APUNTES PARA LA HISTORIA[1]

 

Señor Pensador: ya que el caballero que había emprendido[2] la importante obra de reunir documentos para la historia de N[ueva] E[spaña][3] nos dejó con la miel en los labios, como quien dice, dando a entender, con este hecho, que su archivo o su memoria son muy cortos, o que le han arredrado consideraciones que debió despreciar por el bien de su patria, usted, amigo, que tiene la gloriosísima satisfacción de procurarlo por todos medios, y está dedicado enteramente a tan plausible objeto, podrá hacerle algunos recuerdos, que iré puntualizando a fin de [que] llegue todo a noticia de las Cortes,[4] y vea el soberano Congreso el influjo poderoso que tiene en nuestra desgraciada suerte la distancia de la Península, y los escarmientos, medidas enérgicas y precauciones que deban adoptarse para su remedio.

En el año de [1]813 se hallaba de virrey en esta N[ueva] E[spaña] el excelentísimo señor don Félix María Calleja del Rey,[5] a tiempo en que estaba ya publicada la Constitución,[6] y sin embargo jamás quiso dejar de ser o nombrarse gobernador, superintendente general de Hacienda, Minas y Tabaco,[7] juez conservador de este ramo, presidente de su junta, subdelegado general de Correos,[8] etcétera, etcétera. En 11 de julio de dicho año se celebró la Junta Electoral de Partido,[9] haciendo de jefe político, como ahora, el señor intendente, y, después de haberse cumplido en lo demás, con cuanto previene el sagrado Código, y hecha la elección de los electores que correspondían, llegó la hora de salir aquel cuerpo, por muchos títulos respetable, para la santa iglesia Catedral,[10] a fin de que se cantase allí el solemne Te Deum que dispone el artículo 58;[11] pero, cuando se trató de practicarlo así, sobrevinieron dos accidentes en la carrera, que interrumpieron el general regocijo con que había sido celebrada la elección.

Estando ya cerca de las puertas de la iglesia, las masas con que daba principio la procesión, o cuerpo de electores, se observó que no se hacía demostración alguna con las campanas y, atribuyéndose al principio a descuido del mozo campanero, o a otra casualidad, se esperó bastante tiempo, aunque en vano, y se mandó después una diputación a contestar con el señor arcediano, doctor don Mariano Beristáin[12] para que, como presidente entonces del Cabildo Eclesiástico, expusiese la causa que podría influir en aquel desaire.

Se le hizo presente que llevaba la Junta cerca de media hora de esperar el repique de campanas a vuelo, con que creía ser recibida, y no daría un paso adelante para que no fuese mayor su desaire; que el público estaba en la misma expectativa; que el señor intendente, que hacía de jefe político,[13] y de quien era toda la acción en estos casos, disponía que hubiese el tal repique, porque ésta era la mayor solemnidad con que debía cantarse el Te Deum, según la Constitución; que debía además guardarse el decoro correspondiente a la Junta, por el carácter distinguido de las personas de que se componía, y porque su representación era nada menos que la de todos los ciudadanos de esta capital; y, finalmente, se le expusieron otras muchas razones, a todas las cuales se negó el señor arcediano, contestando sólo que tenía orden expresa del excelentísimo señor virrey para no repicar, y que mientras no se le mostrase otra en contrario no accedería, ni podía abrirse la puerta de la torre.

Entretanto sucedió también que, estando en la plaza como hemos dicho toda la Junta formada, esperando el repique, salió el señor Calleja de su Palacio[14] con sus batidores y escolta, atravesó la procesión, cosa que se hizo muy reparable y sensible, y tanto más cuanto que no pudo ignorar que era aquella la misma Junta que acababa de participarle quiénes eran los electores de provincia que había nombrado, y siendo después de la una de la tarde, se hacía del todo increíble que semejante hecho no estuviese dispuesto por un designio y objeto malicioso.

La Junta por fin volvió a las Casas Consistoriales,[15] y después de una prolija y acalorada discusión, cual exigían tan graves ocurrencias, en que todos los individuos protestaban y esforzaban su justicia, haciendo ver la publicidad y escándalo de aquel desaire, prevenido de intento, para hollar y despreciar la Constitución; últimamente, se deputaron[16] a algunos sujetos que bajo de masas fueron a nombre de la respetable Junta a solicitar del excelentísimo señor virrey se cumpliese con lo prevenido por aquel sagrado Código, y se logró en efecto a costa de algún trabajo, saliendo los electores cerca de las tres de la tarde, a cuya vista se repicaron a vuelo las campanas, y se cantó el Te Deum con la solemnidad correspondiente.

Yo, amigo mío, por aquello de que tanto dura un ruin, me tocó ser elector de mi barrio. Presencié todo esto, y ello consta a la letra en las actas que deben estar en el archivo de esta n[obilísima] c[iudad],[17] y ¿qué le parece a usted, que quedó concluido, y que, a lo menos en cuanto a este punto, no se volvió a mortificar al pueblo? Pues no fue así: el siguiente año de [1]814 se nos dio la propia chanfaina[18] que fue preciso comerla, porque el palo andaba listo, y el prelado creo que no se ocupaba en otra cosa que en ver cómo acababa con toda la comunidad.

En 2 de enero de dicho año se celebró la otra Junta Electoral Preparatoria de Partido, y en ella manifestó el señor intendente, que todavía siguió haciendo de jefe político, como ahora, un oficio que le remitió al señor maestre escuelas doctor don Juan José Gamboa[19] que, si mal no me acuerdo, decía de esta manera: “El Cabildo Eclesiástico tiene dispuesto para el día del nombramiento de electores una solemne misa de Espíritu Santo, y también un solemne Te Deum durante el cual se repicará a vuelta de esquilas; pero que no se hará esto a la entrada y salida de la Junta, sin que lo ordene el superior gobierno. Dios”, etcétera.

No le diga yo a usted, señor Pensador, la polvareda que levantó esta especie. Yo era entonces un espectador, y me quedé con la boca abierta; ¡qué buenas cosas se dijeron!, como que había allí sujetos que no se chupaban los dedos; que, ¿quién había hecho árbitro al Cabildo Eclesiástico[20] en materia de elecciones, ni en asunto alguno político, debiendo sólo dar ejemplo, y cumplir con el tenor y espíritu de la Constitución, que la representación de la Junta era muy alta, como que reunía los votos todos del pueblo de esta capital; y, por lo mismo, era acreedora a aquel decoro y lustre que correspondía a aquél; que la materia estaba discutida y decidida solemnemente en el año anterior, y en posesión de la Junta, del repique a vuelo sin restricciones, como se practicó en la otra electoral de provincia, en que no hubo quien contradijere, y, en fin, otras cien reflexiones todas excelentes, acordándose remitir al excelentísimo señor virrey el sencillo oficio que sigue:

“Excelentísimo señor virrey: vuestra excelencia, conformándose justamente con el espíritu y tenor de la Constitución política, se sirvió disponer en el año próximo anterior se repicaran las campanas de Catedral a vuelo durante el Te Deum, y luego que se avistara la Junta Electoral, y, a su salida de la iglesia hasta las Casas Consistoriales, y sin embargo, el señor Gamboa asegura que según lo acordado por el venerable Cabildo, no se practicará esto sin orden superior, en cuya atención la misma Junta espera de vuestra excelencia se sirva repetírsela, y que así quede dispuesto por punto general. Dios guarde, etcétera. México, enero 2 de 1814.”

El día 3 se celebró la elección, y antes dio cuenta el señor intendente con la contestación del excelentísimo señor virrey, que creo decía a la letra: “Debiendo establecerse regla general sobre el punto que vuestra señoría me consulta en su oficio que acabo de recibir, sobre si deben repicarse las campanas de Catedral a vuelo durante el Te Deum, y luego que se aviste la Junta Electoral, y a su salida hasta las Casas Consistoriales; pido ahora informe a los señores de la comisión, y entretanto se determine lo que corresponda, no hallo inconveniente en que, para no retardar el acto, la propia Junta Electoral se conforme por ahora con lo que el venerable Cabildo Eclesiástico, que debe tener presente la Constitución, disponga y verifique en el particular, según se lo digo en esta fecha, sin perjuicio de sus derechos y de la declaración que recaiga. Lo que aviso a vuestra señoría en contestación. Dios guarde a vuestra señoría. Enero 2 de [1]814. Calleja. Señor intendente jefe político.”

Hasta ahora me parece que no informa la Junta Nocturna, ni convenía más que despreciar las justas reclamaciones de la Electoral y sujetarla, ¡qué monstruosidad!, a lo que resolviese el Cabildo Eclesiástico. Se conoció allí el espíritu y designio de todo, y, convencidos de que no había de adelantarse cosa alguna, y de que la premura del tiempo tampoco permitía más discusión, se resolvieron los electores a ir a la misa de Espíritu Santo, y vueltos a las Casas Consistoriales, recibieron otro oficio en que se refería lo que contestó el venerable Cabildo, reducido a tener dispuesto, con arreglo a la Constitución, según decía, y para darle el más puntual y exacto cumplimiento... que el Te Deum fuese a toda orquesta, y que mientras se cantara, se repicaron a vuelo las campanas, con todo lo que estaba conforme su excelencia.

La sensación y escándalo que causó así a la Junta como al pueblo esta providencia, usted podrá imaginarlo, mucho más cuando todos acababan de ser testigos de que si el venerable Cabildo en aquella desgraciadísima época tenía presente la Constitución, era sólo para contravenir a ella, pues previniendo en el artículo 71 del capítulo 4º[21] que la misa se diga por el eclesiást[ic]o de mayor dignidad, el que debía hacer un discurso propio de las circunstancias, no se practicó así, porque no la celebró el maestre escuelas doctor don Juan José Gamboa, que era a quien correspondía, ni por los tres que inmediatamente le sucedían, que eran el señor tesorero, don Andrés Madrid,[22] y los señores canónigos, doctor don Juan de Sarriá,[23] y doctor don José Ángel Gazanos,[24] sino que éste solo, dijo la misa, y pronunció el discurso el señor lectoral don Pedro Gómez de la Cortina.

Se discutió bastante sobre todo; se pensó en mil recursos, como si hubiese alguno conocido en este reino, para contener la arbitrariedad, que siempre nos hizo la guerra cruel y sangrienta bajo el seguro y la trinchera que proporciona la distancia de la Península. Los más eran de opinión que se omitiese el Te Deum para que el pueblo soberano y sus representantes no sufriesen aquel desaire, siendo así que no podía presentarse objeto más digno en su clase para los repiques que la Constitución previene la mayor solemnidad, y ellos por otra parte se prodigaban hasta darse por cualquiera frívola o falsa noticia de un comandante, y, por último, se acordó comisionar en forma al Ayuntamiento Constitucional,[25] como se hizo, a fin de que practicara las gestiones oportunas ante las autoridades que en esta capital pudiesen decidir la materia, o ante el Congreso de la nación.a

Ignoro que se diese paso alguno; pero vea usted por esto de qué manera se cumplía con nuestra sabia Constitución en los citados años de [1]813 y [1]814, y cuál era el sistema del visir, que entonces tiranizaba estos preciosos países, cuyas detestables máximas, que aún subsisten en mucha parte, han sido la causa de todas las desgracias que experimentamos, y de que se viese la infeliz N[ueva] E[spaña] muy próxima a su último exterminio.

A éste conspiraban también muchos, arrebatados de un espíritu maligno y del odio implacable con que nos han visto. En una representación que se hizo por cierto personaje a nuestro augusto monarca a su vuelta al trono, su fecha en México a 20 de junio de [1]815, se vierten especies las más crueles, bárbaras e impolíticas, se dictan planos exterminadores, y toda respira opresión y maldad. En la nota 5a de este papel infamatorio e incendiario, se dice. “En un informe que di al virrey Venegas, demostré con razones sólidas que en el estado en que se hallaba la N[ueva] E[spaña], no debía ejecutarse la ley de la libertad de imprenta,[26] como impracticable con la pacificación del reino.b Luego que tuve noticia de la Constitución, escribí dos cartas confidenciales al mismo virrey, exponiendo y ampliando las mismas razones para que no la publicase, y en caso de publicarla, porque se estimase conveniente para la pacificación, suspendiese su fuerza y observancia...c No se puede concebir cosa tan absurda como el empeño de las Cortes en dar leyes a unos rebeldes que no los reconocían, y hacían una guerra la más feroz..., y unas leyes que tanto favorecían la rebelión, cuando en tales circunstancias, la política, la razón y la práctica de todas las naciones dictaban, como de necesidad absoluta, el establecimiento de la ley marcial, y la suspensión de todas las demás que protejan la libertad... Los diputados de América, que en la mayor parte eran insurgentes mal disfrazados,[27] o factores ocultos de la independe[n]cia, han constituido la mayoría de las Cortes, y han dictado por consecuencia estas providencias tan absurdas.”

Éstas han sido las máximas del gobierno de la N[ueva] E[spaña]; éstos los pretextos para perpetuar el despotismo y la arbitrariedad; y éste el influjo poderoso de la distancia de que se han prevalido para burlarse de las mejores, más santas y adecuadas providencias: siempre hubo leyes sabias, muy justas y acreedoras a nuestro respeto y veneración; pero ha sido, es y será siempre detestable su inobservancia como origen de todos nuestros males. El empeño de las Cortes era el hacer sensibles estas verdades, el proteger la libertad racional y ordenada que Dios y la naturaleza conceden a toda criatura, el acabar a los quejosos, y atraerlos[28] por tan suaves medios al reconocimiento de la verdadera felicidad. Y aquí se frustraban tan santos designios, se torcían todas sus miras. Presentando fantasmas y objetos horro[ro]sos, se desacreditaba el Supremo Congreso;d en que era imposible prevaleciese o hiciese la mayoría nuestra escasa representación, y se adoptó solamente una ley bárbara, que prescribió a las demás, que ni podía llamarse marcial; y era diametralmente opuesta y ofensiva de todos los derechos.

Lo cierto es que no se observó otro plan; el autor de esta inicua representación, al partir para España, nos hizo estos favores, mejorándonos en tercio y quinto[29] en su testamento, y empeñando por esto nuestra eterna gratitud. Como éste ha habido y hay otros sujetos díscolos, sectarios del desorden y enemigos de la humanidad que se han empleado constantemente en atizar el fuego de la discordia, y en sugerir especies hijas sólo de su perverso corazón. Pero corramos ya un velo sobre todo: esta causa es de las Cortes mismas, que cuidarán de nuestra suerte, y se harán obedecer: sirvan solo estos apuntes exactos para la historia, y usted, señor Pensador, haga con ellos el uso que le suplica y encarga su afectísimo

 

N.[30]

 

México, 11 de agosto de 1820.

 

P. D. Noticio a usted que ha fallecido y se enterró el domingo, el reo de la llamada conspiración de abril, Ignacio Salazar. Llevaba más de nueve años en la cárcel. Las presunciones de su delito sólo aprecian en una monstruosa e ilegal sumaria. En la instalación de nuestras Cortes impetró el generoso indulto que publicaron; después se acogió a otros. Y aunque estaba mandado, según se me ha dicho, que no se hiciese novedad en su causa, ni pudiera aplicarse pena alguna hasta la resolución de la Corte, que jamás tuvo noticia de ella, y todos sus cómplices, a excepción de otro infeliz como él, disfrutan de una absoluta libertad, se le obligó a ser juzgado por un consejo de guerra, que también acordó, por formal sentencia en 6 de diciembre del año pasado, se le diese la libertad. Se acogió después al último indulto, publicado por la plausible restauración del Supremo Congreso. Su baja esfera y calidad no ofendían el honor y mejor porte que observó siempre, hasta merecer las mayores confianzas, salir a la calle a comprar las provisiones y a otros mandados, ser allí portero, etcétera. En fin, amigo, el domingo salió ya de la cárcel.

 

Vale

 


[1] México: En la Oficina de don Alejandro Valdés, calle de Santo Domingo [cf. nota 1 El Colegial a El Pensador...,en este volumen.], 1820, 11 pp.

[2] emprehendido en el original.

[3] Tenemos noticia de que el doctor Mier escribió “Historia de la revolución de Nueva España, antiguamente Anahuac, o verdadero origen y causas de ella, con la relación de sus progresos hasta el presente año de 1813” (2 tomos). CALIFICACIÓN DE LA OBRA “HISTORIA DE LA REVOLUCIÓN DE NUEVA ESPAÑA.- 19 do [sic] Mayo de 1820. M. R. P. Maestro Fr. Dionisio Casado del orden de San Agustín, y calificador del Santo Oficio. Necesitándose en este Tribunal del Santo Oficio la obra intitulada Historia de la Revolución de Nueva España, (que de su orden remiti a V. P. M. R. para que la calificara) y su calificación, ha mandado hoy día de la fecha que le diga, como lo executo, que sin perdida de tiempo la remita con la calificación que le haya dado acompañadas de esta orden.

  “Dios guarde a V. M. R. P. Muchos años. México y Mayo 4 de 1820.- Don Mathias Joseph de Naxera.- Secretario.- Una rúbrica. Illmo. Señor.- Habiendo recluido ayer la orden de V. S. Por la que se me manda de mi parecer sobre la obra titulada. Historia de la Revolución de Nueva España y no haviendo podido hacerlo antes, por las muchas ocupaciones en que me tiene empleado la obediencia, devo decir que en dicha Historia enquentro y contiene, proposiciones temerarias, mal sonantes, inductivas de discordias, enemigos del sosiego publico, é injuriosas á nuestros católicos Monarcas, a la Nación Española y á la N. España. Este es mi parecer, que someto al de V. S. Ilustrísima. Pueblo de San Angel y Mayo 19 de 1820. Illmo. Señor- Fr. Dionisio Casado.- Calificador.- una rúbrica Recibida en 19 de Mayo de 1820. ss. Inquisidores Pereda, Tirado. Bucheli. A su expediente- Una rúbrica”. Cf. Hernández y Dávalos, Colección de documentos..., t. VI, p. 789. Ver también Hernández y Dávalos, t. VI, p. 868, “Instrucciones para la publicación de la Historia de México”.

[4] Cortes. Cf. nota 30 a El Pensador Tapatío a sus censores, en este volumen.

[5] Félix María Calleja. Conde de Calderón (1755-1828) 60° virrey de la Nueva España (1813-1816) Tomó posesión el 4 de marzo de 1813. A fines de ese año en México cayó una epidemia que mató a más de 17 mil personas. Organizó el Ejército del Centro durante la Guerra de Independencia. Fue uno de los virreyes más sangrientos en su lucha contra el Congreso de Chilpancingo (septiembre de 1813) y la Constitución de Apatzingán. Publicó una Instrucción formada para ministrar la vacuna como único preservativo al contagio de viruelas.

[6] Constitución. Cf. nota 4 a El Irónico Hablador..., en este volumen.

[7] La Ordenanza de Intendentes de 1786 no contempló este cargo, sin embargo la Corona dictó el establecimiento de una superintendencia autónoma de asuntos fiscales. A principios de 1787 Fernando José Mangino fue nombrado superintendente fiscal, tenía más de 20 años de experiencia en el ramo en la ciudad de México. Se ha dicho que desde una perspectiva puramente administrativa, la separación del cargo de superintendente de asuntos fiscales del de virrey fue una decisión práctica y sensata. Ninguna persona sol y con un reducido personal de oficina podía administrar eficientemente los asuntos civiles, religiosos, militares y fiscales en un virreinato tan vasto y complejo como el de la Nueva España del siglo XVIII. Cf. Linda Arnold, Burocracia y burócratas..., p. 57. La Ordenanza de 1803 ratificó que los virreyes deberían “ejercer todas las facultades propias de su elevada dignidad”, reasumiendo las superintendencias delegadas de Real Hacienda. Cf. Ricardo Rees Jones, El despotismo ilustrado..., pp. 178.

[8] El visitador José de Gálvez introdujo en la Nueva España la administración real del servicio postal (1765). Durante la Guerra de Independencia, el gobierno instituyó un sistema de convoyes mensuales en todo el Virreinato, para recibir y transferir los correos en los puntos intermedios entre los principales centros de información. En noviembre de 1815, el convoy que venía de Veracruz tuvo una escolta de 1 100 hombres, a su regreso una de 600. En noviembre de 1816 el virrey Apodaca informó que entre México y Puebla se había reanudado el correo semanario; en la mayoría de las provincias continuó siendo mensual.

[9] Junta Electoral de Partido. Cf. nota 3 a El Colegial a El Pensador..., en este volumen.

[10] Catedral. Cf. nota 4 a El Teólogo Imparcial, número 2, en este volumen.

[11] Título III, capítulo III, artículo 58: “Los ciudadanos que han compuesto la junta se trasladarán a la parroquia, donde se cantará un solemne Te Deum, llevando al elector o lectores entre el presidente, los escrutadores y el secretario.” Cf. Tena Ramírez, Leyes fundamentales..., p. 67.

[12] José Mariano Beristáin de Souza (1756-1817). Erudito mexicano que fue presidente del gobierno arzobispal desde el año de 1809. Autor de la Biblioteca Hispanoamérica septentrional, México, 1816-1821 y Ameca, 1883.

[13] Conforme a la Constitución de 1812, el puesto de virrey dejaba de existir oficialmente; se trataba de nombrar gobernadores civiles (jefaturas políticas) en todo el imperio. Calleja, que trataba de sofocar la guerra independentista, se negó a dejar de utilizar el viejo título y el poder que acompañaba a éste. Cf. Linda Arnold, Burocracia y burócratas..., p. 91. El artículo 324 de la Constitución de 1812 estableció: “El gobierno político delas provincias residirá en el jefe superior, nombrado por el Rey en cada una de ellas.” Cf. Tena Ramírez, Leyes fundamentales..., p. 97.

[14] Palacio [Nacional]. Cf. nota 4 a El Ignorante a El Pensador Mexicano..., en este volumen.

[15] Casas Consistoriales. “El edificio que actualmente se llama Palacio Municipal en la ciudad de México, ocupa una parte de los seis solares que en la traza primitiva de la ciudad fueron destinados para casas de consistorio, cárcel y carnicería.” Fue la primera casa que se comenzó a construir después de la toma de Tenochtitlán; el 10 de mayo de 1532 se instaló allí el Ayuntamiento. En 1564, se compró el terreno de la esquina de la Monterilla para extender instalaciones con la cárcel y la Alhóndiga en 1582. El motín de 1692 de las clases bajas que pedían granos provocó el incendio del edificio, que fue restaurado hasta 1724 totalmente. La parte baja se dedicó a la Alhóndiga, que fue suprimida después de la Independencia. Cf. Leduc, Lara y Pardo, y Rougmagnac, Diccionario de geografía e historia..., p. 149.

[16] Así en el original; “deputar” significa “diputar”.

[17] La secretaria del virreinato de la ciudad de México organizó su trabajo y sus archivos a partir de su contenido temático: los asuntos militares, los eclesiásticos, el tabaco, impuestos sobre las ventas, etcétera. Esta organización hizo más eficaz política administrativa durante las reformas borbónicas; también permitió el deslinde de responsabilidades y carteras en la rama ejecutiva del gobierno después de la independencia”. Cf. Linda Arnold, Burocracia y burócratas.., p. 21.

[18] chanfaina. Véanse en el tomo 1 de esta Antología los folletos: Chanfaina sequita o Carta a El Pensador, La chanfaina sequita. Carta a El Pensador Mexicano, números 1 y 2 y Sal y pimienta a la chanfaina.

[19] Juan José de Gamboa. Dignidad maestrescuela de la iglesia metropolitana. Autor de Carta pastoral..: “por cuento se nos remitió por la Comisaría General de Cruzada, la instrucción y declaración siguiente, que debe regir durante la gracia Apostólica del Indulto de Carnes”, 4 pp. (1817), Edicto del señor Comisario Subdelegado de la Santa Cruzada... dando instrucciones sobre la limosna de la bula, México, 1819. Cf. Amaya Garritz, Impresos novohispanos 1808-1821, t. I y II.

[20] Cabildo Eclesiástico. Cf. nota 12 a El Teólogo Imparcial, número 2, en este volumen.

[21] Título III, capítulo IV, artículo 71: “Concluido este acto [los informes sobre las certificaciones] pasarán los electores parroquiales con su presidente a la iglesia mayor, en donde se cantará una misa solemne de Espíritu Santo por el eclesiástico de mayor dignidad el que hará un discurso propio de las circunstancias.” Cf. Tena Ramírez, Leyes fundamentales..., p. 68.

[22] Andrés Madrid. En un “Aviso” se lee: “Andrés Madrid célebre tocador de bandolon, á pasado su escuela á la calle del puente del Carmen número 2: sus progresos son tanto mas recomendables, quanto singulares por la destreza de este célebre profesor, pues toca ya este instrumento con tres plumas, adelantándolo al temple de fortepiano: ofrece al público sus lecciones en los terminos que tiene insinuados, y vende a si mismo encordaduras de vigüela de nueva invención.” Cf. Diario de México, t. II, núm. 172, 21 mar.1806, p. 319. En la Imprenta de Doña María Fernández de Jáuregui, calle de Santo Domingo [Cf. nota 1 a El Colegial a El Pensador...,en este volumen.]. En el mismo diario se reconoce la “habilidad, é ingenio de un D. Andrés Madrid en el bandolón.” Cf. Diario de México, t. IV, núm. 414, 18 nov. 1806, p. 322. En la Imprenta de Doña María Fernández de Jáuregui, calle de Santo Domingo.

[23] Juan de Sarriá y Alderete, autor, junto con José Ángel Gazano y José María Bucheli y Pedro González, de Impugnación de algunos impíos, blasfemos, sacrílegos y sediciosos artículos del código de anarquía y cuyo título es: Decreto constitucional para la libertad de América, sancionado en Apatzingán a 22 de octubre de 1814... México: Imprenta de la calle de Santo Domingo y esquina de Tacuba, 1816. El texto dice que el poder real emana de Dios, único juez de las acciones del rey. A sus súbditos no les es lícito sublevarse y despojarle de sus dominios. Rebate varios artículos de la Constitución de Apatzingán, entre otros el que afirma que la soberanía reside en el pueblo.

[24] José Ángel Gazano. En un edicto de la Iglesia Metropolitana de México (26 de marzo de 1815) firmó J. A. Gazano. Prohibía bajo excomunión mayor la Constitución y en folletos y decretos de Apatzingán. Fue reproducido en la Gaceta del Gobierno de México del 30 de marzo de 1815 y reimpreso en Puebla. Firmó otro edicto que se titula “México 29 de marzo. El venerable Cabildo gobernador de este Arzobispado, conforme en sus principios de fidelidad, amor al Rey nuestro señor y celo por la santa religión que profesamos, ha publicado el siguiente edicto contra las máximas heréticas y subversivas de los rebeldes”. Cf. Gaceta del Gobierno de México, t. IV, núm. 744, 30 de mayo de 1815, pp. 553-556.

[25] ayuntamiento constitucional. Al recibir Félix María Calleja el gobierno del virreinato, “Dispuso enseguida [...] que se procediese á la elección del Ayuntamiento de México, llamando en consecuencia á don Jacobo Villaurrutia, que á pretexto de enfermedad se había quedado en Puebla, y ordenando que se pusiese en libertad á otro de los electores, don Juan N. Martínez, quien había sido reducido á prisión algunos meses antes [...], por achacársele que mantenía activa correspondencia con el jefe insurgente Villagrán; pero queriendo evitar lo sucedido en las elecciones primarias, no sólo interpuso su mediación en los electores para que no quedasen excluidos los españoles en el nombramiento que iban a hacer, sino que se valió del arzobispo para que inclinase en ese sentido a los muchos, de entre aquellos que eran sacerdotes [...] Todo fue en vano, dice á este propósito Alamán, y en la elección que se efectuó en 4 de abril, fueron enteramente excluidos los europeos; recayendo aquélla por la mayor parte, en individuos que, aunque pertenecían á la clase más distinguida de la sociedad, eran tenidos por adictos á la causa de la independencia, conforme a la lista que se había circulado cuatro meses antes, cuando se hicieron las elecciones primarias. Como era fácil prever, presto comenzaron los choques entre un Ayuntamiento compuesto de tales elementos y el gobierno. Húbolos sobre la autoridad de los alcaldes, que la corporación pretendía ensanchar sobremanera, húbolos también sobre la administración del Colegio de San Gregorio, y con motivo de la junta de policía, por todo lo cual se empeñaron fuertes contiendas y se pasaron por una y otra parte muy agrias comunicaciones. (Alamán, Historia de México, t. III, p. 412)”. Cf. México a través de los siglos, t. III, p. 380. También al respecto la Constitución dice en el título VI, capítulo I, artículos 309 a 323 quedó establecido el gobierno interior de los pueblos por medio de ayuntamientos. “Los regidores y demás individuos de los antiguos ayuntamientos fieles de las Españas en toda la Monarquía, conservarán los honores, tratamiento y uso de uniforme de que respectivamente estuviesen en posesión al tiempo de cesar por la formación de los Ayuntamientos constitucionales.” Decreto de Cortes de 24 de marzo de 1813. Cf. La Constitución de 1812..., t. I, p. 257. En una Representación firmada el 9 de julio de 1820, el ayuntamiento de Puebla declaraba que ningún cuerpo de siete miembros, refiriéndose a la Diputación Provincial de la Nueva España con sede en la ciudad de México, podía atender en noventa reuniones anuales, los problemas de 3 485 municipios. Cf. Nettie Lee Benson, La diputación provincial..., , pp. 64-65.

a El autor de este papel está seguro de la exactitud de esta relación conforme en todo con las actas y documentos que deben existir en los archivos de esta nuestra ciudad.

[26] libertad de imprenta. Cf. nota7 a El Irónico Hablador..., en este volumen.

b Los déspotas, los tiranos perversos son los que aborrecen este sistema, porque están acostumbrados a obrar impunemente. El hombre justo nada teme.

c Cómo podría convenir la publicación de una ley que no habría de observarse, si no era para poner en ridículo a los infelices habitantes de este reino, y hacerlos objetos dignos de la mofa y escarnio de los insurgentes y de todas las naciones.

[27] El 18 de junio de 1813 resultaron electos diputados a Cortes por la provincia de México: Tomás Salgado, Ignacio Sánchez, Carrasco, José Antonio López Salazar, Miguel Alfaro, Juan Manuel Asorrey, Juan Ignacio Villaseñor, Manuel Posada, Félix López Vergara, Francisco Molinos, Manuel Cortázar, Juan Obregón, Ignacio Alvarado, Juan Gómez Navarrete y José María Gil. Como suplentes: el marqués del Apartado, Antonio Gama, José Simón de Lejarza y Agustín Valdovinos. Cf. La Constitución de 1812..., t. I, pp. 172-173.

[28] atraerlos en el original.

d Fue una calumnia atroz llamar insurgentes a nuestros diputados, y tratar como tales a todos los habitantes de la N[ueva] E[spaña], a menos que quieran llamar así a los que aborrecen y detestan el despotismo y claman por la religiosa observancia de las leyes. El suceso interesante de Zitácuaro a que se refiere el Conductor Eléctrico número 16 es preciso confunda a éste y otros perversos más que no han tenido otra ocupación que la de oprimir y aniquilar a una nación que los ha protegido, labrado su fortuna, y elevado a dignidades y puestos que no merecen [Se refiere a la afirmación de Fernández de Lizardi: “Por unos individuos decentes que han venido de las inmediaciones de Zitácuaro, sabemos que se han reunido hasta cerca de 3, 000 hombres insurgentes y han jurado con el mayor entusiasmo, salvas de artillerías, música, etcétera, la Constitución española, y dicen que reconocen por sagrada la persona del rey y que no dejarán las armas de la mano hasta que la Constitución se cumpla en todas sus partes y en todo el reino; y que perseguirán a todo servil que se oponga a tan laudable y justo sistema [...] ¡Honor eterno a estos verdaderos amantes de la ley, del rey, de la nación y de su patria!” Cf. Obras IV-Periódicos, p. 366.].

[29] mejorándonos en tercio y quinto. Cf. nota 4 a El Teólogo Imparcial, número 1, en este volumen.

[30] N. Firmados con esta inicial publicamos también los folletos Piénsalo bien y Sal y pimienta a la chanfaina, ambos en el tomo 1 de esta Antología.