y San Sebastián, obra atribuida a Sumaya, mujer y maestra de Echave.” Cf. Leduc, Lara y Pardo y Roumagnac, Diccionario de geografía, historia..., p.156. Es un fino retablo churrigueresco de Jerónimo de Balbás. Se llama “del Perdón” por tener privilegio perpetuo del perdón por la penitencia del pecado para las ánimas del Purgatorio.

[39] Alude a las palabras de Fernández de Lizardi en el Suplemento del 17  de enero de 1814. Cf. nota 11 a Diálogo sobre El Pensador Mexicano número 17..., en este volumen.

[40] perillán. Por alusión a Perillán, personaje de Toledo del siglo XIII, significa bribón, astuto, pícaro.

[41] Tepotzotlán. Municipio del Estado de México. Sus límites actuales son: Cuautitlán, Villa del Carbón, Huehuetoca, Tepejí del Río y Nicolás Romero. Fernández de Lizardi pasó su infancia en este lugar, donde su padre había sido asignado como médico del Real Seminario de San Francisco Javier. Véase también nota 48 a Diálogo sobre El Pensador Mexicano número 17..., en este volumen.

[42] Soledad de Santa Cruz de México. Es una de las primeras iglesias que se construyeron en la Nueva España. Primero estuvo a cargo de los agustinos. Fue ampliada a principios del siglo XVIII, y se dedicó nuevamente el 21 de octubre de 1731. Se encuentra en la Plaza de la Santa Escuela, en el extremo oriente de las calles de Soledad.